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Un articulo del escritor valenciano Manuel Soto Lluch
"¡¡¡Voy contratado a AMERICA!!!"
Antonio Fuentes, Minuto, Corchaito y Maera, en la plaza de Montevideo en 1910
Al escritor valenciano Manuel Soto Lluch debemos un relato interesantísimo acerca de cuál era la realidad de ese "hacer las Américas" de los toreros de hace un siglo. La descripción que realiza tiene un gran valor testimonial de unas situaciones poco conocidas, pero el que el autor atestigua en primera persona. Durante su lectura no puede menos de llevar a pensar en situaciones y circunstancias que hoy se viven en ese "hacer las Américas", que tanto ha cambiado desde sus épocas de gran esplendor.
Actualizado 17 diciembre 2017  
Manuel Soto Lluch   

Cuando la temporada taurina declina en España, todos o casi todos los matadores de toros, más o menos famosos, al preguntarles sus incondicionales y amigos qué van a hacer en el invierno, les contestan, con una seguridad que la duda ofendería, lo siguiente :

—¿Que qué voy a hacer?... Voy contratado a América con un contrato magnífico, en vista de mis éxitos en esta temporada...

Así, unos dicen que van a Méjico; otros, a Lima, y los demás se reparten las otras Repúblicas centroamericanas donde la fiesta de toros tiene carta de naturaleza. Claro que llega la hora de embarcar, o de volar, y sólo son pocos los elegidos, los que cruzan el Atlántico en una u otra forma...

No crean que esto sólo ocurre en los tiempos que corremos, no, pues desde que el toreo existe, los dedicados a esta arriesgada profesión han tenido predilección por ir a torear a las Américas, atravesando el Atlántico con la misma despreocupación que uno de nosotros hacemos un viajecito a Cercedilla, pongo por ejemplo.

En el siglo XVIII ya era costumbre que los toreros españoles se trasladaran al "otro mundo" para torear y... traerse un montón de "jayeres", como decía, el zeñó Manué Hermosilla, el Cristóbal Colón del toreo.

Por lo dicho, no es de extrañar que en el siglo XIX casi era una necesidad que todos los espadas de renombre desfilaran por las Plazas de Toros americanas, empezando por Bernardo Gaviño, en 1835, que, según los historiadores taurinos, dió vigor a la fiesta con su rudimentario modo de torear, y pasando por Manuel Díaz, Lavi, que, por cierto, falleció en Méjico el 9 de diciembre de 1858, cuando iba a actuar, después de una brillante campaña en el Perú y La Habana. También Francisco Arjona, Cúchares, murió en dicha capital el 4 de diciembre de 1868, sin poder lucir sus “martingaleos" profesionales; Manuel Domínguez, Gonzalo Mora, Julián Gasa, el Salamanquino; Fernando, el Gallo; Rafael Guerra, Guerrita; Luis Mazzantini, Julio Aparisi, Fabrilo; Manuel Hermosilla; hasta Manuel Lara, Jerezano, que fué uno de los que actuaron al finalizar el siglo...

En nuestro siglo XX han actuado por los principales ruedos centroamericanos las primeras figuras de la torería, consiguiendo que la fiesta brava se consolidara en estas tierras hermanas, consiguiendo fueran la máxima atracción las corridas de toros en Méjico, Lima, Venezuela, Colombia y demás Repúblicas, dándole tal vigor, creando y fomentando una afición tan apasionada o más que en España.

Hoy en día, la fiesta de toros en las Américas es tan famosa y admirada como lo es aquí, y por ello nuestros grandes toreros van a aquellas tierras, qué conquistaron nuestros célebres capitanes, con el afán de superarse artísticamente y mostrar los adelantos del arte de torear, y al mismo tiempo, con la pretensión de hacerse millonarios, no como en aquellas pasadas épocas de Gorete, Bonarillo, Valentín, Faíco y Padilla, que arrastraban su fracasado arte por un puñado de pesos o bolívares...

También la fiesta arraigó en la Argentina y en Uruguay; pero la muerte del buen torero valenciano Joaquín Sanz, Punteret, ocurrida en Montevideo el 26 de febrero de 1888, le dió la "puntilla" a las corridas de toros de muerte, pues, a raíz de dicha desgracia, fueron prohibidas por decreto del Presidente de la República uruguaya.

