Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?
Mirando hacia atrás sin nostalgia
Los contratos de los toreros a lo largo de la Historia
Aunque en sus orígenes, y nos remontamos al siglo XIII, se consideraba ignominiosa la práctica de torear por dinero, es lo cierto tan sólo un siglo después ya se encuentran documentos fehaciente sobre la materia. De entonces a nuestros días las variantes en la contratación de los toreros ha ido siguiendo caminos diversos, desde los tiempos en los que los organizadores del festejo aportaban los instrumentos para la lidia y hasta el alojamiento menús incluidos. En trabajo en bien documentado Plácido González ha trazado a grandes rasgos esta evolución, para con la amenidad que aportan las anécdotas ir desgranando las muchas opciones que se han dado en la contratación de los toreros.
Actualizado 15 diciembre 2012  
Plácido González Hermoso   

Desde bien antiguo es conocido el hecho de los “toreros o matatoros” que participaban en los festejos taurinos cobrasen ciertas cantidades por su trabajo.

El tema, como se pueden entender, es bastante extenso y la abundancia de datos al respecto obligan a aportarles solo unos cuantos, a fin de no extendernos excesivamente.

En un principio, la práctica de torear por una retribución determinada era tenida por ignominiosa, tal como lo prueban las Partidas del rey Alfonso X el Sabio (Toledo 1221- Sevilla 1284), en especial la Ley5ª, Título VII “De los hijos que el padre puede desheredar”, autorizando a los padres a privar a los hijos de la heredad correspondiente, decretando que: “… son enfamados los que lidian con bestias brauas por dineros que les dan...” al considerarlos “infames” por torear mediante remuneración o estipendio. Si bien, el sabio monarca no consideraba tal infamia al que sin cobrar lo hiciese por demostrar su bizarría: “… antes ganaría prez de hombre valiente e esforzado”.

Esas prohibiciones que establecían las leyes alfonsinas, ponen de manifiesto la participación de una serie de personas en los festejos taurinos que, además, cobraban por ejecutar su trabajo y, por tanto, evidencian la existencia de profesionales desde tiempos pretéritos.

Una de las noticias más antiguas de que se tiene conocimiento, sobre remuneraciones dadas a los toreros, se encuentra registrada en el archivo de la Contaduría de la Real Colegiata de Roncesvalle, Navarra, y dice así: “El Rey don Carlos II (alias “El Malo”, rey de Navarra 1349-1387), mandó pagar 50 libras á dos hombres de Aragón, uno cristiano et el otro moro que nos habemos fecho venir de Zaragoza por matar dos toros en nuestra presencia en la ciudad de Pamplona”. El hecho ocurrió allá por el mes de Agosto de 1385.(2)

El Diccionario de Autoridades (publicado entre 1726 y 1739, que fue el primer diccionario de la lengua castellana editado por la Real Academia Española), ya definía al “torero” como la persona “que por oficio o precio torea de a pie en las plazas”.

Desde un principio, esos toreros, se contrataban y ajustaban por su cuenta directamente con los Ayuntamientos, Hospitales o cofradías organizadoras de las corridas ó festejos taurinos, en una cantidad determinada por matar cierto número de toros, además de los trajes de torear que corrían a cargo de los organizadores de los festejos y se reseñaban en los contratos.

Los que se contrataban por un precio fijo se les conocía como “toreadores de banda” y,  en cambio, si actuaban sin apalabrar cantidad alguna, yendo a un tanto por ciento o en función al éxito obtenido, tanto de público como artístico, se los conocía como “aventureros”. (1)

Tras el abandono de la fiesta por parte de los nobles, en tiempos de Felipe V, los toreros iban de ciudad en ciudad, de cierta importancia, acompañados de picadores de vara larga, medias espadas, banderilleros, rehileteros y una chusma de desjarretadores.

