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Análisis de la temporada
Esto es lo que hay, señores
El Juli, en Sevilla
Aficionado de reconocida solvencia, José Luis García García, decano de los Presidentes de España y titular en la plaza de Segovia, ha elaborado un amplio y detallado análisis de lo que se ha podido ver en los ruedos a lo largo de la temporada de 2011. Su análisis concluye, con toda lógica, con la reivindicación del toro en toda su pureza y en toda su integridad. Pero su conclusión no le obvia, como aficionado, para poner de manifiesto también otros valores toreros que protagonizaron el año.
Actualizado 27 diciembre 2011  
Redacción   

José Luis García García
Presidente de la Plaza de Toros de Segovia
Decano de los Presidentes

Desde hace tiempo se viene escuchando en los foros taurinos, sobre todo por parte de los propios profesionales, que hoy el toro sale más bravo que nunca e incluso que la fiesta goza de buena salud.

A estas alturas de la temporada ya se han celebrado todas las ferias más importantes, pues, dejando aparte la de Castellón con la que oficialmente siempre daba comienzo la temporada, los toreros han ascendido varios de los puertos de primera, y así pudimos ver lo que aconteció en la feria de las Fallas de Valencia, la de Abril de Sevilla y en especial la de San Isidro Madrid. Las tres que, junto a otros dos puertos de categoría especial como son las de San Fermín en Pamplona y las Generales de Bilbao, conforman el ciclo de ferias más importantes del orbe taurino, sin menosprecio de otras también importantes como son las de Málaga, Salamanca, Murcia, Albacete, Valladolid, Logroño o Zaragoza.

Analizando lo que fueron las de Valencia, Sevilla y Madrid, varios denominadores comunes encontramos en ellas; de una parte, por lo que respecta al ganado lidiado, en términos generales resultaron malas, tanto en cuanto a la presentación, que en bastantes de los festejos dejó mucho que desear, como en cuanto al juego de los mismos. Es verdad que hubo toros sueltos buenos, pero lo que se dice corrida completa no hubo ninguna. El toro ha bajado en presentación en muchas ocasiones y sobre todo en bravura y en fuerza, y cuando falta la casta y la fuerza, la piedra angular de la fiesta, el toro, adolece de dos de las condiciones fundamentales.

De otra los toreros, y en este apartado tampoco se pueden echar las campanas al vuelo. Mucho toreo sin mando ni dominio, sin cargar la suerte, colocaciones fuera de cacho, tirando líneas; en definitiva toreo de mentira.

Por encima de todos El Juli que, como siempre, sale a por todas en cada plaza, siendo un ejemplo de profesionalidad. Atraviesa un momento espléndido desde hace ya algunas temporadas y, como tiene una cabeza privilegiada, los toros en sus manos parecen otros, los buenos aún mejores y los regulares aparentan buenos, aunque por lo que respecta a la suerte suprema mucho se podría hablar de la forma de ejecutarla.

En otro nivel José Mari Manzanares, a quien no vamos a ningunear los muchos méritos que atesora, ese temple estratosférico del que sólo los privilegiados están dotados, pero ¡ay, esa pierna de salida!, la pierna contraria, que por norma siempre la deja retrasada, escondida, con la justificación, como la mayoría de los toreros ahora, de que de esa manera el muletazo resulta más largo; lo de dejar la pierna contraria retrasada no es nuevo, ya alguna primerísima figura de los años sesenta también lo hacía, pero eso de que el muletazo resulta más largo no es justificación, pues no es otra cosa que un muletazo descargando la suerte, es un muletazo carente de pureza, y en la pureza radica una de las esencias del toreo.

