Miércoles, 17 de julio de 2019
Por delante quedan más de 2 meses electorales
El cruce de los caminos de la Tauromaquia y la Política
La mayoría los políticos pisan un plaza de toros para dar un mitin
Con un horizonte netamente electoral hasta finales de mayo, que luego se ampliará en no pocas semanas con los procesos de constitución de las nuevas instituciones de las Administraciones Públicas, algunos han descubierto ahora que en el mundo del toro hay un nicho de votos que tienen muchísimo más que un simple valor simbólico. Todos acuden al menos a un gesto para aproximarse a esos votantes, a los que hasta ahora poco han tenido en cuenta en materia taurina. Sin embargo, ahora que el voto taurino cotiza al alza, hay que recordar que la historia enseña que la mezcla de Tauromaquia y Política casi nunca ha dado resultados beneficiosos.
Redacción

Del guiso de Tauromaquia y Política no ha solido salir casi nunca un plato demasiado provechoso. Salvo, claro está, el colosal libro de don Ramón Pérez de Ayala. Y no hay que referirse tan sólo a los tiempos actuales: históricamente ha ocurrido siempre. De hecho, podría decirse que a lo largo de los tiempos ambas han mantenido un equilibrio difícil y complejo, que antes o después se ha roto.

 

Ahora, tras el impacto positivo que tuvieron en Andalucía las proposiciones taurinas de Vox, una mayoría de fuerzas políticas, con cuatro meses seguidos de compromisos electorales, se ha lanzado sobe la Tauromaquia, en la creencia de que ahí se encuentra un nicho de votos que pueden ser muy necesarios para los resultados finales, especialmente en las regiones más taurinas.

 

Sin embargo, antes de continuar adelante conviene abrir un paréntesis para hacer una observación. Los taurinos, esos que se han encandilado ahora, parecen ser un tanto olvidadizos, porque en años anteriores no hicieron tanto ruido cuando el PP en solitario, con la indiferencia del PSOE y el juego en contra de la mayoría de los grupos parlamentarios, consiguió aprobar dos leyes fundamentales para la Tauromaquia, hizo renacer la Comisión Nacional Taurina, aprobó el Plan Estratégico Nacional de Tauromaquia (PENTAURO), planteó y ganó el recurso ante el TC por la tropelía catalana… Hasta dejó ya resuelto el II Congreso Internacional en Murcia, aunque luego, con la moción de censura, fuera un ministro socialista quien se lo anotara.

 

Pero continuando con nuestra línea argumental, la actual irrupción de profesionales de lo taurino en las listas electorales, contando con toda legitimidad, al final no dejará de ser más que una anécdota de tantas, desde un punto de vista político como desde la Tauromaquia. De hecho, no se equivoca uno mucho si se afirma que todo eso tiene un punto de oportunismo.

 

Como oportunismo es que a estas alturas de la película desde la Administraciones se promueven reuniones con los representantes de las instituciones taurinas, llámese Fundación del Toro, llámese ANOET. No nos engañemos: más que otra cosa buscan una foto para enseñar. Por eso, entran duda acerca del grado de acierto de prestarse a participar en esa foto.

 

Más oportuno, sin duda, ha sido el claro y fundado posicionamiento de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, que con su bien elaborado manifiesto le recuerda a toda la clase política los puntos neurálgicos de nuestra cabaña de bravo, que están llamados a proteger por mandato, entre otras, de la ley 18/2013 que declara a la Tauromaquia patrimonio cultural de España, con una expresa mención al campo bravo.

 

Según algunos estudios, el voto taurino se inclina en mayor medida por el PP, mientras que los cazadores miran más hacia Vox. No deja de ser otra cosa que una pura estimación, sobre soportes que no merecen toda la credibilidad. Pero podría decirse que, como reacción, también se observa una reactivación del voto a los antitaurinos del PACMA, al que algunas encuestas incluso le dan una pequeña representación parlamentaria, con la duda se si será capaz de superar en el conjunto de España la frontera del 3% de los votos.

 

La experiencia de los meses pasados tampoco da mucho margen para que en el futuro haya demasiadas novedades, a salvo de un cambio de color en el Gobierno. El saliente Ejecutivo de Pedro Sánchez no ha dejado huella alguna en la Tauromaquia, salvo aquellas polémicas declaraciones la ministra de Transición Ecológica y la permanente posición del si-pero-node los grupos socialistas en las Cámaras cuando se trató de los toros.

 

Por eso, bueno sería que quienes apuestan por la Tauromaquia, que somos muchísimos, no pongamos demasiadas esperanzas en el actuar de los políticos. Si hay suerte, algo caerá a nuestro favor; en otro caso, nadie se sorprenderá: ya estamos acostumbrado al desinterés de la Administración.