Mataban a los toros como podían, de una forma ignominiosa, con lanzas, arpones y estoques de hoja ancha, y los toreaban con capas o mantas (de ahí lo del manteo), usando los sombreros de enormes alas que fueron prohibidos tras el motín de Esquilache (1766). De unas fiestas de toros celebradas en Madrid, el 30 de junio de 1674, inspiró a la trova popular la siguiente copla:

«Y los toreros de a pie,
de Talavera y Navarra,
todos rompen garrochones,
desjarretan, hienden, rajan…
En los toreros de a pie
hubo muy buenos toreros.
Veinticinco toros justos
en dos corridas murieron…»

Era muy común que los instrumentos para la lidia los aportasen los organizadores de los festejos, Ayuntamientos o Cofradías, pues los toreros solamente aportaban de su propiedad las espadas de matar. Incluso las capas que les facilitaban eran las clásicas capas de uso ordinario, de una largura adaptada a la estatura del torero, como se ve en la litografía del Licenciado de

Con el correr del tiempo, fueron las Maestranzas de Caballería las que facilitaban los trajes de torear, tanto a los de a caballo como a los de a pié, como la de Sevilla, que imponía sus propios trajes exclusivos para torear en su Maestranza, y consistían en “casaquillas y calzones color grana con guarniciones de plata y chupas de raso azul y blanco, para los picadores; iban detrás los toreros de a pié con idéntica vestimenta, llevando sobre los hombros capas azules; y luciendo guarniciones, zapatos y medias de color blanco”. Nótese el detalle que en los últimos años del siglo XVIII y primeros del XIX, los toreros de a pié iban detrás de los picadores en el paseíllo. Tal como rezan las Ordenanzas sevillanas del siglo XVIII.  (6)

Luis del Campo nos informa de lo que Pamplona proporcionaba a los toreros: “En Pamplona y durante el siglo XVIII, los instrumentos necesarios para la lidia de los toreros de a pie, fueron siempre proporcionados por el Ayuntamiento. Rigió el mismo principio para los de a caballo, con la salvedad respecto a los équidos de que, hasta muy avanzada la centuria, eran propiedad del caballista. Los toreros solamente llevaban al coso pamplonés, como utensilios propios para ejercer su arte, las armas blancas para matar a los toros. La lanza, media luna, banderillas, rejones, picas o garrochas, eran suministradas por el Municipio, así como la capa de torear, a pesar de su coste elevado y de ser algo personal…” (5)

A parte de las cantidades contratadas por ejecutar su trabajo,  debían serles abonados, también, el alquiler de caballos o acémilas para el camino, además de los gastos de manutención tanto de ida, estadía y vuelta, como puede verse en el contrato suscrito por Pedro Romero con los Regidores del Hospital de Valencia, el 2 de Agosto de 1793, que aporto.

Guerrita reseña, en su Tauromaquia (tomo I, pág. 487), una escritura notarial, fechada el 9 de Marzo de 1793, suscrita entre Pepe-Hillo y el “asentista” de la Plaza de Toros de Cádiz, comprometiéndose a: “asistir y matar con otro compañero que se ponga de igual mérito al suyo, los toros que se lidien en la citada plaza en el espacio de cuatro años…”, en cuyo contrato cuatrienal se especifica que se le ha de satisfacer: ”…la misma cantidad que perciba el matador Pedro Romero, vecino de Ronda, cuando concurra en su compañía”. Lo más curioso de ese contrato es que las corridas que se diesen en Cádiz tendrían preferencia “a otras de cualquier pueblo, menos á las que se celebren en Jerez de la Frontera ó Sevilla, lo que se consigna para que el asentista disponga las cosas de modo que pueda concurrir a todas”.

La nómina de Pepe HilloNo se cita en dicha escritura cantidad alguna a percibir por parte de Pepe-Hillo, aunque en otra escritura posterior se dice que “se conforma con que le den 95 pesos de á 15 reales de vellón…” que vienen a suponer unos 1425 reales. Lo que sí nos aporta Guerrita, en su Tauromaquia (tomo I, pág.489), es la nómina de lo percibido por todos los toreros, picadores, banderilleros, etc. participantes en la aciaga corrida del 11 de Mayo de 1801, donde Pepe-Hillo encontró la muerte en las astas del toro “Barbudo”, lidiado en 7º lugar, de la ganadería de D. José Rodríguez, de Peñaranda de Bracamonte. Estaba acartelado junto a José Romero (hermano de Pedro) y Antonio de los Santos. El trágico suceso fue presenciado por la propia reina María Luisa (esposa de Carlos IV), quien dejó testimonio detallado del trágico suceso en una carta que escribió a Godoy, y por la duquesa de Osuna, que tuvo en el torero sevillano su verdadero “capricho”.  