Allá por el mes de marzo tuvo lugar la feria de Valencia, donde El Juli ya comenzó apretando el acelerador, y de la que podríamos hablar de la ganadería de Fuente Ymbro, en cuanto a presentación se refiere, como la más destacada, y en el lado opuesto la de Las Ramblas sobre todo, cuyos toros eran impropios no ya para una plaza de toros de 1ª categoría como la de Valencia, sino incluso para plazas de 2ª categoría. ¡Que pena, señores!, con la de toros que hay en el campo y que no fueran capaces, o no quisieran, llevar una corrida dignamente presentada y armónica, y si no la había, mejor hubiera sido no ir. Aunque también hubo otras ganaderías que no fueron un dechado de presentación precisamente, caso de Jandilla o Núñez del Cuvillo. Más de lo mismo.

Después la feria de abril de Sevilla, donde, otra vez el mismo torero, El Juli continuó en su línea de poderío. Ya en la corrida del Domingo de Resurrección quiso dejar bien a las claras quien es el que manda en el toreo y lo corroboraría más tarde en la feria, aunque de las orejas se podría hablar largo y tendido, pues no sólo con él, sino con otros también, como el caso de José Mari Manzanares, el palco de la Real Maestranza fue generoso en exceso.

Y del indulto del toro de Núñez del Cuvillo ¡qué decir! Un toro que no se empleó en el caballo, del que salió prácticamente suelto las dos ocasiones que acudió al mismo, que durante la faena de muleta por dos veces quisiera irse a tablas y que se abría al final de los muletazos, nunca debe ser indultado, ni en esta plaza ni en ninguna otra, pero siempre hay quien encuentra la justificación diciendo que si el indulto es bueno para la fiesta por los ataques que está sufriendo, que si es bueno para la ganadería de bravo; lo que es bueno para la fiesta es la regeneración de la misma, la regeneración del toro de lidia y del toreo, eso sí que es bueno y sí así fuera pronto veríamos la respuesta positiva del público.

Aunque esa falta de bravura y de fuerza antes aludida queda de manifiesto en la denostada suerte de varas en la actualidad, tercio que prácticamente se limita a un puro trámite la mayoría de las veces, incluidas las plazas de primera categoría donde reglamentariamente son preceptivos DOS PUYAZOS, no dos picotazos, cuando no a masacrar el toro en el primer o único puyazo.

Pero, sigamos con el toro en Sevilla donde en el capítulo de corridas mal presentadas podríamos meter a las ganaderías del Conde de la Maza, el Pilar, Fuente Ymbro, Torrehandilla y Torreherberos y Manolo González sobre todo, y en el de mal juego de las reses, las ya citadas del Conde de la Maza y Manolo González, El Ventorrillo, Dolores Aguirre y Alcurrucén, una corrida ésta que hacía presagiar todo lo contrario por su buena presentación y hechuras, pero que se quedó en eso, en fachada.

Y qué decir de la feria de San Isidro. Pues que hubo de todo, caso de las orejas generosas a El Juli, Castella, Manzanares. Ganado mal presentado como las corridas de Palha, Núñez del Cuvillo en las dos tardes que lidió, El Cortijillo, los ejemplares de Parladé y Juan Pedro que sustituyeron a la corrida anunciada de Garcigrande,  y, bueno, cómo sería lo que presentaron Garcigrande y El Torreón, cuando al primero le rechazaron trece toros en el reconocimiento y al segundo también todos.

A pesar de todo, justo será reconocer el mérito a los dos toreros que están mandando ahora mismo, El Juli y Manzanares, y otros dos que también sobresalieron en sus actuaciones, Alejandro Talavante e Iván Fandiño, así como a los novilleros Sergio Flores y al segoviano Víctor Barrio que dio la cara en dos tardes con diferentes encastes los santacolomas de Flor de Jara y los juanpedros de El Ventorrillo, hecho que no sucedía desde Manuel Caballero, cuando en 1991 se acarteló con las novilladas de Carlos Núñez y Palomo Linares las tardes del 20 y el 30 de mayo,  debiendo hacerse también una mención al matador César Jiménez, aunque esperemos que lo de éste no sea flor de un día.

