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ENSAYOS

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500 años de Tauromaquia en México

XLI. Los aspectos cualitativos y cuantitativos que garantizaron el futuro del toro de lidia

En la segunda mitad del siglo XIX los toros de Anastasio Martín, Miura, Zalduendo, Concha y Sierra, Pablo Romero, Murube y Eduardo Ibarra fueron los primeros toros españoles que llegaron al campo mexicano. La familia Barbabosa, poseedora de Atenco, inicia esa etapa de mezcla entre su ganado criollo adquiriendo un ejemplar de Zalduendo para la reproducción y selección, que fueron entre otras las obligadas tareas de un ganadero de toros bravos. Por una curiosidad, puede decirse que retorna a Atenco el honor de ser la ganadería de toros con el privilegio de poner en práctica el concepto profesional para la crianza y todos sus géneros del toro bravo.


500 años de Tauromaquia en México

XL Bernardo Gaviño: Influencia definitiva durante el siglo XIX

Como en España se mostraron intentos por ajustar la lidia de los toros a aspectos técnicos y reglamentarios más acordes con la realidad, en México este fenómeno va a ocurrir y seña de ello es la aplicación de un reglamento en 1822, y luego en 1851 cuando sólo se pretende formalizar de nuevo la fiesta, pues el reglamento se queda en borrador. Todo ello ocurre bajo un cierto desaire, nada peyorativo, que es lo que va a darle al espectáculo un sello de identificación muy especial, pues la fiesta cae en un estado de anarquía, de desorden, pero como tales, legítimos. De pronto el espectáculo empezó a saturarse de modalidades poco comunes que, al cabo del tiempo se aceptaron en perfecta combinación con el bagaje español. Ese mestizaje se consolidó aun más con la llegada del Bernardo Gaviño.


500 años de Tauromaquia en México

XXXIX. El siglo XIX mexicano: nuevas consideraciones para el toreo, a través de Mariano Picón-Salas

A comienzos de los años 40, Mariano Picón-Salas publicó su gran obra "De la conquista a la independencia, Tres siglos de historia cultural hispanoamericana", en la que ofrece una visión sobre la forma de ser y de pensar que se dio en territorio americano, cuyo encuentro, accidental o no, logró de la cultura en el nuevo continente un escenario de suyo interesante y valioso, por ende sin desperdicio alguno. A través de este trabajo podemos acercarnos al territorio taurino, para comprender ciertas situaciones que definieron lo que han dado en llamar la "fusión" cultural.


500 años de Tauromaquia en México

XXXVIII. El siglo XIX mexicano: Vertientes del Carnaval que influyen en el relajamiento taurino

El carnaval se tornó laico-popular en la transición de la colonia al siglo XIX compartiendo el desequilibrio social y político que se mantuvo durante buena parte de dicho periodo. Todo esto permeó en los toros, aunado al propio sentido del circo que se reafirmó adecuándose en las plazas o el toreo en el circo; y más bien, en el teatro. Fue así como las corridas lograron aquella articulación perfectamente concebida. El relajamiento, pero también un esquema preconcebido de creaciones y recreaciones, hizo posible el cumplimiento de un ciclo persistente.


500 años de Tauromaquia en México

XXXVII. El siglo XIX mexicano. Las mojigangas y otros divertimentos de gran atractivo

Según explica el historiador Coello Ugalde, el conjunto de manifestaciones festivas, producto de la imaginaria popular, o de la incorporación del teatro a la plaza, comúnmente llamadas "mojigangas" --que en un principio fueron una forma de protesta social--, despertaron intensas con el movimiento de emancipación de 1810. Si bien, desde los últimos años del siglo XVIII y los primeros del XIX ya constituían en sí mismas un reflejo de la sociedad y búsqueda por algo que no fuera necesariamente lo cotidiano, se consolidan en el desarrollo del nuevo país, aumentando paulatinamente hasta llegar a formar un abigarrado conjunto de invenciones o recreaciones, que no alcanzaba una tarde para conocerlo.


500 años de Tauromaquia en México

XXXVI. Los primeros 20 años del siglo XIX: entre el reposo y la afirmación del primer nacionalismo.

Los primeros 20 años del siglo XIX mexicano, si bien registran diversas actividades en lo taurino, no se percibe sino un síntoma intermitente que enfrentaba los vaivenes empujados por diversas causas. Ya sabemos que las ideas ilustradas crearon ambientes encontrados, por ejemplo en el arte, ya que el estilo neoclásico se impuso frente al barroco, al que no solo destronó, sino que incluso desplazó, retirándose sinfín de representaciones y tallas que desaparecieron para dar paso a la austeridad. Tal fenómeno se dejó notar sobre todo en espacios religiosos. Por fortuna, una y otra representación llegan hasta nuestros días y se tiene la oportunidad lo mismo de apreciar barroco o manierismo que el neoclásico en todo su esplendor.