Además de los ajustes en metálico y la donación de los trajes de torear, era frecuente aumentar los contratos de los “picadores”, “espadas”, “media-espada” y “banderilleros”, con pagarles la manutención y la estancia en muchos pueblos donde se celebraban corridas, además de proporcionarles a todos ellos, una vez acabados los festejos, un caballo a cada uno de los que sobraban de las corridas. Cuando sobraban!

Como muestra de ello valgan “dos botones” como ejemplos. Uno de ellos ocurrió en 1770, cuando: “el ayuntamiento de Córdoba pagó a dos varilargueros, por picar cuarenta toros en cuatro días, mañana y tarde, cinco mil reales, dos caballos, manutención y vestido de casaquilla, sombrero y zapatos”.

Otro más detallado lo revela el contrato que se firmó el día 2 de mayo de 1.801 en Madrid, mediante escritura entre el Conde de Fuentenueva de Arenzana y los diestros José Delgado Guerra “Pepe-Hillo“, Joseph Romero y Antonio de los Santos, para matar cuarenta toros en la ciudad de Segovia, auspiciados por el rey Carlos IV, los cuales se correrían en cuatro fiestas, los días 22 y 26 de Agosto y 9 y 11 de Septiembre de dicho año. Es de suponer que, por aquellas fechas, la Corte se encontraría de vacaciones en el palacio de La Granja segoviana.

A pesar de haber firmado ese contrato, “Pepe Hillo” no participaría en dichos festejos, ya que falleció el 11 de mayo de 1801 en la plaza de toros de Madrid, como acabamos de reseñar más arriba. En dicha escritura o contrato se especificaba, en la cláusula primera, que: “Se nos ha de hacer el gasto a nosotros, los seis Banderilleros y Mozo de mulas, de todo el gasto personal y de las Diez mulas en las hidas a dicha ciudad de Segovia, estancia en ella y hasta volver a ésta”.

El importe total para los toreros, banderilleros y Mozo de mulas, ascendería a un total de “…treinta y seis mil reales de vellón en moneda metálica”(2)

En esos treinta y seis mil reales de vellón no estaba incluida la manutención ni el alojamiento de los mismos, pues corrían a cargo de la Comisión municipal. Los detalle de todos los gastos ocasionados en dicha ciudad por “…darles de comer, beber, asistimiento y camas…” supuso un gasto total de “…veintiocho reales cada uno…” según consta en la carta que dirige el famoso hostelero de Segovia, D. Gabriel Mora, a la Comisión municipal de esa ciudad, y donde se detallan, a modo de presupuesto, los artículos a servir y su coste:  “Señores: Habiéndome mandado por el señor don Juan Marinas que viese el arreglo que podía hacer con el gasto de los toreros, en darles de comer, beber, asistimiento y camas, es el siguiente:

Primeramente, chocolate para doce, una libra, con dos libretas; una patorra para almorzar, con su pan y vino.

A mediodía dos libras de vaca, media de carnero, una gallina, media docena de chorizos, ocho pollos (cuatro asados y cuatro en pepitoria), una fuente de pellas o natillas, ocho libras de ternera, con una libra de manteca para asarlo, doce libretas de pan, vino bueno, fruta del día y tres libras de azúcar blanco.

Por la noche, un buen guisado, su ensalada, vino y pan, con fruta para postre.

Sus doce camas buenas, con sus posesiones, luces y asistencia.

No excediendo de esto, el gasto le arreglo por 28 reales cada uno. Me parece que está muy bien arreglado.

Si usías determinan, me darán aviso para determinar mis cosas.

Dios guarde a usías muchos años. P.A.L.P. de usías, Gabriel de Mora”.

