Domingo, 9 de agosto de 2020
Un adelantado de los aficionados prácticos
Se cumplen 150 años del nacimiento de Ignacio Zuloaga
Autorretrato de Ignacio Zuloaga
El domingo 26 de julio hizo 150 años del nacimiento de Ignacio Zuloaga, que se anunciaba en los carteles como "El Pintor", un adelantado a los actuales "aficionados prácticos", que fruto de su desmedida afición llegó a hacer el paseíllo en Sevilla y en Bilbao, entre otras plazas de relevancia. En un momento determinado dejó escrito: "No fui torero porque el ser torero es mucho más difícil que ser pintor, y conste que considero la pintura como algo dificilísimo. Más de ochocientos cuadros he pintado en mi vida. No sé si buenos o malos. Lo que sí sé es que los hubiera dado todos por una gran faena de muleta. Y no fui torero porque presentí que nunca llegaría a realizarla".
Redacción

Ignacio Zuloaga Zabaleta (Éibar, 1870-Madrid, 1945) fue un aficionado práctico a los toros, que compartía con el arte pictórico, su verdadera vocación.  Con excesiva frecuencia se olvidaba que había estado a punto de perder una pierna a consecuencia de las secuelas que le había dejado una flebitis mal curada, y los múltiples achuchones sufridos en sus años de espada amateur; los cuales, al menos en dos ocasiones, le tuvieron postrado en la cama durante varios meses, mientras residía en Sevilla y París.

 

Zuloaga roeando en Azpeitia. (Foto Juan San Martín)

Al pintor eibarrés le gustaba alardear de sus hazañas taurinas. Entre ellas, de la que protagonizó el invierno de 1907, en la ganadería del Marqués de Villagodio, donde afirmaba había trasteado en solitario, nada menos que veinticuatro becerras. Su entusiasmo por la fiesta brava, le permitió conocer a los principales protagonistas de la Tauromaquía, entre los que se encontraban los ganaderos bilbaínos, marqués de Villagodio y Félix Urcola. Ya unos años antes, acostumbraba a acompañar a Juan Belmonte y Domingo Ortega, en sus excursiones camperas; faenas de las que nunca se marchaba sin estirar la capa, a veces bajo la supervisión de su ahijado, Rafael Albaicín. Otros escenarios a los que acudía con cierta regularidad eran las ganaderías de Miura, Aldeanueva y Navalcaide, propiedad de Ortega. 

 

Zuloaga fue un estoqueador de toros malogrado. Y así lo dejaron reflejado algunos de sus amigos íntimos, entre los que se encontraba Antonio Díaz Cañabate, en una de sus crónicas en la que resume la trayectoria taurómaca del pintor: 

 

“…porque Zuloaga fue un torerillo malogrado, como tantos otros. He visto torear a Zuloaga pasados los setenta años de edad. Toreaba como los toreros que tan insuperablemente pintó” (…) “Sabido es que su gran afición fueron los toros, que tomó lecciones y mató novillos en la escuela taurina que en Sevilla instaló Manuel Carmona El Panadero, hermano de El Gordito, el que ideó el quiebro con las banderillas”. 

 

El propio artista recordó su afición a la Lidia práctica, tal como confesó al anterior revistero madrileño: 

 

“No fui torero porque el ser torero es mucho más difícil que ser pintor, y conste que considero la pintura como algo dificilísimo. Más de ochocientos cuadros he pintado en mi vida. No sé si buenos o malos. Lo que sí sé es que los hubiera dado todos por una gran faena de muleta. Y no fui torero porque presentí que nunca llegaría a realizarla”.

 

Por su parte, en una comunicación postal que Sebastián Miranda remitió a Juan Belmonte, el escultor analiza la pasión de Zuloaga por sortear ganado bravo: 

 

Creo que hubiese cambiado toda su pintura por haber matado en la plaza de toros de Madrid un toro, en la corrida de la Beneficencia, y verle rodar con las cuatro patas al alto y el tendido lleno de pañuelos”. 

 

Y para demostrar la afición del artista a la fiesta taurina, queda para el recuerdo el cartel anunciador de una de las encerronas que protagonizó en Sevilla, el 17 de abril de 1897, ciudad en la que residió entre 1893 y 1898. Este mismo año es posible también actuase en la plaza de toros de Bilbao en un festejo a favor de la Cruz Roja local junto al marqués de Villagodio. Por lo tanto, es entendible que el tiempo que residió en la ciudad de la Giralda, el pintor guipuzcoano se relacionase con los numerosos aprendices del Arte de Cuchares, mientras asistía a la Escuela de Tauromaquia de la Puerta de la Carne, en el barrio de San Bernardo, muy cerca del Matadero. Es indudable, que estos mismos días, soñó con abandonar los pinceles para empuñar el capote y la muleta. En cualquier caso, se asegura que en esta época llegó a dar muerte a estoque a diecisiete novillos en otros tantos festejos pueblerinos, en uno de los cuales resultó herido de cierta gravedad, lo que le debió hacer recapacitar y, tal vez, cortarse la coleta. 

