Viernes, 21 de febrero de 2020
Apoteosis en la Feria del Corpus
Hagiografía de José Tomás en Granada
Gran tarde de toros del maestro de Galapagar, con la plaza de Granada llena a rebosar y entregada por completo. El balance final, seis orejas y rabo; pero sobre todo momentos de una enorme belleza, de los que nunca dejan de sorprender. Ya fuera con el capote, ya con la muleta, José Tomás creó momentos sublimes. Y a partir de ahí se puede empezar a discutir si JT debiera torear formando una terna convencional, si lo mismo pero en plaza de primer orden… Pero la realidad es que este hombre sublima el toreo, convierte un sueño en realidad. Por eso arrasa cada vez que se anuncia. La crónica de Juan J. Sánchez y las magistrales fotografías de Pablo Cobos dejan una imágen fiel de lo que se vio en la Monumental dedicada a "Frascuelo".
Juan J. Sánchez Sánchez-Ocaña
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GRANADA. Tercera de la Feria del Corpus. Lleno de “No hay billetes”. Toros de Benítez Cubero y Pallarés para rejones y de Núñez del Cuvillo, El Pilar, Garcigrande y Domingo Hernández para la lidia a pie. De correcta presentación, los mejores los dos de Cuvillo, especialmente el 6º.

El rejoneador Sergio Galán, ovación y ovación; José Tomás (de azul pastel y oro), dos orejas, dos orejas, ovación con saludos y dos orejas y rabo; salió a hombros por la puerta grande.

Incidencias: La afición recibió con una enorme ovación al torero de Galapagar, que fue obligado a saludar. Saludaron los banderilleros Sergio Aguilar tras parear al tercero, y Miguel Martín en las banderillas del quinto.


El pase por bajo de José Tomas es antológico. Como la fotografía de Pablo Cobos

 

Es otra liga y es una liga de uno solo, vaya eso por delante. Caretas fuera. Y cuando entran dudas, sólo hay que pararse a pensar en que lo que parece más “normal” en José Tomás es extraordinario en el resto. O en casi todos. Este sábado, en Granada, con cuatro toros totalmente distintos de comportamiento y una misma tauromaquia, formó un lío monumental.

 

Y es que ese es uno de los mitos que destroza. Porque uno siempre ha pensado que cada toro tiene su lidia y que no se les puede hacer lo mismo a unos que a otros. Pero JT, cada tarde, pone del revés ese pensamiento. Al bravo o al manso, al que aprieta y al que no, al que se va y al que se queda debajo, al que humilla y al que lleva la cara suelta, al bueno, al malo y al regular con su toreo, el de siempre en lo fundamental, les da fiesta. Y qué fiesta. La fiesta. Se vio perfecto con el toro de Garcigrande, cambiante de una tanda a otra, como si fuera un concejal de Ciudadanos. Nunca había visto a un toro humillar tanto y a la vez ser tan molesto con la cara.

 

Y el capote, tan distinto. Tan lacio que se lo rajó un toro enganchándolo en el aire, sin sacar las manos, limpiándose las manoletinas en cada lance. Es difícil templar más de lo que lo hizo ayer en ese de Garcigrande. También es complicado llevarlos tan toreados con el capote a la espalda. Lo que normalmente es un recorte ayer fueron vuelos y llevar al toro hasta allí.

 

Otra cosa con la que acaba es con lo accesorio. Y no porque no lo haga, que sí (estatuarios, trincherillas, pases del desprecio, afarolados…), si no porque lo accesorio lo lleva a la categoría de fundamental. Al primero de Núñez del Cuvillo, el más completo de los cuatro, le pegó unos estatuarios que hicieron crujir la plaza, hasta el punto de que parecía que alcanzaba su cénit de locura nada más empezar. No hubo que esperar mucho para ver que no era así, con el pase del desprecio para cerrar la serie el público rompió en un olé como un puñetazo.

 

Al final de la tarde, José Tomás se fue a hombros con seis orejas y un rabo, el del sexto de Cuvillo, Y es que sólo la calidad de su toreo fue más exagerada que las peticiones de la muchedumbre. Bueno, eso, la dificultad de coger un taxi y, probablemente, estas líneas, pero es que yo lo veo así. Ya me perdonaréis. 

La tarde vista por Pablo Cobos