Domingo, 29 de marzo de 2020
Se necesita un plan frente a los riesgos actuales
La industria del toro, bajo el nubarrón del coronavirus
Con la grave crisis provocada por la pandemia del coronavirus, la industria del toro se encuentra en una situación plagada de incertidumbres. Y todos cuantos hacen posible este mundo tienen derecho a ser protegidos por una actividad nacida de una causa de fuerza mayor. Por so, ha hecho bien el Presidente de la Fundación del Toro de Lidia al solicitar del Gobierno estudiar conjuntamente los planes de contingencia y protección se van a desarrollar en esta actividad económica y social.
Redacción

Los nubarrones que el dichoso coronavirus trae sobre la Tauromaquia son de preocupar seriamente. Desde luego lo primero siempre será la salud publica. Pero eso no es incompatible con atender a los problemas económicos y sociales que se le vienen encima a la industria del  toro, tan diversa y dispersa como es.

 

No ha comenzado la primavera y ya hay tres abonos importantes que han quedado suspendidos: Castellón, Valencia y Arles, además de festejos sueltos, como las novilladas iniciales de Madrid o la corrida de toros de Morón de la Frontera.

 

La política de medidas mal llamadas prudentes del poco a poco para no alarmar, como hace Gobierno actual  --fórmula, por cierto, que ya fracasó en Italia--, complica cualquier evaluación acerca de la intensidad y la duración de la pandemia y todos sus efectos colaterales. Sin embargo, sabido es que para cualquiera de las actividades económicas, y la industria taurina lo es,  tales incertidumbres constituyen la peor de las fórmulas y el mayor de los riesgos.

 

Por eso, ha acertado el presidente de la Fundación del Toro de Lidia pidiendo una reunión con el ministro de Cultura, que es el de nuestro ramo. Hay que despejar incógnitas y aclarar muchos extremos. En este sentido, la carta de Victorino Martín  es impecable: 

 

“La crisis del coronavirus ha comenzado a tener un relevante impacto negativo en la industria del toro, con la cancelación de ferias y festejos. Si bien los efectos a largo plazo son todavía difíciles de calcular, todo apunta a que va a ser una temporada muy complicada para el sector. 

 

En este contexto, y con la finalidad de poder adelantarnos a los acontecimientos, nos gustaría tener una reunión de urgencia con usted para poder estudiar la posibilidad de poner en marcha lo antes posible planes de contingencia, recuperación y apoyo a la industria”.

 

Está por ver cual es la respuesta que vaya a dar el ministro Rodríguez Uribe. Pero, en cualquier caso, es urgente. Hay muchas cosas en juego como para retrasar el asunto. No es cuestión de que el ministro sea o no aficionado; es una exigencia tan básica como otras muchas que se están atendiendo.

 

Por ejemplo, por su propia singularidad el mundo del toro cuenta con una fórmula particular en las relaciones laborales, acorde con su propio convenio colectivo sectorial. Urge aclarar desde el primer momento cuál será en las actuales circunstancias de crisis sanitaria  la protección social que se va prestar a todos esos profesionales: desde el primer hombre de plata al último chofer de cuadrilla, pasando por todo esa amplia gama de personal subalterno que se requiere para un festejo: taquilleros, porteros, acomodadores, etc. Sus retribuciones dependen de que haya un festejo. Pero si no se pueden celebrar por causa de fuerza mayor, ¿los dejamos en el desamparo, con el cielo arriba y el suelo abajo?

Pero también afectará las empresas y a los ganaderos. A unos porque ya tienen coprometidos pagos por ejemplo de arrendamiento, cuando tienen en el alero el número de festejs que van a poder organizar; a otros, porque se empiezan a suspenderse festejos, se quedan en el campo con corridas y novillaas completa. Pero tamibén a los toreros: a menos festejos, menos puestos en los carteles, que acabarán pagando los del segundo y tercer escalafon.

 

Pero nada digamos de todas esas empresas locales, en su mayoría pymes, que con cada feria consiguen una parte sustancial de sus ingresos. Llámense restaurantes, cafeterías, hoteles… Por ejemplo, ya se ha hecho una primera evaluación del daño que representa el aplazamientos de las Fallas; de esos cientos de millones que dejan de ganarse, una parte de ellos se deberán a la ausencia de las corridas falleras.

 

Cuando todo indica que la cosa va para largo, que la Administración Pública se quede de brazos cruzados constituye una verdadera temeridad. Hay mucha temporada por delante y los nubarrones actuales no parece que vayan a desaparecer de la noche a la mañana. Por eso, como bien dice Victorino Martín, el mundo del toro también necesita de sus propios “planes de contingencia, recuperación y apoyo a la industria”.