500 años de Tauromaquia en México

XXXV. El siglo XIX mexicano (II): Los episodios con el Virrey Marquina

En los comienzos del siglo XIX nos encontramos de pronto con los episodios que protagoniza Félix Berenguer de Marquina, quincuagésimo quinto virrey, un personaje difícil, complicado, y que se ganó, durante su mandato, varios epítetos, pasquines y uno que otro golpe durante sus salidas anónimas, donde personalmente verificaba el cumplimiento de su administración y justicia. Eran tan burdos sus modos que los ciudadanos, persuadidos de su notable y evidente presencia, le hacían protagonistas de lances no menos curiosos.


500 años de Tauromaquia en México

XXXIV. Notas introductorias al siglo XIX mexicano

Durante aquellos los inicios del siglo XIX España sufría el embate de varias nuevas naciones americanas que logran su independencia, desligándose del control político y económico que impuso la corona en similar número de colonias durante tres siglos. Todo esto creaba en América un nuevo espíritu de libertad y pensamiento bajo un deseo de emancipación que permitió el desarrollo de destinos en sus más diversas variedades de carácter político, social y económico. México no fue la excepción; la Tauromaquia y su desarrollo y evolución en las tierras mexicanas, tampoco.


500 años de Tauromaquia en México

XXXIII. Conclusiones y algunas recomendaciones con obras históricas

A modo de conclusión de lo hasta ahora abordado en su ensayo "500 años de Tauromaquia en México", José F. Coello Ugalde trae a colación el papel de jugó el español Tomás Venegas "El Gachupín Toreador", que dio el soporte técnico a los toreros de a pie, con el cual los diestros mexicanos entendieron perfectamente su papel en la tauromaquia a fines del siglo XVIII y principios del XIX. Aporta también el historiador distintas fuentes documentales para acercarse con mayor amplitud a los temas abordados en su trabajo.


500 años de Tauromaquia en México

XXXII. Al finalizar el siglo XVIII, estado de cosas respecto al toro de lidia

En esta nueva entrega del ensayo "500 años de Tauromaquia en México", el historiador José F. Coello Ugalde se refiere a un conjunto de nuevos datos, a partir de viejas historias, que nos remiten ya no tanto al origen, sino al desarrollo mismo de la hacienda ganadera con fines y usos destinados a la plaza de toros todavía durante la colonia, pero que alcanzará sus mejores momentos, como inicio de ese sentido profesional que se atribuye, a partir del año de 1887.


500 años de Tauromaquia en México

XXXI. El siglo XVIII, siglo de "las luces": Notas al biombo "Alegoría de la Nueva España"

"Alegoría de la Nueva España" es el nombre con el que se bautizó un biombo de autor anónimo, hoy propiedad del Banco Nacional de México. Esta obra, pintada al oleo sobre tela, fragmentada en diez hojas iguales, representa las fiestas con que se celebraron como recepción del virrey don Francisco Fernández de la Cueva Enríquez, Duque de Alburquerque, en 1702 en el fantástico bosque de Chapultepec. El autor demuestra ser un agudo observador, cuya mirada captó muy de cerca un episodio taurino ambientado con los usos y costumbres de la Nueva España del siglo XVIII.


500 años de Tauromaquia en México

XXX. El Siglo XVIII, siglo de "las luces": Por lo campos de México

La forma de ser y de vivir del mexicano, del criollo que ya se identifica plenamente en el teatro de la vida cotidiana del siglo de las luces, trasciende a toda la actividad taurina, como se refleja .UN buen relejo de esta realidad se encuentra en la obra "Rusticatio Mexicana", de Rafael Landívar S.J. Un especial interés tiene a este respecto su Libro XV, donde se recoge una amplia referencia a las fiestas taurinas; pero también Libro X: "Los ganados mayores" se apunta la vida del toro bravo en el campo.


500 años de Tauromaquia en México

XXIX. El Siglo XVIII, siglo de "las luces": la "reacción criollista"

Frente a la "reacción castiza" a la orientación taurina que toman muchos ilustrado, en México se levanta la "reacción criollista". Como bien explica en esta entrega el historia José Francisco Coello Ugalde, frente las diatribas que llegan desde España"sirven para mover al criollo a su natural malestar y a preparar respuestas que comprueben no sólo igualdad sino un hondo deseo de mostrar toda su superioridad, lo cual le permite descubrirse a sí mismo".


500 años de Tauromaquia en México

XXVII y XXVIII. El Siglo XVIII, siglo de "las luces".

