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BILBAO: 5ª de las Corridas Generales, 7ª del abono
La corrida que la Junta Administrativa nunca debió embarcar en el campo
Nos quedamos sin ver la recuperación de Iván Fandiño (elrincontaurino.es)
Tarde desesperante para quien acudió a los tendidos. Una corrida impresentable, vacía por completo de virtudes. Pero ahí acaba la responsabilidad exclusiva de su criador, Antonio Bañuelos. El problema de fondo es más profundo. Y es que no se puede entender que se lidie una corrida que es la antítesis del "toro de Bilbao", cuando la Junta Administrativa dedica todo un año a elegir y supervisar el ganado que se lidiará en agosto. Con tantas visitas al campo, tiempo sobrado tuvieron para advertir al criador que lo que pastaba en la dehesa no estaba dando, por el motivo que fuere, el tipo ni las características exigibles. Ni el ganadero ni la Junta rectificaron cuando se estaba a tiempo, sino que se siguió adelante y hasta dieron su aprobación para que se embarcara.
Actualizado 28 agosto 2015  
Redacción   
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BILBAO. Quinta de las Corridas Generales y séptima del abono. Algo más de media plaza. Toros de Antonio Bañuelos, de muy pobre presentación y poco juego. Juan Serrano “Finito de Córdoba” (de negro y plaza),  silencio y silencio. Iván Fandicho (de rosa y oro), vuelta al ruedo y ovación. Alejandro Talavante (de gris plomo y plata), silencio y pitos.

Se pierde en la noche de los tiempos que los tendidos de Vista Alegre se pusieron de pie al grito reivindicativo de “¡Toro, toro, toro!”. Lo de este viernes ha sido bochornoso, un fracaso sin paliativo alguno. La corrida de Antonio Bañuelos nunca debió ser embarcada en el campo. Pero no nos engañemos. El ganadero ha fracasado por lo descastada y carente de todo celo y poder de sus toros y tendrá por ello su cuota de responsabilidad. Pero la  responsabilidad más auténtica de lo ocurrido corresponde íntegramente  a la Junta Administrativa y a su Comisión Taurina, que fueron los que la eligieron con meses de antelación, los que la supervisaron con sucesivas visitas y los que le dieron su visto bueno a la hora de llevársela de la finca.

Repiten hasta la saciedad que desde que acaban unas Corridas Generales comienzan a valorar las camadas de la temporada siguiente, para elegir los ocho hierros que deben formar el abono, a base de visitar periódicamente un número amplio de dehesas para observar, primero, como vienen las camadas de la siguiente año  y luego para ver cómo  van evolucionando los toros que han seleccionado.

Como no hay por qué dudar que sea verdad que al campo los comisionados van a trabajar no de turismo, tiempo y oportunidades han tenido para comprobar que lo de Bañuelos, por el motivo que fuere –que es cuestión ganaderamente compleja--, no había conseguido alcanzar el nivel necesario para Bilbao, que había llegado agosto no había puesto lo que le faltaba.  La responsabilidad les debería haber llevado a buscar en otra dehesa la corrida alternativa que cumpliera los requisitos precisos, los que pide la afición bilbaína, los que la propia Junta alardea de ofrecer en sus carteles. Y en el campo bravo sobran corridas a barullo.

Resulta una auténtica falacia tratar de quitarse de encima este grave error acudiendo a argumentos marginales. Desde luego, acudir al formalismo que cumplían los requisitos reglamentarios no dejaría de ser un sarcasmo, que basta repasar la hemeroteca de las declaraciones de la propia Junta para desmentir tal argumento.  Y es que antes de decidirse por lo de Bañuelos la Junta ya sabía --o debía saber-- que era una ganadería morfológicamente de lo que se llama un toro bajo, diríase que incluso recortado. Pero como el trapío no lo decide la báscula, dentro de esa morfología en Madrid se le vio un corridón incontestable, que además salió buenísimo. Por eso, el problema no es la morfología genérica del animal, es de su desarrollo concreto a lo largo de la crianza, muy especial en su último año. Por eso se dan diferencias notables entre lo que se conoce como la cabecera de la camada y las demás corridas. Y a vigilar semejante asunto se dedica oficialmente la Junta, a la vez que es responsabilidad del ganadero.

La historia a este respecto resulta incontestable. Pero no es cosa de dar la vara con los tiempos pasados. Pero al menos hay que escribir, como bien recordarán los que asistían a las Corridas Generales años atrás,  que cuando Manolo Chopera regía esta plaza, en el palco se sentaba don Dídimo Carbajo y a los veterinarios los dirigía don Tomás Cotano, todo este triste y lamentable espectáculo no se dio jamás. Y eso que Chopera invariablemente incluía en el abono una las tres variantes que la familia Buendía criaba en San José de Bucaré, el encaste probablemente con más problemas para cumplir los cánones del “toro de Bilbao”. Sin embargo, entonces los cumplía.

Pero que la responsabilidad corresponda fundamentalmente  a la Junta no quita para remarcar, además, que la autoridad no puede eludir la suya, en la medida que no ha tenido la fortaleza o la responsabilidad para en los reconocimientos previos rechazar la corrida. No se pueden ahora encoger de hombros como si la cosa no fuera con ellos.

Los desaciertos al aceptar unos y otros esta corrida quedaron ya en evidencia en cuanto apareció en el ruedo “Dorado”, que cosechó las primeras protestas de los aficionados, protestas que luego se prolongaron hasta que se arrastró el sexto en medio de fuertes muestras de rechazo.  Ni los que tenían unas cabezas algo más ofensivas, como el que hizo 4º, conseguía tapar sus carencias.

Pero a continuación hay que afirmar con la misma claridad que tampoco ninguno de los toros elegidos para su lidia aportó ese mínimo de buen juego que hiciera aplazar las protestas; todos parecían cortados por el mismo patrón de no ofrecer ni una embestida clara y larga, sino que siempre movían a arreones y sin clase alguna. Con lo cual, entre pitos y flautas, la tarde se fue en blanco, para mayor desdicha del ganadero.

De esta forma Bilbao se vio privado de ver como Iván Fandiño ha recuperado el sitio que perdió un Domingo de Ramos en Madrid. Siempre estuvo entregado sin freno ni marcha atrás, pero tanta voluntad se estrellaba contra la nula calidad de los “bañuelos”. Con todo, suyos fueron los mejores momentos de la tarde, con un empeño que parece sacado de esa gran historia de “los toreros de hierro”. Y a los dos los mató guapamente.

A efectos taurinos, en la práctica el peor librado acabó siendo Alejandro Talavante. En detalles aislado, como la larga de pie con que recibió a su primero, apuntaba a ese torero diferente que anda revolucionando la temporada. Un triunfo rotundo en Bilbao habría confirmado su nueva etapa. Pero la corrida de esta tarde ha sido un fiasco, en el que involuntariamente aparece como principal damnificado.

Nunca fue Finito torero de peleas; que este viernes se limitara a lidiar aseadamente a su lote está justificado.

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