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Sevilla. Última del ciclo feriado
Una áspera miurada para decir adiós
Octavio Chacón, torero y entregado toda la tarde. (Maestranza-Pagés)
Los toros de Zahariche dieron pocas opciones a la terna aunque la solvencia y la entrega del debutante Octavio Chacón calaron en el público maestrante. Moral, que sorteó el ejemplar más potable, perdió un posible trofeo por el mal uso del acero. Sebastián Castella, que se estrenaba con los "miuras", se enfrento al peor lote.
Actualizado 13 mayo 2019  
  
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SEVILLA.- Última del cicllo feriado. Casi tres cuartos de entrada en tarde de calor sofocante

Toros de Miura, de fachada imponente. Cuatro de ellos superaron con holgura los 600 kilos. El sexto fue un sobrero del mismo hierro, algo más anovillado pese a su envergadura y peso. Dentro del temperamento áspero, típicamente miureño, de todo el encierro destacó la breve nobleza del tercero, único que se prestó a una faena más o menos formal.

Sebastián Castella (de grana y oro), silencio y silencio. Octavio Chacón (de tabaco y oro con remates negros), gran ovación tras dos avisos y gran ovación. Pepe Moral (de grana y oro), silencio tras aviso y silencio.

Incidencias: Destacó José Chacón lidiando al primero y banderilleando al cuarto. Gran tercio de varas de Juan Francisco Peña picando al segundo.

 

El largo clarinazo que anunció la muerte del sexto bis marcó la frontera. Es una feria más; también una feria menos que nos hace un poquito más viejos y siembra su propia semilla en el territorio de la nostalgia. Ha sido catorce días de toros y toreros –doce de ellos en el ciclo continuado- en el que se han sucedido algunos sonoros éxitos, un acontecimiento irrepetible y algún fracaso indisimulado. Han embestido muchos toros, se han cortado orejas y no ha habido ni un solo percance de auténtica consideración. Este lunes trataremos de contárselo todo de forma resumida en una jornada que se vivirá pendiente del fallo de los principales premios puestos en lid: los ‘Puerta del Príncipe’ que patrocina El Corte Inglés y, especialmente, los clásicos trofeos de la Real Maestranza de Caballería.

 

Pero aún hay que detenerse para narrar el argumento principal de la corrida de este domingo de resaca que sigue siendo territorio exclusivo de las legendarias reses de Miura. La vacada de los campos de Lora fue fiel a sí misma embarcando un serio encierro que superó casi siempre los 600 kilos. Fue una corrida de imponente fachada y fondo terco que no dio demasiadas opciones a los toreros más allá de ese tercero que, muy a medias, se entregó en la muleta de Pepe Moral.

 

Pero no hay que adelantar acontecimientos: el diestro francés Sebastián Castella oficiaba de cabeza de cartel. Para él fue el negro primero, zancón y magro de carnes, que pudo equivocar al torero –y a no pocos espectadores- en los primeros compases de su lidia. El bicho no se desplazó del todo mal en los capotes y hasta hizo amagos de humillar en los engaños. Mostró su fortaleza desplazando al caballo hasta las tablas aunque se quiso quitar el palo al segundo viaje. Eso sí: le dieron fuerte. Chacón se hizo presente en un vistoso quite por delantales que reveló sus pretensiones. Y ahí acabó todo. El animal se defendió por arriba, cortando el paso, alargando la gaita... No tenía ni uno mientras Castella pretendía abarcar con muletazos al uso una embestida decimonónica. El francés iba a sortear en segundo lugar un pavo de casi 700 kilos al que Chacón –que tuvo una gran tarde global- cuajó con los palos. Pegado a tablas, Castella trazó un fulgurante inicio de faena con pases por alto. El de Miura dijo que ni uno más.

 

Chacón cae de pie

 

Octavio Chacón, que debutaba en el ciclo sevillano a pesar de sus trienios, dejó la impresión más grata. Recibió al segundo con una larga en el tercio y vistosas verónicas antes de que su varilarguero, Juan Francisco Peña, diera una lección de picar toros. Chacón se mostró sereno, templado, seguro de sí mismo, haciendo siempre las cosas bien a un toro que amagó algunas gotitas de nobleza antes de sorprender a todos queriéndole quitar la muleta con saña. Dio igual. El matador gaditano siguió dominando la situación y hasta le enseñó la mano izquierda antes de desplantarse con majeza. Un pinchazo precedió a una estocada y el animal se puso a la defensiva a la hora de descabellar mientras caían dos avisos. La ovación, eso sí, sonó con fuerza. Octavio Chacón repitió idénticos argumentos a la hora de lidiar al quinto, un toro complicado al que templó en la lidia y dominó en la muleta sin importarle esa embestida probona que no habría dejado respirar a cualquiera. Una estocada corta acabó con la vida del bicho, que no dejó de pegar coces y arreones hasta el último aliento. Las palmas volvieron a tener un matiz distinto.

 

Y cerraba el cartel el especialista más consumado de los últimos años. A Pepe Moral le tocó, además el único ejemplar que permitió una faena de corte más o menos contemporáneo. Fue el tercero, al que enjaretó tres tandas de muletazos de buena factura. El toro descolgó la cabeza y el diestro de Los Palacios se acopló en un puñado de sabrosos muletazos, bien trazados y dichos. Hasta enseñó su cantada mano izquierda antes de dejar un espadazo perdiendo la muleta. A partir de ahí todo se torció: el estoque hacía guardia y hubo que volver a entrar a matar. Tampoco pudo ser con el descabello. El animal, sintiendo el gori-gori, se dio una vuelta completa a la plaza pegado a tablas sin que Moral acertara con la espada ni el descabello. Al final se echó en el cuatro. La posible oreja, a esas alturas, se había esfumado por completo. Con el sexto, una prenda sin un pase no hubo opción a casi nada. Para qué contar más. Y así se despidió esta feria que ya no será como fue sino como la recordemos. Un año más –ya son unos pocos- fue un placer.

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