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En un mundo en el que reina universalmente la imagen
Incógnitas sobre la televisión de toros
El canal de pago que Movistar Tv ofrece a los aficionados anda en trance de abrir una nueva etapa, como consecuencia natural del relevo de Manolo Molés, que ha marcado su impronta durante varias décadas. Hay que reconocer que el mundo del toro anda algo revuelto con estos cambios, entre otras cosas porque a cada cual le gustaría colocar a "su hombre". Sin embargo se habla mucho menos de la importancia que tienen las decisiones que los gestores del canal puedan tomar. En un mundo que las tecnologías disponible ha convertido en patio de vecindad, la imagen hoy lo es casi todo. En ese marco, la Tauromaquia en su conjunto, además de reunir unos dineros que se necesitan, tiene el reto de ganar la batalla de la visibilidad social, que es el más importante.
Actualizado 30 noviembre 2016  
Redacción. Servicio de Documentación   
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La televisión (de pago) tiene hoy un problema con la Tauromaquia. Pero también la Tauromaquia tiene un problema con la televisión (de pago). Suele ser una situación relativamente frecuente en las empresas y en la comunicación, sobre todo cuando se produce la ruptura con la etapa anterior en la forma de gestión, como ahora ha ocurrido, tras la salida de Manolo Molés de la primera línea del antiguo Plus, después de muchos años habituados a unos criterios y unas formas de actuar.

Sabido es que en estos momentos hay ferias --incluso relevantes-- que necesitan de los ingresos añadidos del canon de las retrasmisiones para medio cuadrar sus cuentas. No se vive aquella época negra de los años 70, cuando las privadas se lanzaron en tromba sobre los ruedos, como creyendo que aquello iba a ser el maná que les salvaba las cuentas y las audiencias. Solo se salvó de la quema entonces TVE y luego la primitiva plataforma digital de Telefónica, que con diversas paradas intermedias de nuevo ha vuelto a manos de la operadora.

Hay que estar en la televisión. O no

Las cosas hoy son bastante diferentes. Sobre todo si se tiene en cuenta que con los medios tecnológicos actuales la televisión queda disponible para todo el ancho mundo, incluso a través de plataforma de dudosa legalidad. En esto sí que no hay fronteras. Sin embargo, ese mercado universal de los medios choca con los muros que se levantan en el toreo entre un país y otro. Un choque en la concepción del espectáculo, un choque entre las organizaciones profesionales, un choque entre los criterios de las respectivas aficiones. Pese a todo, la imagen es universal. Por eso, resulta hasta grotesco en ocasiones leer en España crónicas de festejos americanos, que no se compadecen en nada con los videos que luego pueden verse a través de internet. [Dicho sea entre paréntesis: En esto, Molés ha visto la jugada, con la internacionalización de su programa taurino en la cadena SER].

Pero si se da un paso más, no se ha terminado de despejar una gran incógnita: ¿televisar espectáculos resta afluencia a las taquillas y a las ferias?. Lo único claro es que el aporte económico se necesita en muchos casos. Hay algún estudio riguroso, como el elaborado por el profesor Vicente Royuela, que sostiene una tesis clara: la televisión fomenta que acuda más gente a las plazas; cuando creció el número de festejos, el crecimiento fue mayor --más que proporcionalmente-- en aquellas regiones que más toros se ofrecían por TV. Algunos empresarios, en cambio, sostienen lo contrario, aunque no aporten datos comprobables.

Y hay un torero, José Tomás, que no permite que se le televise. Sus continuados “no hay billetes”, ¿son fruto de esa negativa a las cámaras o a la fuerza enorme que demuestra el de Galapagar en la taquilla? Lo más probable es que sea como consecuencia de esto segundo. Y de su particular forma de encarar cada año taurino. Lo que ya está sobradamente comprobado es que se trata de un auténtico “salva abonos”. Eso lo reconoce hasta el que le mandó a torear a Senegal.

Por lo demás, desde la malhadada aventura de ANOET, de All Sports Media y del G-10, cuando no se pudieron hacer las cosas peor y que todo acabó en nada[1], los toreros ya pasan un tanto de los derechos de imagen. Les supone un añadido a su caché, pero en cualquier caso ya no se trata de un motivo de discusión, incluso cuando los pagos se retrasan.

