Sábado, 23 de marzo de 2019
Ensayo de Fernando Gil Cabrera y Julio Fernández Sanz
Propuestas para adecuar la lidia al siglo XXI
Cayetano Sanz según una de las célebres litografías de La Lidia
Sin menoscabar la esencia de la lidia, los autores de este ensayo entienden que la Fiesta de los toros necesita acometer cuanto antes una serie de cambios que exigen mayor compromiso por parte de las autoridades de Cultura que intervienen en su regulación, además de responsabilidad y generosidad por todas las partes, principalmente por parte de los profesionales taurinos. Estamos en el siglo XXI y no se pueden aparcar el conocimiento científico y la innovación tecnológica al servicio de la Tauromaquia. En este sentido, Fernando Gil Cabrera (Doctor en Biología) y Julio Fernández Sanz (Veterinario) --ganadores del XXX Premio literario-taurino Internacional "Doctor Zúmel"-- plantean en este trabajo una serie de propuestas dirigidas a esa adecuación de la lidia al momento presente.
Redacción
 ENSAYO: Propuestas para adecuar la lidia al Siglo XXI (Tamaño: 13,5 Mb.)

“La lidia gira en torno a dos elementos; toro y torero, pero para poderla valorar de forma democrática, hace falta un tercero; el público, elementos que tiene que reunir un empresario a través del cartel anunciador de un espectáculo. Este es regulado por una compleja y densa reglamentación que confiere a la autoridad la dirección del mismo. Para adecuar la lidia al siglo XXI, una vez transcurridos dieciocho años del mismo, pensamos que hay que amoldarla a nuestra sociedad, pues de ella sale el público y sin público no hay espectáculo, y este sin público no tiene sentido”.

 

Así expresan Fernando Gil Cabrera y Julio Fernández Sanz su propósito al comienzo de su ensayo, que más adelante explican que “para comprender plenamente la Tauromaquia hace falta reunir tres cosas. En primer lugar, una sensibilidad especial; la sensibilidad requerida para apreciar cualquier disciplina artística, pero especial puesto que el entorno es diferente y en él se ve morir a un animal, algo que algunas personas, especialmente las alejadas de entornos rurales o de la naturaleza, no toleran: la visión de un hecho antes próximo o incluso familiar y ahora oculto, que sucede todos los días para que comamos carne”. 

 

Pero, además“la Tauromaquia exige–dicen los autores-- una receptividad abierta, que permita asumir la violencia expresada por el toro a través del riesgo en que incurre el hombre que la acepta, quien con ella expresa destreza, valor y arte. Se trata, pues, de una disciplina cultural sofisticada, accesible a quien la asume por cultura hereditaria o bien se acerca a conocerla sin prejuicios, por curiosidad o libertad de espíritu”.

 

Y luego matizan una tercera realidad: para entender “la Tauromaquia “hacen falta conocimientos, imprescindibles para comprender esta compleja actividad basada en una ética, que emana de la tradición modulada por la cultura, y en una reglamentación muy pormenorizada. La Tauromaquia es una cultura minoritaria relegada a muy pocos países, con un mensaje muy profundo y complejo que exige muchos conocimientos para su correcta comprensión, y que supone un continuo ejercicio de sacrificio y generosidad”.

 

Es en te contexto, de por sí complejo y profundo, en el que “la Tauromaquia puede reinventarse estudiando el pasado para garantizar el futuro. Hay que cambiar la mentalidad de un sector anclado en la tradición. Hoy, más que en cualquier otro momento, es necesario aceptar avances en ciencia y tecnología para la mejora de un espectáculo en su integridad en que se pueda disfrutar de los tres tercios de la lidia sin perder la esencia, adaptado a las sensibilidades del público actual, pues sin público no hay espectáculo. Dicha innovación, debe pasar por un periodo previo de investigación y desarrollo, y las conclusiones deben darse a conocer con una acertada estrategia de comunicación”.

 

El objejtivo de este documentado ensayo se dirige a concretar las diversas opciones posibles que pueden plantearse sobre esta adecuación de la Tauromaquia para, sin perder su propia esencia, se adecue a los tiempos actuales. Ninguno de los dos autores es precisamente profano en la materia que abordan. Ambos tienen acreditados conocimientos y experiencia. Aquí, además, demuestran mucha decisión al hacer propuestas concretas, sobre unos temas de los que todos hablan pero pocos se arriesgan a ese difícil ejercicio que su concreción práctica.

 

Por eso, se equivocaría el lector si creyera  en este trabajo se compone de unas cuentas “ocurrencias”; es mucho más que eso. Por el contrario, se trata de una aportación, expresada con el mejor criterio,  que oude servir de base para desarrollar un debate, en el que los propios autores consideran que deben estar presentes todos los sectores implicados. En suma, en materia tan compleja como la evolución de la Tauromaquia, no  se trata de un punto de llegada, sino de un punto de partida, a partir del cual poder trabajar en las líneas maestros de lo que, en la sociedad que vivimos, puede y debe entenderse por Tauromaquia.

 

Por la importancia de esta aportación, el lector interesado puede consultar el texto íntegro de este ensayo en el adjunto archivo en formato PDF.