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El 10 de julio se cumplen 200 años de su debut en Madrid
Los Flores, dos siglos de historia de una familia dedicada al toro bravo
Ni más ni menos que 200 años se cumplen el próximo 10 de julio desde que uno de los apellidos ganaderos más señeros de España apareciera por primera vez anunciado en Madrid. Se trata de D. Gil de Flores, que fue el que inició la crianza del toro de lidia en dicha familia albaceteña. Desde ese momento hasta la actualidad los ejemplares de los distintos hierros que han pertenecido a los Flores han pisado los ruedos más importantes del orbe taurino, cosechando grandes triunfos en muchos de ellos y logrando el reconocimiento de las aficiones más exigentes. A pormenorizar esta dilatada y rica historia dedica su ensayo Carmen De la Mata Arcos, que el lector puede consultar en el adjunto archivo en formato PDF
Actualizado 24 junio 2015  
Redacción   
 El Niño de la Capea y "Cumbreño", 30 años después sigue siendo una faena histórica
 ENSAYO: Los Flores, dos siglos de historia de una familia ganadera (Tamano: 2,0 Mb.)

La historia ganadera de la dinastía Flores la inicia D. Gil, que a finales del siglo XVIII adquiere la mayor parte de la vacada que poseía Benito Torrubia, vecino de Valdepeñas, de puro encaste Jijón. Enseguida traslada las reses compradas desde la llanura manchega hasta la sierra de Alcaraz, lidiando en festejos de la zona.

El 10 de julio de 1815 tuvo lugar su debut en Madrid, en la 9º corrida de abono de aquella temporada. Dicha función estaba organizada a beneficio de los enfermos pobres de los hospitales generales. En todo el día se corrieron en total catorce astados, seis por la mañana y ocho en la jornada vespertina. D. Gil de Flores lidió en tal festejo dos ejemplares que lucieron divisa anaranjada y llevaban el hierro de la F mayúscula. El cartel lo componían Curro Guillén, Manuel Alonso “El Castellano” y Juan Núñez “Sentimientos”.

A su muerte, alrededor de 1840, se definen las dos ramas principales que se mantendrían en la familia Flores: por una parte, la porción que heredó su hijo Fructuoso, que fue la más numerosa y que en el primer cuarto del siglo XX llegó a manos de sus parientes, los hermanos Flores Albarrán de Andújar y por otro lado el vecino de Peñascosa, Agustín Flores, se hace con la otra fracción considerable del ganado que poseía el iniciador de la dinastía, consiguiendo además los derechos del primitivo hierro. Una G mayúscula fue la que adoptó Fructuoso como marca de sus reses en lugar de la F que había empleado su padre, conservando idéntico color en la divisa. Debuta como ganadero en la plaza construida en la madrileña Puerta de Alcalá el 21 de julio de 1861. En dicha corrida, se jugaron únicamente dos ejemplares pertenecientes a Fructuoso, figurando en el cartel los espadas Cayetano Sanz y Antonio Sánchez “El Tato”.

Al fallecimiento de Fructuoso en 1881 le suceden en la dirección de la ganadería su viuda e hijos, si bien unos años antes Damián Flores se había hecho, por herencia, con una pequeña punta de estos ejemplares de procedencia jijona. Éstos aparecerían siempre acartelados bajo su nombre lidiándose, básicamente, en festejos menores por la zona manchega y levantina. Partiendo de la sangre existente en la familia, Damián cruzó estas reses con vacas de Veragua, adquiridas a Cristóbal Colón de la Cerda. Todo este conjunto de reses fue recibido a la muerte del propietario por su viuda, incluidos derechos de hierro (la antigua G de Fructuoso), divisa (azul, blanca y encarnada) y antigüedad (16 de octubre de 1870). En 1927 fueron vendidas todas las propiedades a Bernardino Giménez, que residía en el municipio alcarreño de Checa aunque posteriormente trasladó todas las cabezas a la provincia de Jaén.

La porción principal de ganado de los descendientes de Fructuoso Flores la acaparó Valentín Flores Navarro, que al poco tiempo de hacerse cargo de ella la cruzó con sangre de Eduardo Olea. La letra U invertida fue la marca que utilizó Valentín para sus animales, siendo el astado más famoso el corrido el 9 de agosto de 1872 en la plaza de Valdepeñas que ocasionó la muerte a uno de los picadores más populares de todo el siglo XIX, Ramón Agujetas. En 1925 Flores Navarro se deshizo de esta fracción de la vacada, vendiéndola a los ya aludidos hermanos Flores Albarrán de Andújar. Éstos enseguida modificaron hierro y divisa, variando el encaste original y perdiendo la antigüedad de 10 de julio de 1815.