 

Todos los años que mantuvo abierto su estudio en Alcalá de Guadaira y Sevilla no dejó de pintar retratos de toreros, y otras escenas taurinas, entre los que se encontraban los correspondientes al El Panadero y Gallito. De este mismo período, solo se conservan cinco cuadros de temática tauromáquica catalogados, uno de ellos: Víspera de la Corrida, que fue Premio del Rey, en la Exposición de Arte de Barcelona de 1898. En la Exposición de Bellas Artes correspondiente al año de 1897, en su apartado taurómaco, se exhibió un cuadro del pintor de Éibar, junto a las obras de otros reconocidos artistas, entre los que sobresalía la correspondiente a Benlliure. En este evento Zuloaga presentó sus lienzos: Retrato de Coriano y Ante los toros.

 

La siguiente etapa de Zuloaga prosiguió en su casa-castillo de Pedraza (Segovia), ciudad en la que residió entre el verano de 1898 y 1916, tal vez buscando la cercanía y consejo de su tío, el ceramista Daniel. En esta época, el pintor guipuzcoano materializó al menos catorce cuadros de inspiración taurófila, ente los que sobresalen, obras tan conocidas como: Preparativos para la corrida, Toreros de pueblo, El matador Pepillo, El Corcito, El Segovianito, Torerillos de Turégano, En la corrida, o La Víctima de la fiesta…

 

El 14 de julio de 1914, Ignacio Zuloaga abrió un caserío-estudio en las afueras de Zumaia, Santiago Etxea; localidad en la que acabaría promoviendo varios festivales taurinos con el objetivo de ayudar a construir un hospital. Uno de los primeros, el mes de septiembre de 1917, tarde que actuó Joselito. En la edición de 1924, tomaron parte Juan Belmonte, El Algabeño, Antonio Márquez, Valencia II y Antonio Cañero; tarde en que el Pasmo de Triana resultó cogido de gravedad. 

 

De la misma manera, en los archivos de Santiago Etxea se conserva la colección completa de artículos periodísticos y correspondencia que el pintor mantuvo con los algunos de los protagonistas del toreo: Belmonte, Cañero, Roberto Domingo, Cossío, Díaz Cañabate, Antonio Márquez, Rafael Albaycin, Algabeño, Sebastián Miranda, Villagodio, Urcola, Fernando Villalón...Con la llegada de los meses invernales, que Zuloaga pasaba en Madrid, compartía tertulia con Julio Camba, Valle-Inclán, Azorín, Baroja, Pérez de Ayala, Marañón, Manuel Machado, Guitarte, Díaz Cañabate, Sebastián Miranda, Romero de Torres, Pérez de Ayala, Luis de Tapia, Antonio Casero, Corrochano…

 

En una de estas pláticas, en la primavera de 1919, en que se encontraba Juan Belmonte, el pintor le comprometió a que torease en Segovia, el día de San Pedro; plaza en la que nunca había actuado. Ignacio correría con los gastos que generase la organización del evento y su tío Daniel se encargaría de solventar todos los asuntos burocráticos necesarios, con la intención de que el dinero sobrante se donase a la beneficencia municipal. Así, los hermanos Manolo y Juan Belmonte, estoquearon un encierro de Aleas, que pastaban en la finca segoviana de Aldeanueva. Como no podía ser de otra manera, acudieron al evento la mayoría de sus amigos.

 

Su asistencia a los festejos taurinos que habitualmente se corrían en Las Ventas, y a las tertulias posteriores, en compañía de un selecto grupo de aficionados, ayudaron a Zuloaga a ver pasar sus últimos años de vida. Las Presidentas, acta artística de un festejo celebrado en la Villa de Ayllón, fue su última obra de inspiración taurina. La pintó unos pocos meses antes de fallecer, el 31 de octubre de 1945. Su ultimo paseíllo partió de su estudio madrileño, a hombros de sus amigos más taurinos: José María Cossío, Fernando Guitarte, Juan Cristóbal, Domingo Ortega, Rafael Albaicín y Antonio Sánchez.

 

Extracto del libro firmado por Antonio Fernández Casado: "Diccionario Taurino Guipuzcoano (De la plaza de toros de Arrasate al torero-Pintor Zuluaga)"