Nótese que en los menús ofertados por el mesonero no se menciona el cochinillo, a pesar de que, desde gran parte del siglo XX hasta hoy, la gastronomía segoviana se la conoce por su afamado cochinillo asado y el renombrado asador de “Cándido”. (3)

Otra fórmula de remuneración consistía en conceder el toro íntegro al torero que realizase una faena lucidísima, costumbre que permaneció hasta que la venta de las carnes de los toros lidiados la realizaron los empresarios de los festejos o la Junta de Hospitales para su beneficio, por lo que dicha costumbre quedó reducida a concederse la oreja, que solo se practicaba en provincias, en Madrid solo se les premiaba con los aplausos correspondientes.

En una carta publicada en París en 1670, relativa a unas fiestas dadas el 8 de julio de 1625 en Madrid, relatando varios aspectos del festejo madrileño, reseña la petición del toro que hacen los que ejecutaron la lanzada a pie: “…Por eso cuando esas gentes han realizado semejante lance, al que solo se exponen con permiso del Rey, como es muy arriesgado, van a arrodillarse delante de Su Majestad y delante de los Magistrados de la Villa para pedir el toro, que se le concede como recompensa. Lo mismo casi acontece con los guardias del Rey, cuando, como con frecuencia sucede, el toro los ataca y da con las alabardas, si muere en el encuentro se le da a la escuadra que lo ha matado.” (3)

En ese mismo documento y festejo, se describe una de las primeras vueltas al ruedo de que se tiene conocimiento: “el premio que gana, un Toreador, es que la armonía de las trompetas y oboes llene los aires en su honor alegremente, mientras que toda la asamblea le aplaude y agita los pañuelos, que en este país es una señal de amistad, dando el héroe la vuelta a la Plaza con el sombrero en la mano para corresponder al homenaje”. (3)

El escritor y picador de vara larga, José Daza (1700-1778?), natural de Manzanilla, Huelva, estaba en contra de la concesión del toro, no solo a los picadores, sino también a los toreros, tal como él mismo afirma en una carta de finales del s.XVIII: “No debe admitir el piquero la donación de algún toro por un lance lucido, que eso conviene solo a los toreros. Semejante caso me ocurrió en la plaza de Madrid, mandándola el señor Julián Hermosilla que, agradecido por un lance, por aplausos recibidos, me hizo donación del toro. Y por no desairar su fineza, ni a mi estimación, después de darle las gracias supliqué que lo hiciese a beneficio de las benditas ánimas”. En verdad que tuvo que haber ejecutado “un gran puyazo” para semejante recompensa. Daza decía, además, que “ya su madre, estando embarazada de él, corría toros a caballo en el campo”, y  que “el paraíso estuvo en Andalucía y después del pecado original, el toro adquirió su ingénita bravura, teniendo Adán que torearlo para uncirlo al arado o engancharlo a la carreta”. Se le puede atribuir mayor antigüedad al toreo?.

La entrega al torero del toro, por haberse lucido en alguna corrida, no se refiere a la entrega física del toro, pues lo normal es que la carne se vendiese para beneficio de los Hospitales y al torero se le recompensaba con una cantidad estipulada. En concreto, en Pamplona hay libramientos de haberle pagado en 1802,  a Juan Núñez “Sentimientos”, aquel que era más feo que el demonio (una copla popular decía: “Sentimientos y el demonio/ tuvieron una cuestión/ de ver quien era más feo/ y Sentimientos ganó“), la suma de doscientos reales por los cinco toros que le concedieron en las fiestas de San Fermín.

Otra de las formas de financiarse los matadores, picadores o banderillero, de los llamados “aventureros” en plazas de pueblo o de poca importancia, era la de mendigar de los públicos la aportación voluntaria de unas monedas, que los aficionados arrojaban a los capotes extendidos, que presentaban los lidiadores, recorriendo de esta guisa el perímetro del ruedo, o incluso, a veces, sombrero en mano por los tendidos.

Esa costumbre tan peculiar se mantuvo a lo largo de muchos años, hasta épocas bien recientes, en especial en las capeas de pueblos donde acudían en masa maletillas y decadentes toreros, sin que nadie los llamase.

