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SEVILLA 2015: Ultima de feria
Dávila Miura y Escribano pusieron la fiesta para el 75º aniversario
Manuel Escribano llevando templadamente y por abajo al 5. (La Maestranza)
Final feliz para la feria de los ausentes. Se conmemoraba que la ganadería de Miura conmemoraba su ininterrumpida presencia en la Maestranza durante 75 años. Y para empezar, la histórica ganadería brindó tres toros de un gran interés, con dos tercios de varas magníficos. Un hombre de la familia, Dávila Miura, puso mucho más que la nota sentimental: mató la corrida con holgura y además triunfo con su 4º. Firme y valiente, Manuel Escribano se llevó a la gente detrás con el 5º. Iván Fandiño, en cambio, bailó con la más fes: los dos "miuras" más imposibles del conjunto.
Actualizado 26 abril 2015  
Redacción   
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SEVILLA. Ultima de feria. Más de  tres cuartos de plaza, en tarde que comenzó lloviendo, pero luego discurrió con sol y viento. Toros de Miura, de imponente presentación y juego… miureño, esto es: cambiante y con mucho que lidiar; los mejores, 2º y  5º , muy ovacionados al arrastre, espectacular ante el caballo el 6º que luego desarrolló sentido y tuvo sus opciones el 4º. Eduardo Dávila Miura (de teja y oro), que reaparecía para esta corrida conmemorativa de su Casa, ovación y una oreja. Manuel Escribano (de rioja y oro), ovación y una oreja. Iván Fandiño (de champán y oro), silencio tras un aviso y silencio.

75 años sin fallar nunca a esta plaza son como para darse una alegría. Y se la dieron, para compartirlo con todos. Una corrida muy seria, en el tipo de la Casa, con sus riesgos y sus virtudes, pero siempre con emoción e interés.  Y, además, dio espectáculo. Es lo que ocurre con el toro de lidia cuando se presenta en toda su integridad.

Espectacular ante el caballo resultaron el 2º y el 6º, en dos varas arrancándose de largo, con alegría y romaneando. Tanto José Manuel Quinta como Rafael Agudo correspondieron con unos magníficos puyazos. ¿Quién dijo que para adaptarse a los nuevos tiempos y gustos había que disimular este primer tercio? La pura verdad: quien no sepa emocionarse con tercios como los que hoy se vieron, mejor que lo deje, los toros no es lo suyo, que se busque otra forma de ocupar su ocio.

Respondiendo a su encaste, naturalmente de los “miuras” se espera cualquier cosa menos bobalicones de ir y venir como el que anda de paseo. Sigue vigente su comentada “gaita”, como exigen de una lidia muy precisa, sabiendo que es un toro que no permite el atragantón de meterse  entre los pitones, que exigen sus terrenos… Nada nuevo, porque eso ya era así en tiempos de las generaciones anteriores a Belmonte. Precisamente por estas singularidades un triunfo ante estos toros tiene tanto valor. Hoy como ayer. Tan es así que cuando por esos misterios de la genética el miura es otra cosa, la decepción es enorme.

Hubo sus más y sus menos con la decisión de Dávila Miura, retirado de los ruedos hace ya nueve años, de estar en el cartel del 75 aniversario de los toros de su Casa. Pero las ilusiones en ocasiones son tan poco consistentes… Para dejar claro sus propósitos, desde el primer momento el sevillano demostró que lo suyo iba en serio, que no era precisamente un capricho. Como si no se hubiera retirado, se fajó con sus dos toros.

Ya con el que abría plaza, blando de manos, se pudo ver como Dávila Miura no había perdido el sitio: supo manejar los terrenos, los tiempos y la colocación a la medida de su enemigo. Una faena muy digna, muy para  los miuras. Se creció ante el 4º, ante el que con el capote dejó unos lances muy templados. Midiendo las distancias, fue construyendo su faena de muleta, muy entregado y firme el torero, con muletazos largos y por abajo, para luego recetarle un espadazo en la yema que puso al toro patas arriba en cosa de muy pocos segundos. Una oreja de mérito. Y muchas opciones a ser titular del premio a la mejor estocada de la feria.

Entre los taurinos se decía que a Escribano le habían tocado en el sorteo ese lote que suelen formar con el más chico y el más grande. Puro eufemismo;  el chico no era chico y el grande no era grande sino grandísimo. Pues con ese lote Manuel Escribano ha confirmado en este final de feria dos cosas: que lo suyo con el victorino del otro día no era por casualidad y que ha recuperado muchos enteros de su carrera, después de la dubitativa temporada pasada. Quizá aceleró un poco las cosas con el bravo que hizo 2º. Después de hacer el péndulo, dejándoselo llegar desde lejos, tuvo demasiadas urgencias por agobiar al toro en sus cercanías, cuando además siempre citaba con la muleta retrasada, y la faena se diluyó. Muy firme ante el 5º, con una agobiante espera rodilla en tierra en la puerta de chiqueros. Su faena de muleta tuvo mucho mérito, sobre todo porque la desarrolló toda ella desde la verdad y con firmeza de pies. Natural que en algunos momentos faltara la limpieza en el muletazo, para eso estaba ante un miura que no había abdicado de su condición. Pero muy toreramente se entregó sin trampa ni cartón. La espada caída le privó de la segunda oreja, que una parte del público pidió con insistencia. Si todo esto lo repite ahora en Madrid, la temporada le va a ir sobre ruedas. Incluso de un Mercedes.

Parece como si estuviera escrito que ésta no sería la feria sevillana de Fandiño. No lo pudo ser en la primera parte y mucho menos en la segunda, donde le correspondieron los dos miuras que llegaron con más complicaciones y menos recorrido a la muleta.  Sin mayores lucimientos, que resultaban imposible, a los dos les pudo el torero vasco.

Penúltima de feria
Mañana de lluvias, éxito de Fermín Bohórquez

SEVILLA. Penultima del ciclo feria. Media entrada, en una mañana lluviosa y desapacible. Toros de Benítez Cubero, reglamentariamente despuntados, manejables pero sin fondo. Fermín Bohórquez, que se despedía de Sevilla, una oreja. Joao Moura, vuelta al ruedo tras petición. Leonardo Hernández, ovación. Manuel Manzanares, ovación. Luis Valdenebro, vuelta al ruedo. Lea Vicens, vuelta al ruedo. 

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