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Una mirada hacia una rica historia
Camas, de sus plazas y sus toreros
El valor testimonial de la imagen supera a su calidad. Es el debut de Curro Romero en 1954. / Archivo A.R.M.
Un festejo promovido por Alfonso Oliva Soto en recuerdo de su tío Ramón Soto Varga, en el 25 aniversario de su muerte en la Maestranza, trata de ajustar algunas cuentas con la historia y se convierte en un puente entre dos historias. La portátil instalada junto al pabellón cubierto no puede sustituir la memoria de aquel coso que se levantaba junto al viejo camino de Huelva pero es una ventana al futuro. Como detalla Álvaro R. del Moral fue una tarde –triunfal por cierto, para su protagonista—con la que revivió la rica tradición taurina de un auténtico vivero de toreros de fama, ya vistieran de oro, ya de plata.
Actualizado 13 septiembre 2017  
Álvaro R. del Moral   

La Pañoleta fue en otro tiempo un auténtico emporio de ocio en el que no faltaban bares, bodegas, reñidero de gallos y, por supuesto, una coqueta placita de toros que forma parte de la memoria sentimental de Camas y no pocos sevillanos. Un monumento al toreo –-obra del escultor Gil Arévalo-– recuerda desde 2002 que a dos pasos de allí, bajo el asfalto frenético de la moderna autovía del V Centenario, se elevó ese singular coso taurino inaugurado en vísperas de la Exposición Iberoamericana que sirvió de rampa de lanzamiento a no pocos coletudos. El primer tramo de la que luego sería la moderna autopista condenó el coqueto anillo a finales de los 60 para trazar el enlace directo entre Sevilla y Castilleja de la Cuesta. El derribo de la plaza, paredaña de la superviviente bodega San Rafael, era un hecho en 1968.

El ayuntamiento camero sustituyó efímeramente el viejo coso con una portátil instalada en la explanada que hoy es la plaza de Nuestra Señora de los Dolores,  pero el recuerdo y la memoria de La Pañoleta pesaban en el imaginario de la localidad que planteó –en medio de la burbuja inmobiliaria del arranque del siglo XXI– la construcción de un moderno coso multiusos que no llegó a ver la luz. La placita de la Escuela Taurina Municipal, junto al cruce de Valencina, mató ese gusanillo con la organización de becerradas y clases prácticas que han mantenido encendida la llama del toreo.

Pero hablar del toreo de Camas conduce, obligatoriamente, a la ancha estela dejada por dos matadores coincidentes en el tiempo y el espacio como Paco Camino –hijo de Rafaelillo de Camas– y Curro Romero. El llamado Niño Sabio de Camas fue una de las figuras más importantes de la llamada década prodigiosa del toreo: los 60. Su nombre, junto al de El Viti y Diego Puerta, llenó de contendido las ferias de unos años apasionantes, en los que Curro despuntaba como torero de culto. En cualquier caso, para entender el currismo –toda una religión laica– hay que recordar la longevidad taurina del Faraón y la indestructible fidelidad de sus muchos partidarios. Curro, de alguna manera, pertenece al alma interior de la ciudad.

En el mismo caldo de cultivo que germinarían los nombres de Camino y Romero se cuecen otros aspirantes que no alcanzaron la misma gloria. Podemos recordar al novillero Manuel Pérez, el primer Vito, padre de Julio, el otro Vito que popularizó el apodo en las cuadrillas de Litri o Jaime Ostos. José Rodríguez “El Pío”, otro rehiletero de postín, gozó de un ambientazo como novillero en la yema de los 50. Antonio Cobo también llegó a la alternativa en 1959, pero encontró su sitio vestido de plata. En el camino se quedó –lo mató un toro en Barcelona en 1973– el banderillero Joaquín Camino, hermano de Paco. La dinastía de los Camino daría otros dos matadores, de nombre Rafael, y nietos de Rafaelillo de Camas. Pero hay más toreros de oro: “el Almendro”, actual director de la escuela y exigente forjador de los aspirantes a toreros, también llegó al doctorado en 1973 de manos del mismísimo Curro Romero y en la plaza de Sevilla. Curiosamente fue Paco Camino el encargado de convertir en matador a Antonio Chacón, “El Pela”, en la Feria de Abril de 1977, aunque encontró sitio de privilegio en las filas de los subalternos. Su hijo se anuncia en los carteles de hoy con el mismo nombre y ya muestra proyección y capacidad de figura de plata después de abandonar las filas del escalafón menor.

 Pero la lista de matadores y novilleros es más extensa. A riesgo de dejar algunos nombres en el tintero se pueden anotar los de Reverte, Morenito de Camas, Pepe Rivas, Marqueño, Alpañel, Curri de Camas, Pepe Luis Caetano... Hay que añadir el recuerdo de banderilleros como Enriquillo, El Patito, Pérez Aranda, Juanili, Guillermo de Alba o la dinastía de picadores de los Cameros, Lolo de Camas, El Chimo, Manuel Rivas o Alfonso Soto, abuelo materno de Alfonso Oliva Soto... Hay otros toreros de Camas en activo que tampoco han dicho su última palabra. Uno de los más recientes es el diestro Esaú Fernández, que también lucha en la orilla del sistema por reivindicar su fresco y capaz concepto.

La nómina de los lidiadores cameros, de cualquier fama o condición, es más extensa aunque la dinastía de los Vargas, ascendientes de Alfonso Oliva Soto, merece un apartado especial. Hablamos de Salomón Vargas, pero también de Nicolás, aquel Gitanito de Camas que encontramos en los carteles de color sepia. Fueron tíos de su madre y su tío Ramón Soto Vargas, que cayó fulminado con una cornada en el corazón el 13 de septiembre de 1992 después de ser cogido por el novillo Avioncito, marcado con el hierro del Conde de la Maza. Dicen que Salomón enseñó a Romero a coger los capotes en aquel campo de fútbol que servía de improvisada escuela taurina.

Los trabajos originales de Álvaro R. del Moral, cronista de “El Correo de Andalucía” , se publican en su blogs “Con la tarde colgada a un hombro”, al que se puede acceder a través de nuestra sección “8 opiniones 10” y en las direcciones electrónicas:
http://blogs.elcorreoweb.es/latardecolgadaaunhombro/
http://elcorreoweb.es/toros/

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