No obstante, el solicitar de los públicos cualquier tipo de donativo llegó a estar mal visto por algunas autoridades, como se desprende de una carta del Ayuntamiento de Pamplona, contestando en 1788 al sevillano Francisco Garcés: “… no se permitirá a ningún torero brindar a los balcones, tendidos, ni otra parte de la plaza, y todos deberán observar las órdenes que se den por la Ciudad, procurando trabajar con actividad para el mayor lucimiento de la función”. (5)

Como consecuencia de esas prohibiciones de recolecta, las autoridades compensaban la disminución de ingresos de los toreros aumentando sus emolumentos con cantidades adicionales, como se desprende de otra nómina de 1787 sobre lo pagado al citado Garcés en Pamplona, acompañado de dos picadores y tres banderilleros, que cobraron 50 onzas y: “…además quinientos reales fuertes en recompensa de lo que podía sacar de brindis, porque se les prohibió absolutamente el hacerlo; y ciento veinte reales también fuertes por tres toros que se les dieron…”(5)

Ya hablamos al principio de “la mala prensa” que tenía el oficio de torero, desde los tiempos de Alfonso X el Sabio que duró desde aquel siglo XIII hasta finales del XVIII.

José María de Cossío, en su tratado “Los Toros”, nos da cuenta que los toreros intentaban ajustarse, para todas las corridas de la temporada, en la misma plaza, al tiempo que nos informa del problema que tubo Costillares, en 1778, con la Junta de Hospitales de Madrid, por pretender que se abonasen todos los emolumentos del contrato si algún torero caía herido.

En aquellas fechas Costillares estaba en plena competencia con Pedro Romero que, por lo que se sabe, nunca llego a plantear tales exigencias en sus contratos. Lo cierto es que las pretensiones de Costillares fueron rechazadas por la Junta, con los siguientes argumentos: “La otra parte de esta primera condición es la de abonarle por entero el salario que solicita aún cuando se inhabilitase desde la primera fiesta por herido, pidiendo que sea lo mismo con los toreros que él ponga; ¡puede, señor, querer hacer un pacto más irritante como querer hacer una renta fija por entero de un oficio, el más servil y mercenario, a costa de la hacienda de los pobres, que en tanto debe valer en cuanto tuviese ejercicio, y sin éste es tan justo cese en sus efectos, queriendo para ello trastornar del todo una práctica inconclusa y causar un ejemplar de tan perniciosas consecuencias?”.

CostillaresAún cuando parecían demasiado disparatadas las exigencias de Costillares para la Junta de Hospitales, lo cierto es que las mismas fueron admitidas el año siguiente, en 1779, fecha desde donde arranca la obligación de abonar los honorarios a los toreros que cayesen heridos durante la lidia. No obstante, las exigencias iniciales de Costillares se modificaron con posterioridad, a fin de que los gastos de los toreros que sustituyesen a los heridos no recayesen en el empresario, sino en el torero herido, que cobraba por todos los festejos contratados, y era el que se tenía que responsabilizar de aportar otro torero para suplirle y a sus expensas. Así aparece reflejado en un contrato que suscribe en 1837 Juan Jiménez “Morenillo”: “Que si en las corridas fuese herido uno de los tres espadas ganará su haber, obligándose los otros dos a suplirle matando las corridas que faltan en términos que, aún cuando estén dos heridos, el otro se obliga a matar todos los ocho toros de la corrida.”

A estas prácticas picarescas puso fin un valiente empresario de Madrid, D. Indalecio Mosquera, que planteó la cuestión en 1910 a los toreros de tronío de la época, como Ricardo Torres “Bombita” y Rafael González “Machaquito”, no sin antes producirse varias ruidosas escaramuzas entre ambas partes, venciendo finalmente el empresario que consiguió se incluyese una cláusula en el modelo de contrato, de la Asociación de Matadores de Toros, que permanece hasta hoy, : “Si en alguna corrida anterior a la que se concierta por este contrato fuese herido o lesionado el espada contratado, como asimismo si quedase inutilizado por enfermedad u otro impedimento físico, legalmente justificado, y no pudiera presentarse a trabajar, la Empresa queda en este caso en libertad absoluta de prescindir de la actuación del espada, sin que éste ni ninguno de los individuos de la cuadrilla tengan derecho, por este motivo, a indemnización de ninguna clase.”