En relación con los lotes establecidos a la muerte del fundador de la dinastía, hay dos nuevas subramas vinculadas a otros hierros de la casa. Una de ellas es la representada por los dos distintivos que elige Sabino Flores para marcar a fuego a sus reses: una J mayúscula y otra con forma de Z. La otra subrama emplearía una I cursiva para identificar su ganadería, además de una divisa encarnada, celeste y caña. Se trata de la porción de reses provenientes directamente de Fructuoso Flores que acabaron en poder de Higinio Flores.

Por lo que respecta a los animales adscritos a los dos hierros de Sabino Flores, el más célebre es “Renegado” que tiene el honor de ser el primer y único toro finiquitado a la usanza española en París. Con motivo de la exposición universal que se estaba celebrando en la capital francesa se construyó una plaza de madera en la calle de la Fedération para ofrecer espectáculos taurinos exentos del tercio de varas y de la muerte a estoque en el ruedo, aunque sí eran apuntillados en los corrales. Sin embargo, en la función que tuvo lugar el 4 de julio de 1889, a la que asistió la reina Isabel II, uno de los espadas actuantes, Juan Ruiz “Lagartija”, cogió la espada de acero y al tercer intento acabó con “Renegado”.

Como ya se ha aludido anteriormente, Agustín Flores era el titular del primer hierro que tuvo la familia (una F mayúscula) desde el fallecimiento de D. Gil. Con la vacada en sus manos, los astados criados en Albacete pisaron el ruedo de Barcelona en 1863 y Madrid el 25 de septiembre de 1864, fecha ésta en la cual con divisa anaranjada y negra tomaron antigüedad. En 1881 el dueño del pial primitivo de la casa, traspasó la ganadería a dos de sus nietos, los hermanos Agustín y Damián Flores Díaz, quienes mantuvieron todos los animales conjuntamente un corto espacio de tiempo, quedándose como único propietario el segundo de ellos. Éste solamente alteró los colores de la divisa (blanca, azul y encarnada), conservando todos los demás distintivos.

Encontrándose Damián ya en solitario al frente de la totalidad de las reses, realizó varios cruces con animales de otras procedencias. En 1894 incorpora un semental de casta navarra adquirido al aragonés Victoriano Ripamilán; en 1905 compra los reproductores “Yegüerizo” y “Rabicano” de Eduardo Ibarra; “Fontecillo” y “Cuchareto” fueron los siguientes padres en agregarse al grupo en 1910, pertenecientes ambos a la torada del Conde de Santa Coloma y para concluir añadió 32 becerras del Duque de Veragua. En 1921 muere Damián, heredando todas las propiedades uno de sus sobrinos, Melquíades Flores y Flores (hijo de Agustín). Hallándose la vacada en su poder, en 1924, se suman tres raceadores más del citado Conde, obteniendo enseguida buenos resultados.

En ese 1927 comienzan a emplearse toros de la otra ganadería de la familia, que se anunciaba como Samuel Hermanos, y que tenía origen Gamero Cívico. “Cubano” fue un nombre verdaderamente significativo en aquella época del hierro de la F, a tenor de los astados que con esa denominación se destacan en los medios informativos.

Tan sólo diez años más tarde de tomar las riendas de la divisa, en 1931, muere Melquíades, haciéndose cargo de ella su madre Nicolasa. Posteriormente, la heredan sus tres nietos: Leonardo, Samuel y Carmen Flores, apareciendo en los carteles como “Herederos de Melquíades Flores”. Con la defunción de Leonardo en 1941, Samuel y Carmen deciden inscribir la vacada a nombre de su sobrina, Manuela Agustina López Flores, traspasando de igual forma todos los derechos que ésta conllevaba. La mencionada señora lidió por primera vez en Madrid en la corrida del Montepío de la Policía el 11 de junio de 1959.

Entre 1967 y 1968 se transfiere la totalidad del ganado (de igual encaste) a la compañía “Agropecuaria de Sierra Morena S.A.”, cuyo representante era el hijo de la anterior propietaria, Samuel Romano López-Flores.

La historia del actual hierro de Samuel Flores se inició en 1914 cuando los hijos varones del matrimonio formado entre Agustín Flores y Nicolasa Flores (Samuel, Leonardo y Melquíades) compraron 250 vacas y el pial que poseía Eduardo Olea. A este ganado le añaden un lote de 40 hembras y 2 becerros (encaste Veragua-Santa Coloma) de la vacada que años antes había formado en El Escorial José Vega. Comenzó la andadura anunciándose en los carteles como Samuel Hermanos

En 1925 tiene lugar un cambio trascendental en el devenir de la ganadería, pues una cuarta parte de las cabezas que pertenecieron a Luis Gamero Cívico son adquiridas por Juan Domínguez Delgado, que en 1926 las vende a los Flores. Este encaste es llevado por separado de las reses anteriormente aludidas, convirtiéndose en el único que sobrevivió a lo largo del tiempo.

►►El texto integro de este ensayo se puede consultar en el adjunto archivo en formato PDF.

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