La gran barrera con el fútbol

En cualquier caso, la Tauromaquia se queda muy lejos de las opciones que le ofrece la televisión al fútbol. El otro día se daba a conocer el presupuesto de un equipo de mitad de la tabla de Primera División. En términos taurinos, se diría que un cartel en los límites medios. Según sus cuentas, disponen para el año de 65 millones de euros; pues bien, de ellos 50 millones corresponden a sus derechos de televisión, esto es: el 77% de sus ingresos totales. Y fuera de su hinchada, salvo esa media docena de partidos estelares, no parece que en la mayoría de los fines de semana haya aglomeraciones para contratar el pago por visión.

Semejante listón queda vedado para la Tauromaquia, resulta inalcanzable. Entre otras causas, además de por las profundísimas diferencias que se dan entre una y otra actividad de masas, porque el mundo del toro no cuenta con una organización tan potente como la Liga del Fútbol Profesional, ni mucho menos dispone de un mercado potencial tan amplio. Ya es curioso que una televisión de China pague un dineral por contar con las imágenes de partidos de la Terrera División española. Eso en los toros resulta hasta impensable.

Sin embargo, para acercarnos aunque sea muy de lejos al fútbol televisado, no es menor el hándicap que representa la desestructuración del sector taurino, en el que la confluencia de intereses frontalmente enfrentados --habría que  añadir también que legítimamente--, a lo largo de la historia siempre hizo inviable todo intento de unidad de acción.

Aquí cada cual va a lo suyo, bajo la gran razón de que lo que no sea para mí se lo llevará otro. No se contempla la posibilidad del todos a una por la Tauromaquia, que luego ya en la interioridad del Sector se repartirán lo que haya en caja. A lo mejor es que un planteamiento de este tipo resulta excesivamente prosaico cuando se trata de crear arte.

Todo lo cual lleva a una conclusión: los ingresos por derechos de televisión son necesarios en la actualidad para la economía del toro; con lo que no se cuenta es con capacidad y margen para una negociación que beneficie en términos globales a la propia Tauromaquia.

La etapa post Molés

Pero si volvemos sobre las relaciones de toros y televisión, no conviene perder de vista que, sea la que fuera la opinión que cada cual tenga, lo que hoy se llama Toros TV -- el canal especializado y de pago que Telefónica se encontró dentro del Canal + a su compra--, ha estado hasta ahora marcado en todos los sentidos por la impronta y la experiencia de Manolo Molés. Y un sello tan marcado no se cambia de la noche a la mañana.

De hecho, ha sido anunciar la salida del hasta ahora responsable de las emisiones en directo para que comiencen las presiones de un lado y de otro por ocupar la silla. Algunos de los nombres que circulan constituyen verdaderos despropósitos, pero también es cierto que en la calle hace mucho frío y cada cual busca abrigo donde puede. Aunque en el pasado ya hubo sus intentos de presionar, ahora incluso dos toreros se han dado el relajo de pedir que la tribuna la ocupa tal o cual cronista. Y en esto, hay que estar de acuerdo por completo con el mensaje que días atrás difundió Molés en Twitter: “Si es verdad que los toreros proponen mi sucesor, mejor estar donde estoy”.

Pero la cuestión en juego va mucho mas allá que una silla. Los que se responsabilizan de la gestión de Toros TV no tiene pequeña papeleta. Los empresarios por un lado, los toreros por otro, todos demuestran interés por estar en ese parto, pero cada cual tocando su propia partitura. Y si los gestores, que sin duda serán magníficos profesionales --ahí es nada: hacer rentable un canal de pago dedicado al golf--, no les han salido los dientes en un mundo que entre todos hacen cada día más complicado, las cosas no serán fáciles. En ese contexto, tiene toda lógica que la primera preocupación de los gestores radique en hacer rentable al canal.