Hoy en día los contratos de toreros están regulados por el “Convenio Colectivo Nacional Taurino”, suscrito, con fecha 3 de marzo de 2009, de una parte por la Asociación Nacional de Organizadores de Espectáculos Taurinos (ANOET), en representación de las empresas del sector, y de otra por la Unión Profesional de Matadores de Toros, Novilleros, Rejoneadores y Apoderados (PROTAUNI), TAURA Unión de Toreros, la Unión Nacional de Picadores y Banderilleros Españoles, la Asociación Sindical de Mozos de Espada y Puntilleros, y la Federación de Servicios de UGT, en representación del colectivo laboral afectado, y de conformidad con lo dispuesto en el artículo 90, apartados 2 y 3 del Real Decreto Legislativo 1/1995, de 24 de marzo, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley del Estatuto de los Trabajadores y en el Real Decreto 1040/1981, de 22 de mayo, sobre registro y depósito de Convenios Colectivos de trabajo, en esta Dirección General de Trabajo. Dicho convenio fue aprobado mediante Resolución 5653, de 25 de marzo de 2010, de la Dirección General de Trabajo, por la que se registra y publica el Convenio colectivo nacional taurino, publicado en el B.O.E. nº 85, jueves 8 de abril de 2010, cuya vigencia finaliza el 31 de diciembre de 2012 y de no ser denunciado, por ninguna de las partes, quedará prorrogado automáticamente, por periodos anuales.

En dicha Resolución están minuciosamente especificados todos los conceptos relativos a competencias, modelo y visado de contratos, comisión de seguimiento, clasificaciones de plazas y profesionales, etc.

A modo de ejemplo, vean las cuantías mínimas a percibir en Plazas de 1ª, que se fijan en dicha disposición, para los Matadores y Novilleros de distintos grupos de clasificación, que pueden ser consultados en la pág. 32019 del BOE  nº 85 citado. Dichas cantidades serán incrementadas anualmente en el porcentaje del IPC más un punto:

Honorarios a percibir (en euros) desde 1 de enero de 2009

                                  Plaza   Cuadrilla   Gastos Gles   Honorarios  Total mínimos

Matadores Grupo A             7.649          5.485             4.845            17.979

Matadores Grupo B             5.993          3.039             4.486            13.518

Matadores Grupo C             5.993          2.982             3.190            12.165

Matadores de novillos en novilladas picadas

Novilleros   Grupo A            4.092          1.176                858             6.126

Novilleros   Grupo B            4.017          1.041                858             5.916

Novilleros   Grupo C            4.017            838                 858             5.713

Como puede comprobarse ni es “oro todo lo que reluce”, ni es verdad que perciban unas cuantías tan exiguas, en el caso de ciertos Matadores de toros; otra cosa es la situación de los Novilleros, que en muchos casos, se dice y se constata, tienen que pagar por torear, en un porcentaje que se conoce como “el 33”.

Hasta aquí unos cuantos ejemplos de las formas de contratarse los toreros desde la  antigüedad hasta nuestros días. Estoy seguro que cualquier aficionado, leído, puede aportar muchos más datos de los que aquí expongo.