Pero era tanta la afición que había en dicho país, que, a pesar de la prohibición, siguieron dándose las corridas con toros embolados. Llegando su máximo apogeo en las temporadas de los años 1910 y 11, en las que en la Plaza de Toros Real de San Carlos, de Montevideo, fueron los diestros Antonio Fuentes, Enrique Vargas, Minuto; Fermín Muñoz, Corchaíto, y Francisco Soriano, Maera, como los verán en la adjunta fotografía que reproducimos [en el encabezamiento de este artículo]. Es del 16 de enero de 1910, y de los antedichos matadores con sus cuadrillas, en un descanso de la lidia, en la corrida a beneficio del dueño de "La Coronela"...



También reproducimos otra foto muy curiosa, de los toreros que actuaron la tarde del 25 de diciembre del mismo año y en el mismo tauródromo: Angel Carmena, Camisero; Manuel González, Rerre, y Manuel García, Revertito, sobrino del famoso diestro de Alcalá del Río; Antonio Reverte, exhibiéndose por las calles de Montevideo, antes de ir a la Plaza, como vulgares titiriteros, para atraer al público.

Claro que los tiempos han cambiado mucho para loa toreros... De aquellos diestros fracasados que iban a la aventura a exponer su desprestigio en los ruedos americanos, y lo que era peor, su vejez, como el zeñó Manué Hermosilla. Carlos Borrego, Zocato; Diego Prieto, Cuatrodedos; Enrique Santos, Tortero; Antonio Ortega, Marinero, y muchos otros, que sufrían vejaciones de las Empresas, han sido vengados con creces por los toreros de hoy...

¡Cuántas veces, en nuestras correrías artísticas por las Repúblicas centroamericanas, hemos encontrado a viejos lidiadores, que un día en España se creyeron ídolos, mostrando en aquellas tierras sus miserias y lacras!... ¡Cuántos de ellos nos hablaron de la accidentada vida taurina que llevaban en aquellos países, y las más de las veces se nos acercaban para que hiciéramos algo por ellos, para poder regresar a la Madre Patria, con los ojos llenos de lágrimas...

Los viajes en barco, tan largos y penosos de antaño, se han transformado ahora en veloces, con los "Clipper", que en pocas horas llevan a nuestros famosos toreros a actuar a las Américas. Los sueldos modestos, de centenares de pesos de antes se han convertido en “contrato” fabulosos de miles, de miles de pesos o bolívares.

El torero del siglo XIX iba a América, salvo las figuras, a la desesperada, fracasado y sin cartel ni prestigio en España, sólo con la esperanza de poder ir viviendo con el resto de su mísero arte, de su vejez y dar el "timo".

¡Con qué amargura hemos visto a los viejos matadores de toros españoles, ante los astados, en los ruedos americanos, huir vergonzosamente, sin dignidad de ninguna clase y en medio de la general rechifla del público!... ¡Qué pena daba verlos!...

Hoy nuestros lidiadores van con la máxima garantía a las Américas, dispuestos a dejar el pabellón de su magnífico arte a gran altura, en pleno éxito, y a demostrar una vez más que el toreo español es el único verdadero.

También es verdad que ahora van cobrando sumas fabulosas que jamás soñaron los toreros de las otras épocas...

© El Ruedo, 26 de diciembre de 1946, nº 131 

El autor
Manuel Soto Lluch (1894-1982), escritor y periodista valenciano, que dirigió entre otras publicaciones como “La Reclam Artística”, “La Reclam Cine” y  “La Reclam Taurina”. Cultivó también  también la literatura, tanto en castellano como la lenguana valenciana,  publicando en 1916 su primera novela “A vora riu”, a la que siguieron libros como “Valencia y sus toreros”, “De Guerrita a Belmonte” y “Por los terrenos de dentro”. También escribió teatro, con obras como “Als bous de Castelló”, “Un parell de castic”, “La família del tío Melero” y “Al florecer los rosales”, así como la zarzuela “La copla de la venta”, entre otras.

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