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MADRID: Corrida de la Beneficencia
Detalles muy toreros y un paso más de Ginés Marín, con la mente puesta en el ministro de Cultura
Ginés Marín, en su original comienzo de faena al 3. (Plaza 1)
El día en que un antitaurino llega a la cartera de Cultura, Las Ventas se llenó de amantes de la Tauromaquia. ¿Servirá de algo? Habrá que darle los inveterados 100 días de gracia --que luego son los propios políticos los que se los saltan--, pero es seguro que ya le han informado que en el mundo del toro han saltado todas las alarmas. Como si hubieran advertido que era día de pocas celebraciones, la corrida de Alcurrucen se mantuvo bastante por debajo de lo que es habitual. Y eso condicionó el desarrollo de la Beneficencia. Con todo, en el recuerdo quedan unos naturales recios de Antonio Ferrera, los apuntes templados de Perera y el paso adelante que dio Ginés Marín, además de su original comienzo de faena con su primero.
Actualizado 6 junio 2018  
Redacción   
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MADRID. Trigésima de San Isidro. Corrida fuera de abono de la Beneficencia. Casi lleno: 23.289 espectadores (98,6% del aforo.) Toros de Alcurrucen (Hnos. Lozano), de correcta de presentación, pero de un juego desigual y casi todos exigentes; sin ser completo, el mejor el 3º. Antonio Ferrera (de grana y oro), ovación tras dos avisos y silencio. Miguel Ángel Perera (de gris perla y oro), silencio tras un aviso y silencio tras un aviso. Ginés Marín (de turquesa y oro), una oreja y silencio.

Como es tradicional, desde el Palco Real presidió el festejo S.M. el Rey don Juan Carlos, a quien acompañaban su hija la Infanta Elena y su hermana la Infanta Pilar. A su llegada al Palco, en medio de una ovación, se interpretó el himno nacional.

Como en esta feria se abusa bastante de hacer saludar a las cuadrillas. conviene ser muy selectivo. Hoy se hace necesario destacar los dos puyazos que Guillermo Marín recetó al 3º. 

No fue casualidad que los tercios de banderillas resultaran tan irregularidades: los adornos especiales que el CAM encargó para los palitroques, más que un adorno eran un inconveniente. El autor de los adornos se lució.

 

El Rey don Juan Carlos, siempre fiel con la Fiesta (Plaza 1)

El día que un antitaurino y tertuliano de la TV rosa llega al ministerio de Cultura, la plaza de Las Ventas prácticamente se llenó; faltaron por vender 335 localidades del total de 23.634 que afora el recinto. Pues mire, Sr. Ministro, le daremos los 100 días de gracia, pero por si le sirve de orientación, tan pocos no somos los aficionados como para mandarnos a la marginalidad oficial, que a la social no lo va a conseguir, ni usted ni todo el Gobierno en corporación. A modo de consolación: el deporte no queda mejor parado que el mundo del toro en las opiniones del neo ministro. Esperemos que, al menos, se salve el Prado.

 

[Antes de entrar en materia, una nota al margen: no hace tantos años cuando quedaba por vender ese poco más del 1%, que además eran de las más baratas,  no faltaba el apoderado que las compraba, para que su torero presumiera de haber puesto el “No hay billetes” y en Madrid].

 

Una decepción dejó en el recuerdo la corrida de Alcurrucen. Han puesto el nivel tan alto que cuando vienen días como este miércoles, la decepción se hace mayor.  Ni siquiera echaron ese toro tan completo que permite a los aficionados  olvidarse de todos los demás. Apuntaba buen camino el que echaron como 3º, pero le faltó ese paso de más que siempre hace diferente a los toros de esta hierro. Con una presentación sin excesos, salvo el 6º, que estaba más hecho y con más leña, el conjunto fue bastante plano en bravura y en esas condiciones que la definen. Salvo el 2º, con el que tanto se lució el varilarguero Guillermo Marín, ningún otro destacó en ese momento tan crítico para la buena lidia, hasta el punto que alguno hubo de ser picado en los terrenos próximo a toriles. 

 

Para el torero no regaló comodidades. Pase que en el primer tercio es una ganadería a la que difícilmente se le puede cuajar con el capote. Siempre se dijo que había que esperarlos ante la muleta. Pues en este caso, a semejante trance  llegaron con viaje en fase menguante, con el celo muy justo y sin acabar de romper hacia delante ante los engaños. Acometiendo la mayoría sin humillación,  más de uno soltando la cara y exigiendo mucho. Tratando de romper esta mala inercia, el 3º metía bien la cara; su problema era luego, cuando no remataba el muletazo.

 

Volvía por tercera vez en esta feria a Madrid Antonio Ferrera. Apuntó  su toreo caro en las primeras series con el que abría la función: unos emocionantes, vibrantes y bien rematados naturales. Pero con la derecha, aquello era otro cantar para el de Alcurrucen. Se fajó el extremeño con este toro encastado. Y se le reconoció, aunque se demoró en exceso con los aceros. Condicionado por unas inoportunas rachas de viento, más complicado resultó meter en los engaños al 4º, que era tan pronto como incómodo.

 

No tenía mal estilo en sus embestidas el que se lidió como 2º. Perera lo comprobó en las dos series iniciales; pero como si se le hubiera indigestado, tras un intento con la zurda, el de Alcurrucen se paró y se vino a nada. Aunque con mayores bríos iniciales, un recorrido similar hizo el 5º: aceptó de buen grado el inicio de faena, incluso en unos derechazos pudiéndole; pero desde ese punto ya decidió bajar la persiana y se apuntó a no pasar.

 

Ginés Marín entendió incluso con generosidad a su primero, en el que cuajo un quite excelente, muy toreramente replicado por Antonio Ferrera. Con un original, pero con mucho tirón, comienzo de faena, supo llevar al alcurrucen con temple y con largura sobre la mano derecha. Mantuvo buen nivel cuando cambió de manos, para concluir con unas muy reunidas bernardinas. Pese al pinchazo previo a la estocada, se le concedió una oreja, Luego con el 6º, más ofensivo y con empuje, demostró que, aunque no tiene edad para haber salido de quintas,  es de los que se visten por los pies. Sin probaturas ni rodeos, directamente poniéndole la muleta y a distancia citó Marín, para dejar una serie sólida. El conjunto de su faena tuvo importancia. Pero pronto nació la contradicción tradicional de un sector: el repetido “crúzate”. Pese a que insistieran con empeño, la realidad a lo mejor era otra: quien se descruzaba era el toro, con su salida suelta. Y había que elegir: o dar los muletazos de uno a uno después de recolocarse, o tratar de hacerlo de forma ligada. Con este “Cochero” las dos cosas a la vez eran simplemente imposibles.

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