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BILBAO: Séptima de las Corridas Generales
Dos momentos estelares, en medio del bostezo
Roca Rey volvió a triunfar en Bilbao.
Una corrida descastada, mal presentada y blanda como los flanes no puede constituir el fundamento que se necesita para que un cartel de campanillas pase a ser a convertirse en una tarde histórica. Los aficionados soñaban con la "errepetición" de la gloria Enrique Ponce en las vísperas. Por más empeño que pusiera el valenciano, que lo puso, los del Puerto lo hacían imposible. Pero en medio de todo el barullo de dos toros lesionados en la lidia, Diego Urdiales por su "palo" inconfundible y señorial y Andrés Roca Rey por el suyo del valor y el temple, dejaron en el ruedo bilbaíno algunos de los momentos más sólidos del abono.
Actualizado 26 agosto 2017  
Redacción   
 El amor eterno de Enrique Ponce y Bilbao
 ¿Y usted con cuál se queda, con el 3º o con el 4º?
 Una corrida muy entretenida; con "victorinos" de más poder, habría sido mucho más
 Llegó Roca Rey y levantó la feria

BILBAO. Séptima de las Corridas Generales. Tres cuartos de entrada. Toros de Puerto de San Lorenzo (Moisés Fraile), de deficiente  presentación, blandos y de poco juego, salvo 2º y 6º; se inutilizaron durante la lidia 3º y 4º.  Enrique Ponce (de azul marino y oro), ovación y ovación. Diego Urdiales (de verde esperanza y oro), una oreja y silencio. Andrés Roca Rey (de grana y oro), silencio y una oreja.

Al romper el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria del matador de toros Dámaso González, fallecido en la pasada madrugada. Antes que se diera suelta al 1º de la tarde, por su triunfo del pasado jueves tuvo que saludar desde el tercio Enrique Ponce, compartiendo ese momento con sus compañeros de terna.

Tanto esperar a este sábado --revaluado por éxitos anteriores-- para que luego diera tan poco de sí. Pero a continuación debe escribirse que la decepción primera y la mayor resultó ser la deslucida corrida de Puerto de San Lorenzo. Moisés Fraile ha vivido esta tarde algo habitual en el toreo: de ser la corrida más completa en 2016 a este fiasco. Pero así es esto, hoy en la cumbre, mañana en un pozo. Sin embargo, a ello se expuso el criador cuando embarcó esta corrida en el Puerto de la Calderilla que no daba los mínimos necesarios. Todos demasiados recogidos de pitones, de presencia menos que justita y desigual en tipo, muy por debajo de los mínimos. Y para colmo de males, dos –3º y 4º-- se inutilizaron durante la lidia. Idéntica lesión ambos; como para hacérselo mirar.

Su muy escasa fortaleza impedía que desarrollaran lo que pudieran llevar dentro, si es que lo llevaban, con tanto derrumbarse cada dos por tres. Dentro de las limitaciones generales, demostró mejores condiciones el que hizo 2º, que humillaba más y cogía los engaños; para asombro de algunos, pese a lo mal que se llevó la lidia del 6º, respondió cuando Roca Rey lo tomaba por abajo. 

Los aficionados querían apostar porque Enrique Ponce reeditara su tarde anterior; el torero, también. Los del Puerto rompieron la baraja y hasta el tapete. El que abrió la tarde, blando y de poca humillación, tanto sólo permitió al valenciano dejar unos apuntes con el capote. Templadísimo con la muleta, sin molestarle nunca, trató hasta con mimo, con muletazos que más parecían una caricia, de enseñarle el camino para que embistiera. Otro tanto volvió a repetir con el que hizo 4º. Pero no lo consiguieron aprender, ni al menos en lo más elemental, no era alumnos precisamente aventajados. Y además perezosos: la escena del 4º echándose a mitad de faena resultaba patética.

Señorial, con categoría, el toreo de Diego Urdiales

Con las reses lesionadas, en la práctica Diego Urdiales lidió un toro y mató dos, al igual que su compañero Roca Rey. El riojano, tan escaso de material, pudo dejar claro que pocos toreros circulan hoy por las plazas con tanta autenticidad, con tanta hondura, con tanta pureza en la interpretación del toreo. Ni manda en esto, ni probablemente lo hará nunca, porque los empresarios no están por darle cuartel. Pero da igual: Urdiales es de los toreros que de verdad justifican el peregrinar de aficionados de un lado para otro cuando se le anuncia en los carteles. Constituye un verdadero relajo para el espíritu, en medio de tantísima mediocridad.  Este sábado dejó momentos verdaderamente señoriales. Y lo que es aún más raro: en los que los muletazos se trazaban con la mismísima panza del engaño. Solo por eso, con el aditamento de un buen espadazo, cortó una de las orejas más de ley en este abono.

Lesionado el torero en un pie por el toro inutilizado, que le había tocado como 3º,  frente al 6º justificó Roca Rey porque ocupa el lugar al que se ha encaramado en tan poco tiempo. En medio del inicial barullo que provocó la salida del disminuido animal, con una infiltración en el pie dejó media docena de lances excelente, con el riesgo de pasar desapercibidos, cuando eran de olés profundos. Luego la lidia volvió al barullo, en el que casi nada salía según lo establecido; por pasar, hasta se partió la vara de picar. Pero cuando se entró en el último tercio, allí estaba sin una duda Roca Rey, dispuesto a meter en la muleta al del Puerto. Su misterio en realidad era claro como la luz: llevarlo siempre muy por abajo y con mucho temple, hasta donde le daba el brazo. Con semejante fundamento construyó, con el concurso tanto de una mano como de la otra, una faena de muy buen trazo, reunida y en los medios. Como la culminó con una gran estocada, suya fue una oreja más que merecida.

Sumidos en la vorágine que provocaban tantas incidencias y tantos elementos fallidos como se dieron en la tarde, a lo mejor alguno no lo advirtiEn medio n loor darle cuartel. Pero ds y tantos elementos fallidos, en el ruedo se pudieron ver dos de las faenas mejor fundamenó en toda su dimensión. Pero en el ruedo bilbaíno quedaron varios de los momentos mejor fundamentados de todo el abono. Los regalaron Urdiales y Roca Rey.

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