Viernes, 4 de diciembre de 2020
Decimo octava de la Gira de Reconstrucción
La buena dimensión de Gómez del Pilar con la corrida de Miura
Gran espadazo de Gómez del Pilar al 2 de la tarde.
Rodado por esas plazas que se dicen "de toros grande y billete pequeño", el madrileño Gómez del Pilar esta cuajando como un matador de toros al que debe prestarse atención. Esta extraña temporada del 2020 la cerró triunfando en Logroño con una corrida cinqueña de Miura, de las que piden el carnet de identidad. Seguro y sereno, resolvió la papeleta no sólo airosamente, sino además con momentos que hay que anotar; por ejemplo, el espadazo con el que hizo rodar a su primero, que ya de por sí justificaba el trofeo que le concedió la Presidencia.
Redacción

LOGROÑO.- Décimo octava de la Gira de Reconstrucción. Cuatro toros de Miura, todos cinqueños --el 3º a pocas semanas de los seis años--, con el trapío propio de la Casa (587 kilos de promedio) y de juego desigual; el más colaborador, el 1º. Pepe Moral (de negro y plata), silencio tras dos avisos y silencio tras un aviso. Gómez del Pilar (de verde esperanza y oro), una oreja y ovación tras un aviso. Se anunció como sobresaliente  Miguel Ángel Sánchez. Dentro de las limitaciones del Covid-19,  no se llegó a la media entrada, sobre el total permitido de 1.000 espectadores exclusivamente locales.

 

Incidencias: Excelente puyazo de Pepe Aguado al que cerró la tarde y buena lidia de Rafael González. A diferencia del día de los rejones, para esta ocasión el piso de plaza estaba adecuadamente acondicionado.

 

Como ahora suele ser habitual, para el final de la “Gira” se dejaron las dos corridas oficialmente duras. Y acertaron al elegir para ello una plaza bien dotada como “La Ribera” de la capital riojana, una de las plazas más serias entre las de 2ª. Luego el cuarteto de Zahariche, con edad muy sobrada, no regaló facilidades; hasta el más bonancible, que resultó ser el que abrió la función, tenía sus teclas que tocar.

 

Pues precisamente con estos  de Miura dio una buena dimensión Gómez del Pilar, firme, valeroso y sereno en toda su actuación. A los dos los recibió en la puerta de toriles, con sendas largas, que salieron limpias, seguidas de un muy aceptable recibo capotero. Con la muleta plantó cara con firmeza, buscando la colocación adecuada y tratando de alargar los muletazos todo lo que era posible. En el uso de la espada, se fue sin rodeos a la búsqueda del morrillo; el espadazo al 2º fue de premio. Y siempre se le vio con seguridad en cuanto hacía. Con  el material disponible, más no se le podía pedir.

 

A Pepe Moral se le escapó el triunfo en el que abría plaza por el mal uso de los aceros, con los que además estuvo premioso. Sin embargo, antes había sabido entender las condiciones de su enemigo, especialmente cuando lo llevó templadamente por el pitón derecho, que era el mejor. De nuevo los aceros nublaron sus opciones finales con el 3º.