Sábado, 8 de agosto de 2020
Balance por fin de temporada (13)
Juan Mora: nunca un triunfo formó tanto ruido
El triunfo de la feria de Otoño puso de novedad, para los nuevos aficionados, a Juan Mora; para quienes conocían su trayectoria y su afición no era más que un regalo que nos hacía el torero sevillano. De paso, aquel triunfo le puso en el borde mismo de ser declarado triunfador del año. Nunca se había visto cosa igual.
Redacción
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Llegó a Las Ventas después de demasiado tiempo sometido a la dureza del banquillo, por la falta de interés de los empresarios. Pero llegó también con el bagaje que da esa férrea voluntad de que nadie tuerza su reconocida afición, esa que le ha llevado a entrenar diariamente durante meses y meses, aunque en el horizonte no hubiera contratos.
 
Pero llegó el día D y la hora H. Y rompió el cuadro, hasta protagonizar una de las “puertas grandes” más auténticas que se recuerdan. Algún día habrá que contar los prolegómenos de ese día, cuando el sorteo se hizo con un mayoral prestado, ante la ausencia del titular. Pero a efectos del Arte del Toreo todo eso no deja de ser una anécdota, que además se empequeñece a tenor del triunfo.
 
Lo importante fueron esas dos faenas de otros tiempos, que no es que sorprendieran a los aficionados: es que los sobrecogieron. Y todo cristalizó en una tarde redonda como pocas se han visto., No se puede convencer a más aficionados con escasamente dos docenas de muletazos, ¡pero qué muletazos¡
 
Con el paso del tiempo los recuerdos de esta faena se agrandan en la memoria de los aficionados. Hasta el punto de que con tan sólo dos faenas en Madrid le disputó de tú a tú el título de triunfador de la temporada a Julián López “El Juli”, en las votaciones de la “Oreja de Oro” de RNE, un galardón prestigioso. Esto sí que es un caso único.
 
Como el torero no pierde la cabeza, sabe que rentabilizar semejante triunfo será cosa muy relativa. Los empresarios de hoy no están por la labor de mover mucho el escalafón, no vaya a ser que uno se encarame arriba y les produzca dolores de cabeza. Por eso, es consciente que volverá a Madrid por San Isidro, pero que fuera de eso las corridas caerán con cuentagotas. Salvo, claro está, que asuma el papel de ir “de primero”, con alguna figura.
 
Pero da la impresión que todo esto tampoco le causa demasiadas inquietudes. Lo que quiere es disfrutar cada tarde que se viste de torero, rebosarse en arte y salir de la plaza con la satisfacción de haber dado un paso más en su propia conciencia taurina.
 
Sin embargo, se trata de un torero que deberíamos entre todos llevar en palmitas, al menos para que enseñe a los nuevos aficionados lo que es el auténtico sentido de la lidia cuando se conjunta con el toreo.