Martes, 4 de agosto de 2020
Nos quedamos sin las fiestas de San Fermín...
Pobre de mí..., con la temporada en el aire
El dios Toro no reinará este año en la fiesta total de Pamplona, un vacío importante que hace todo un agujero en la labor benéfica de la Casa de la Misericordia pamplonesa. Mientras tanto se sigue hablando de los carteles que están por venir y de alguno que se quedó por el camino, con la vista –y las dudas-- puestas en la Feria de San Miguel de Sevilla y en la Otoño en Las Ventas, como cuenta en esta crónica @ardelmoral.

Con el estreno de marzo empezaron a caer, una a una, las festividades y celebraciones más emblemáticas de la piel de toro. La vida cambió de un día para otro después del descomunal petardo de aquella manifestación que recordar no quiero. Y la cancelación de las Fallas rompió el velo del templo. En pocos días asumimos que no habría cofradías en las calles; que no se encenderían los farolillos de abril ni se abrirían las puertas de la plaza de la Maestranza. 

 

Desde entonces, después de algunos ingenuos aplazamientos, todo quedó cancelado. España caminó desde ese punto sobre los escombros de su propio calendario sentimental mientras veía pasar, uno a uno, los días de este año infausto en el que se ha pagado una estremecedora factura de vidas. Hablan de “nueva normalidad”. Pero nada puede ser normal detrás de esa mascarilla que, más allá de cortar caminos a los virus, es un bozal a la libertad. Dejémoslo ahí. 

 

Ahora le ha llegado el turno a San Fermín, la fiesta más universal, más conocida, más difundida, más gozada dentro y fuera de los muros de esta patria mía... No habrá encierros matinales, corridas vespertinas ni esa inconfundible jarana que enamoró a Ernesto Hemingway. El dios Toro no se enseñoreará de las calles de Pamplona. Este mismo lunes, día 6 de julio, tenía que haber tronado el gozoso chupinazo que dispara esos siete días que hay que vivir, aunque sólo sea una vez en la vida. Hoy, más que nunca, hay que gritar con fuerza: ¡Viva San Fermín!

 

Pobre de mí...

 

Asuntos internos

 

La cancelación de la llamada Feria del Toro, como toda la temporada, tiene un alto coste económico. La Casa de la Misericordia, que gestiona el coso pamplonica, es una de las mejores pagadoras del universo taurino. Todo el mundo sale contento del duro fielato pero los que se visten de luces conocen bien la rentabilidad de matar el toro más serio del campo bravo en ese enloquecido embudo de hormigón, juerga, calimocho y pañuelicos rojos. 

 

Las cabezas de las camadas se han quedado en el campo y la flor y nata de la torería –además de esos toreros que tienen plaza fija en Pamplona- permanece sentada en sus casas. El negocio no es que esté paralizado; ahora mismo ni existe. En esa tesitura se había contemplado con esperanza la reactivación de la temporada pero casi nada se concreta de verdad. 

 

De Despeñaperros para abajo ya se dan por hechas dos corridas para unas Colombinas atípicas. Deben ser presentadas en breve. Pero, más allá de la ría de Huelva, todos los caminos conducían al despacho de un empresario emergente que se ha encontrado con unas dificultades añadidas al descalzaperros de la pandemia. Hablamos una vez más de José María Garzón, sinceramente resuelto a dar un paso al frente mientras sus colegas más encopetados enarcan las cejas. 

 

Algunos medios ya habían dado pelos y señales del cartel coral que debía haber reactivado la temporada en la plaza de Málaga el próximo 25 de julio. Pero las declaraciones del empresario, que no quiso dar nada por hecho, fueron la primera llamada a la cautela. ¿Qué impedimento había? El pasado miércoles ya se supo que el festejo quedaba en agua de borrajas. Víctor González, diputado provincial de Cultura –el coso de la Malagueta es propiedad de la Diputación-, visiblemente contrariado, dio algunos pelos y señales en el diario ‘La Opinión de Málaga’ después de desvelar que todo había estado ultimado para ser presentado hace justo una semana. González aludió a “la ambición desmedida, el interés exacerbado e insultante, la nula implicación de sectores de la parte alta de la tabla empresarial” como razones últimas de la cancelación del evento, de carácter benéfico, que habría supuesto una extraordinaria imagen para la ciudad, la profesión y todo el toreo. 

 

¿Qué pasó entonces? ¿Qué empresarios estaban decididos a atrancar la rueda de Garzón? En los corrillos del toreo se habla de ello y hasta de dos toreros vinculados a dos poderosas casas empresariales que habrían dado marcha atrás en el último momento. La verdad definitiva sólo la conocen los interesados. La imagen del toreo, una vez más, ha quedado en entredicho. Garzón aún tiene otras cartas que jugar: En El Puerto, Granada y Córdoba se esperan movimientos.

 

Y Sevilla...

 

Pero los grandes siguen en el punto de mira. ¿Qué pasará con las plazas de Sevilla y Madrid? Ramón Valencia ha eludido hacer ningún tipo de declaración respecto a la recuperación parcial de la temporada. En la empresa no quieren atarse a ningún tipo de declaración de intenciones después de aquel galimatías inicial –en el comienzo de la pandemia se apostó por llevar toros y farolillos al estreno del otoño- en el que nadie podía atisbar a ciencia cierta la suerte de este año nefasto. Pero cada día es una victoria. O no. 

 

La cuenta de resultados del verano alentará o desanimará a las autoridades de la Junta de Andalucía a ampliar ese exiguo 50% de aforo permitido para la celebración de los espectáculos taurinos. A partir de ahí entramos en el terreno de las suposiciones. Los Pagés podrían estar barajando recuperar la feria de San Miguel si se pudiera disponer de un 75% del taquillaje de la plaza de la Maestranza. 

 

Pero el tiempo, que corre de una forma extraña en este 2020, pronto empezará a apremiar. Y de la suposición pasamos a la reflexión: es necesario y seguramente urgente ensayar modelos de gestión y hasta una nueva economía del espectáculo. No tenemos ni la más remota idea de lo que deparará 2021. Nada es normal en la nueva normalidad.