BIBLIOGRAFIA
(1).- José Brotóns Picó. “España, los toros y su entorno”, 2003.-Ayuntº Cartagena.
(2).- Rafael Guerra “Guerrita”,La Tauromaquia, Tomo I, pág. 483
(3).- José Sánchez de Neira (1823-1898), “El Toreo”, pág. 254)
(4).- Manuel Serrano Romá, en Aplausos, 1983
(5).- Luis del Campo, “Pamplona y Toros s. XVIII”
(6).- Enrique Asín Cormán, “Los toros josefinos”

►La versión original de los trabajos de Placido González Hermoso se publican habitualmente en su página “Los hitos del Toro”, que se localiza en la dirección electrónica http://www.losmitosdeltoro.com

Compartir:  Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a YahooEnviar a Meneamé
  |   Imprimir  |   Corregir  |   Enviar  |  
Comentar 0
Comentario (máx. 1500 caracteres - no utilizar etiquetas HTML)


Título (obligatorio)


Nombre (obligatorio)


E-mail (obligatorio)


Por favor rellene el siguiente campo con las letras y números que aparecen en la imagen superior
     
NOTA: Los comentarios son revisados por la redacción a diario, entre las 9:00 y las 21:00. Los que se remitan fuera de este horario, serán aprobados al día siguiente.
CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD
Todos los comentarios publicados pueden ser revisados por el equipo de redacción de taurologia.com y podrán ser modificados, entre otros, errores gramaticales y ortográficos. Todos los comentarios inapropiados, obscenos o insultantes serán eliminados.
Taurologia.com declina toda responsabilidad respecto a los comentarios publicados.
Esta noticia aún no tiene comentarios publicados.

Puedes ser el primero en darnos tu opinión. zTe ha gustado? zQué destacarías? zQué opinión te merece si lo comparas con otros similares?

Recuerda que las sugerencias pueden ser importantes para otros lectores.
 Otros artículos de Documentos
TEXTO INTEGRO: Pliego definitivo para el concurso por la Plaza de Bilbao
Los números de la Tauromaquia se estabilizan, tras años de pérdidas
El Senado insta al Gobierno para que se reconozcan los valores de la Tauromaquia y de la caza
Victorino Martín: "La tauromaquia es el regalo cultural de España a la humanidad"
El Constitucional considera que la ley balear desfiguraba y hacía irreconocible a la Fiesta
Dos debates sobre los toros en 24 horas
Profesor Fernández de Gatta: Sugerencias para el futuro de las Presidencias
La polémica sobre la ruptura (y retirada) de Alejandro Talavante y Toño Matilla
TEXTO ÍNTEGRO: Sentencia que condena a la Generalitat a indemnizar a la Empresa Balañá
La biografía de Juan Belmonte, un ejemplo del talento periodístico de Chaves Nogales
PUNTO DE VISTA
Con la disputa Casas-Bautista, al fondo

La absoluta falta de transparencia del negocio taurino


La dura polémica que ahora enfrenta a los empresarios Simón Casas y Juan Bautista, en el fondo conduce a un tema recurrente: la total falta de transparencia en la que se mueven os gestores taurinos. No se conoce el caso de una empresa de este sector que hay dado publicidad a sus cuentas oficiales; tan sólo algún comentario marginal con éste o con aquel dato. Sin embargo, mientras que el negocio taurino esté inmerso en esta opacidad, su credibilidad se mantendrá bajo mínimos.


Ortega y Gasset

LA TAUROMAQUIA DE LOS GRANDES MAESTROS
Repaso histórico a través de las grandes figuras


El pase natural, la verdad siempre permanente en el Arte del Toreo


Decía Felipe Sassone que "el toreo al natural es el que se realiza con la mano izquierda, el estoque en la derecha y el corazón en medio". No es fácil matizar más con tan pocas palabras la realidad de una de las suertes fundamentales del toreo, como es el pase natural, que unión con el lance a la verónica conforman el verdadero núcleo duro del toreo de siempre. Aunque en la teoría taurina podemos remontarnos hasta Pepe-Hillo y sus continuadores, hay que reconocer que la realidad del pase natural tal como hoy lo conoceos arranca fundamentalmente de Joselito y de Belmonte, para luego ir adquiriendo una personalidad propia en el quehacer de las grandes figuras, que hicieron realidad esa definición de Sassone: además de la técnica, pusieron el corazón de por medio.


ESPECIAL TAUROMAQUIA
Especial Tauromaquia
José María Requena


© 2019 Docol Mediatica, S.L.   |   Enlaces   |   Hemeroteca   |   Quiénes Somos   |   Contacto   |   Política de Privacidad   |   Aviso Legal   |    RSS   |