En el apasionado siglo XVIII de España, se consolida la quiebra dl toreo a la jineta, como base esencial de la Tauromaquia, para dar paso al nuevo modo de torear matando los toros de un modo rudimentario, con arpones y estoques de hoja ancha, y toreando al animal con capas y manteos. Mientras para los ilustrados esas mismas corridas van a ser signo de una sangrienta y bárbara diversión que sólo podía agradar a aquellos que se oponían al progreso y a la civilización, será el pueblo que implante un nuevo concepto para la Fiesta. El historiador José F. Coello Ugalde documenta todas estas cuestiones en esta nueva entrega de su trabajo sobre 500 años de la Tauromaquia en México.


500 años de Tauromaquia en México

XXVI. Caballeros protagonistas y otros personajes.

El siglo XVII es, desde el punto de vista del historiador José F. Coello Ugalde, el espacio temporal en el que se consolida una primera y esplendorosa tauromaquia que operó bajo el control de grupos de poder representados por la nobleza novohispana, visible en los espacios urbanos y donde motivos de diversa índole sirvieron para poner en marcha representaciones espectaculares que diversas "relaciones de sucesos" nos detallan en verso o en prosa, intentando igualar lo majestuoso de aquellas puestas en escena.


500 años de Tauromaquia en México

XXV. Grandes conmemoraciones taurinas novohispanas: La recepción del Virrey del Duque de Escalon

Siguiendo con la descripción de las grandes conmemoraciones taurinas novohispana, ya esbozadas en capítulos anteriores, el historiador José F. Coello Ugalde aborda en esta nueva entrega los fastos que rodearon a la recepción tributada al décimo séptimo virrey de la Nueva España, el Duque de Escalona y Marques de Villena, en la que se incluyeron "comedias, mitotes, saraos, máscara, castillo, arco triunfal y ocho toros…". Entre los muchos trabajos que se realizaron figura la "Comedia de San Francisco de Borja", de Matías de Bocanegra, donde describen notas sobre aquella gran ostentación, gasto y lujo que se desarrollaron en las mencionadas fiestas.


500 años de Tauromaquia en México (XXIII y XXIV)

XXIII y XXIV. Grandes conmemoraciones taurinas novohispanas en 1640

En estos dos capítulos, el historiador José F. Coello Ugalde aborda el estudio la que hasta hoy era una "relación de fiestas" que se consideraba como perdida. Se trata de la obra de doña María de Estrada Medinilla y que presento, tanto en su versión original como modernizada, acompañada del aparato crítico pertinente. Un trabajo realizado sobre el facsimil del documento, gracias a la gentileza de los maestros Dalmacio Rodríguez Hernández y Dalia Hernández Reyes, quienes pertenecen al Seminario de cultura literaria novohispana que acoge el Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la Universidad Nacional Autónoma de México, y con la colaboración de Carmen Eugenia Reyes Ruiz en la elaboración del estudio crítico.


500 años de Tauromaquia en México

XXII. De retorno por la ruta del toro en Nueva España

En el desarrollo de la ganadería brava en México, el historiador Coello Ugalde estima que "durante el virreinato, Atenco gozó de enorme importancia debido a sus amplias extensiones, desarrollándose una gran explotación de sus recursos agrícolas y ganaderos, gracias a la mano de obra movidos por los ingresos que provenían de las propias carnicerías de la hacienda, que realizaban gran venta de carne de los propios ganados".


500 años de Tauromaquia en México

XXI. El Paseo del Pendón

A raíz de la entrada de los españoles en la Ciudad de México, el 13 de agosto de 1521, festividad de San Hipólito, la fecha se convirtió en un referente conmemorativo, que se mantuvo hasta 1812. En aquellos fastos no podía faltar nunca las corridas de toros. Y entre otros actos tuvo un gran relieve el Paseo del Pendón que se utilizó durante muchos años durante el virreinato. Esta ceremonia del Paseo del Pendón se verificaba también en otras ciudades de las Indias, y señaladamente en Lima, donde tenía lugar el día de la Epifanía. Pero en México adquiere sus propias señas de identidad.


500 años de Tauromaquia en México

XX. Grandeza mexicana de Bernardo de Balbuena, el arranque majestuoso del siglo XVII

A lo largo del silgo XVII, según documenta el historiador José Francisco Coello Ugalde, en México florecen una amplia diversidad de festejos taurinos, que a su vez dieron un gran realce al desarrollo literario que describía con intensidad aquellas conmemoraciones. Y así Mateo Alemán escribe uno de los relatos más importantes del Siglo de Oro: "Aventura del Pícaro Guzmán de Alfarache". Pero sobre todo destaca la figura de Bernardo de Balbuena con su obra "Grandeza mexicana", cuyo barroquismo no es complicación de conceptos, como en los castellanos, ni complicación de imágenes, sino profusión de adorno, con estructura clara del concepto y la imagen, como en los altares barrocos de las iglesias de México.


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