En el apartado ganadero además de toros sueltos buenos de varias ganaderías, José Escolar, Peñajara, Alcurrucén, Núñez del Cuvillo, Valdefresno, Puerto de San Lorenzo, citar a tres ganaderías en las que fueron varios los ejemplares a destacar, la de El Ventorrillo, Juan Pedro Domecq y sobre todas la de Hijos de Celestino Cuadri.

A la hora de redactar este artículo, aún no se habían celebrado las ferias de Pamplona y Bilbao, pero, ahora, una vez finalizadas ambas, también es necesario realizar el balance de las mismas.

En la primera de ellas destacar por encima de todo dos cosas, la presentación de la corrida de Fuente Ymbro, seria y pareja, aunque no a la misma altura en cuanto a la casta, algo que no sucedió en otras, como por ejemplo las de Victoriano del Río y Núñez del Cuvillo, sobre todo por la presentación y resultados, y dos toreros, tres mejor dicho, David Mora, Iván Fandiño y César Jiménez y, claro, el que se salió, como a lo largo de la temporada, El Juli.

Y llegó Bilbao, y esto fue otra cosa señores, diferente a todo lo anterior. En Bilbao, al margen de la corrida de Miura que mejor no hubiera ido por mal presentada, mansa e inválida, salió EL TORO. A destacar cuatro corridas por encima de todas, por presentación y juego, las de Fuente Ymbro, Núñez del Cuvillo, gran corrida en conjunto, Alcurrucén, otro tanto de lo mismo en la que sobresalió especialmente el cuarto toro, lástima del viento que obligó a que fuera toreado en el tercio y El Pilar. Luego hubo toros también buenos de otras ganaderías caso de Victorino Martín que echó varios de éstos, a ver si vuelve por sus fueros esta ganadería que falta hace. Decepcionó, además de la dicha de Miura, la de Victoriano del Río que hacía su presentación en la feria, y decepcionó sobre todo por desigualdad en la presentación, y también por su comportamiento, aunque también hubiera algún toro notable, pero ha Bilbao se debe ir de otra manera.

De los toreros, por encima de todos ese torerazo que es Morante de la Puebla la tarde del 23 de agosto, y al margen de las figuras en las que sobresalió esta vez Jose Mari Manzanares, destacar la labor de David Mora que, sin estar anunciado en la feria, terminó toreando dos tardes dando la cara siempre y quedando muy bien situado, a Daniel Luque que también estuvo muy bien y sobre todo Diego Urdiales, qué bien estuvo el de Arnedo con el toro de Victorino, aunque lástima de la espada pues la faena era de premio gordo. Y elogiar también a la Presidencia, que supo estar en su sitio en todo momento, por seriedad y sensibilidad demostradas, como ocurriera con la faena de Morante de la Puebla, que premió con las dos orejas echando los dos pañuelos a la vez; muestra de sensibilidad es esto, pero sensibilidad con el espectáculo, no la sensibilidad interesada que la mayoría de las veces invocan los profesionales.

Otro cantar es lo que está pasando con la asistencia del público fuera de los abonos de feria. Ahí está el ejemplo de las corridas de la feria de la Comunidad de Madrid y ese invento que es la feria del Aniversario donde la afluencia de espectadores ha sido exigua, al igual que sucede en Sevilla fuera del ciclo abrileño. El público hace ya algunas temporadas, antes de que llegara la crisis económica, comenzó a dar la espalda al espectáculo al margen de los abonos de las grandes ferias y a éstas también ha llegado, ahí están los ejemplos de Sevilla, donde en la presente temporada no se renovaron casi 1700 abonos, amén de la reducción en el aforo en otras 1300 localidades, y Madrid con esa escasa afluencia en la feria del aniversario. Tampoco en Bilbao se llenó la plaza más que una sola tarde, la del 25 de agosto con Ponce, El Juli y Miguel Ángel Perera en el cartel, en las demás hubo de todo, de medias entradas a tres cuartos la más. Algo está pasando al margen de la crisis económica.