El problema, en el fondo, nace de que es la única televisión que se dedica a la Tauromaquia, sin competencia alguna, salvo incursiones muy puntuales de otras cadenas, normalmente autonómicas. Y sin embargo, la Tauromaquia necesita de este apoyo indispensable a la televisión. No sólo por dinero, sino especialmente para ganar cuotas de visibilidad social.

El cambio de aires

Todos se juegan mucho. Especialmente los del canal de pago, porque del acierto o desacierto que tengan con la remodelación y con la nueva orientación que tomen, dependerá el número de gentes dispuestas a pagar por ver toros en directo. Ventilar la casa para crear una imagen y una dinámica nueva, nunca fue sencillo, aunque fuera necesario. Todo cambio conlleva en sí mismo un riesgo. Pero frente al riesgo, la realidad del día a día dice que la nueva etapa nunca podrá ser continuista, si es que se trata de crecer.

Si a las cosas se les llama por su nombre, los aficionados pretenden, por ejemplo, que se amplíe los márgenes de independencia del canal; dicho de otra forma, que con sujeto, verbo y predicado cada cosa se cuente tal cual es, sin buscar edulcoraciones que puedan beneficiar en lo particular a unos o a otros, que traten de maquillar la realidad.

Entre otros muchos campos, esa pretensión no resulta alcanzable si quienes salen en pantalla se sitúan a más de un lado de la mesa. Por ejemplo, ¿cómo va a ser independiente un comentarista que simultánea esa labor con la de ser empresario de toros y en plazas que se televisan? Y nada digamos de la mescolanza de información y de intereses en materia de comunicación corporativa. O lo uno o lo otro, el mix anula la independencia de criterio, y además se nota de lejos.

Pero debe reconocerse que esa tan deseada independencia no resulta empresarialmente fácil y, sobre todo, cómoda. Ningún artista --y los toreros los son-- ve con agrado que su actuación se trasmita en directo y además se les critique. Todos los que tienen fuerza para ello pretenden eso tan taurino de que los tapen cuando las cosas no ruedan bien. Sin embargo, quien gestiona el canal de modo necesario tienen que sentarse a negociar con ellos, pese a que se produzcan tales desencuentros de intenciones, como ya ocurrió en un pasado reciente.

El problema para la Tauromaquia

Aunque un buen número de taurinos parecen empeñados en que la Tauromaquia resulte algo social e informativamente indefendible, por sus modos y maneras de actuar con medias verdades y demasiada picaresca, la realidad taurina necesita como nunca contar con esa ventana abierta al mundo que hoy supone la televisión. Lo ya dicho: no ya por los dineros, sino por recuperar visibilidad y respetabilidad social, que es el problema crucial.

Todo son buenas voluntades, pero luego las chinas que ponen en el camino no resultan fáciles de sortear. No se puede pretender que se cante aquello que no responde al criterio de la autenticidad, de la integridad del propio espectáculo; eso no es cante, es engaño. La vieja milonga de la crítica constructiva, a la que tanto se aferraron los taurinos en épocas pasadas, ya no se sostiene, entre otras razones porque ahí están las redes sociales para denunciarlo.

Un ejemplo bastante evidente, que no estaría de más estudiar en profundidad. Se puede tener la presunción que ocho corridas consecutivas con el “toro predecible”, como marca la actualidad de hoy, acaban por aburrir a las ovejas, desaniman a cualquiera, le llevan al desistimiento. ¿Se trata de una materia abordable desde el Sector? Se abren demasiadas dudas.

Si el aficionado pide que la televisión de toros le ofrezca ante todo información real, los taurinos tienen que ofertar espectáculos igualmente auténticos. Pero, además, todo ello dentro de unos dineros razonables. Es lógico que cada cual defienda sus dineros; lo que ocurre es que para garantizar el futuro lo que cuenta de verdad es el balance consolidado del Sector, las cuentas parciales acaban por llevar a casi todos a la ruina. En otras palabras: sin viabilidad económica no hay futuro. Y esa viabilidad es cosa de todos.

[1]  “La CNC asume el compromiso de ASM para el futuro. Derechos de imagen: El pleito de ANOET ante Competencia queda en nada”. En: http://www.taurologia.com/articulo.asp?idarticulo=2315&cod_aut=a12dcw21ag6ffd

 

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