Los toros son un espectáculo caro, siempre lo fueron, en 1889 una barrera de sol en la Plaza de Toros de Segovia costaba 3,50 pesetas o en 1928 una andanada en la Plaza de Salamanca el precio era de 8 pesetas, pero en el momento actual, ¿no será que no hay una correspondencia entre la calidad del festejo y el coste de las entradas? Cada vez los días de festejo se ve más cemento en las plazas, y en las ferias de provincias ni las figuras son capaces de colocar el cartel de “no hay billetes”. Las empresas deberían reflexionar y tomar iniciativas para que el público regresara a los cosos y, desde luego, los toreros aportar su granito de arena en todos los sentidos. Ofrecer, en definitiva, un espectáculo íntegro y de calidad en contraposición al amplio abanico que en la época actual tiene la sociedad, sobre todo la juventud, en el campo del ocio y la diversión.

Y si esto está así en las plazas más importantes de la piel de toro, cómo será en las de inferior categoría, sobre todo en las de tercera categoría, pero que nadie se engañe, los antitaurinos no son los culpables de como está el planeta de los toros, el mal está dentro y, por lo que se ve, pocas voluntades hay de que esto cambie. Mal rumbo lleva la fiesta hace ya tiempo, y negros, negrísimos, nubarrones se ciernen en el horizonte. No echemos la culpa a los antitaurinos ni a la crisis económica que, aún siendo cierta, es peor la crisis del toro, la crisis taurina.

No hace mucho tiempo el ganadero Juan Luis Fraile hijo manifestaba que “Ahora casi todo es Domecq y dicen que embisten más… yo no lo niego, pero veo menos emoción. También dicen que los toreros torean mejor que nunca… pero hay menos sensación de seriedad y peligro”.

Harto significativas son también las declaraciones del ganadero Álvaro Núñez Benjumea en relación a la crisis, al decir que todos hemos visto las orejas al lobo y, en mi opinión y en la de muchos otros, la crisis al final va a venir bien al mundo del toro. Va a servir para regenerar la Fiesta; para ajustar el número de festejos, muchos de los cuales eran inviables; para poner orden en algunos pliegos disparatados y, en definitiva para acercar el toro a la sociedad”.

O acerca de los indultos, cuando manifiesta que “aunque a nosotros nos han indultado cinco toros en los últimos tres años he de decir que quizá se esté abusando. Los indultos llegan siempre que hay euforia en los tendidos y una predisposición a concederlos. Pero los indultos tapan a veces carencias de los toreros y quizás también de los propios toros. En esa fase de euforia final nadie se acuerda de que, a lo mejor, el toro no ha sido tan bueno en el comienzo. Aunque a nadie le amarga un dulce, para mí los indultos, que indudablemente suponen una buena publicidad para nosotros, nunca serán definitivamente importantes para una ganadería,  y sobre éstas, las ganaderías, también se pronuncia diciendo que “se van a acabar los tiempos en los que, permítaseme la expresión, cualquiera llevaba un Mercedes. Quedarán sólo los auténticos profesionales. Hoy sobran muchas ganaderías”.

Ya Antonio Díaz Cañabate se había pronunciado acerca de la verdad de la Fiesta: «La Fiesta no es inhumana, pero tampoco cómoda. Humanizarla es exponerla en un plazo corto, pero sí fatal, a su desaparición. Para que la Fiesta subsista con la misma fuerza es menester criar el toro bravo, íntegro en su fiereza. Lo demás es un remedo, una parodia triste y monótona».

Pero el refrendo a todo esto, como no podía ser de otra manera, le hallamos en las sabias palabras del maestro  Santiago Martín “El Viti”, al decir queEl toro debe ser auténtico y el día que no lo parezca, adiós Fiesta. Porque ésta es toro, toro y TORO y, luego, torero, que se beneficia de la res, pero siempre los últimos e indirectamente”.

En fin, esto es lo que hay, señores.

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