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En los años de la guerra civil
Sevilla: Tres años sin Feria pero... con toros
La Guerra Civil cortó entre 1937 --pese a que se realizó su cartel anunciador-- y 1939 la Feria de Sevilla, que aún se celebraba en el Prado de San Sebastián, pero no interrumpió la actividad taurina. La alternativa de Manolete marcó en lo taurino el final de la Guerra Civil. Se iniciaba un nuevo tiempo en la historia de España; también en la del toreo. Había llegado la hora de Manolete. Estos trazos de la historia, muy buen matizados, los ha rememorado Álvaro R. del Moral en las ediciones de "El Correo de Andalucía".
Actualizado 21 abril 2020  
  
 

Fuentes Bejarano otorga la alternativa a Pascual Márquez el día del
Corpus. Las tablas de la plaza aparecen pintadas con la bandera nacional.


I. La alternativa de Pascual Márquez y los festivales patrióticos


La Guerra Civil cortó entre 1937 y 1939 la fiesta que aún se celebraba en el
Prado de San Sebastián pero no interrumpió la actividad taurina.

E
ntre 1937 y 1939 no hubo Feria de Abril. Tampoco la habrá en 2020. En aquel trienio trágico fue la Guerra Civil la responsable de dejar sin fiesta el Prado de San Sebastián. En esta ocasión, lo saben de sobra, es el nefasto coronavirus que ha llegado para quedarse demasiado tiempo pulverizando cualquier esquina de la vida cotidiana. Pero hay algunas diferencias entre ambos momentos históricos: la vertiginosa evolución del alzamiento militar el 18 de julio de 1936 y el audaz golpe de mano de Queipo de Llano redujeron el conflicto a un combate tan cruento y sanguinario como fugaz. El fantasma del frente quedaba alejado de la ciudad. No hubo feria pero sí hubo toros en aquellos años, adobados de la peculiar envoltura estética del bando ganador. En 2020 tendremos que esperar hasta septiembre...

 

El golpe del 18 de julio del 36 ya se había convertido en un conflicto abierto, una guerra total, que había dibujado un frente nítido que dejó a Sevilla dentro de la llamada zona nacional. Y el comienzo de la temporada taurina de 1937 fue inusualmente temprano, el 14 de febrero, primer domingo de Cuaresma y sólo una semana después de la toma de Málaga por parte de las tropas del duque de Sevilla. Se trató de una de esas corridas patrióticas organizada en homenaje a Falange Española a la que le quedaba muy poco tiempo antes de unificarse con el Requeté. El cartel, de carácter mixto, lo encabezó Juan Belmonte en papel de rejoneador y se completó con los matadores Antonio Márquez –primer suegro de Curro Romero-, Marcial Lalanda –fue la última vez que toreó en la plaza de la Maestranza-, Pepe Amorós y Domingo Ortega además de los novilleros Pascual Márquez, Gallito –sobrino de Joselito-, José Ignacio Sánchez Mejías –hijo de Ignacio- y Juanito Belmonte, el hijo natural del Pasmo de Triana. El ambiente triunfal y el exacerbado fervor patriótico se retrata, de alguna manera, en el resultado del festejo: Amorós y Domingo Ortega se llevaron un rabo...

 

La temporada se reanudaría el 28 de marzo, domingo de Resurrección, con una novillada del mismísimo Juan Belmonte que fue despachada por Céster, Torerito de Triana y Pascual Márquez, convertido en un indiscutible ídolo de la afición a raíz de sus volcánicos triunfos de la temporada de 1935 en la que llegó a sumar un total de 16 orejas, un rabo y una pata en las ocho novilladas toreadas en Sevilla. Sólo hubo un único vestigio taurino cercano a las tradicionales fechas de la Feria de Abril: la novillada organizada el día 18 de ese mismo mes. Gitanillo de Camas –tío abuelo de Oliva Soto-, Torerito de Triana, el ya famoso Pascual Márquez y el Niño de la Bética hicieron el paseo para tumbar ocho reses de Carmen de Federico. Pocos días después, el 24, Pascual Marquez se encerró con seis novillos de Joaquín Murube Turmo para despedirse del escalafón cosechando un resonante triunfo que se tradujo en el corte de cuatro orejas y un rabo. La alternativa estaba a las puertas....

 

El 6 de mayo se organizó una nueva corrida de toros que en esta ocasión tenía como beneficiaria la Sección Femenina de Falange. El envío de Carmen de Federico se completó con un toro de Belmonte y otro de Gamero Cívico que fueron estoqueados por Chicuelo, Antonio Marquez, Manolo Bienvenida y Domingo Ortega. Bienvenida se llevó el gato al agua cortando un nuevo rabo y pegando un considerable baño a sus ilustres colegas. Pero al mejor de la célebre dinastía torera no le quedaba demasiado tiempo...

 

La alternativa del año

 

Hubo que esperar hasta el 27 de mayo –festividad del Corpus Christi- para que la plaza de la Maestranza acogiera una nueva corrida de toros, marcada esta vez con el histórico hierro de Pablo Romero –se tenía que haber lidiado el año anterior en Bilbao- y organizada por el propio Ayuntamiento hispalense a beneficio de “la Infancia Desvalida”. Pero el máximo atractivo del festejo era la alternativa de Pascual Márquez. El bravo torero manriqueño estaba haciendo la guerra con los alzados vistiendo el uniforme de Aviación mientras participaba en un sin fin de festivales patrióticos.

 

El padrino de la ceremonia fue Luis Fuentes Bejarano que le cedió el primer ‘pablorromero’ en presencia de Domingo Ortega, que cortó cuatro orejas. Pascual cortó las dos orejas y el rabo de ese animal pero resultó herido por su segundo. No importaba; ya era matador de toros aunque el panorama bélico no era el mejor caldo de cultivo para promocionar a la nueva figura. La guerra también iba a cambiar muchas cosas en el oficio de torear, alumbrando nuevas astros rutilantes que iban a cambiar el rumbo del toreo. Pascual Márquez, de alguna manera, se vería atrapado en una suerte de generación perdida de la que pugnaba por salir cuando llegó el contrato del 18 de mayo de 1941 en Madrid. ‘Farolero’, de Concha y Sierra, sentenció su vida y su carrera.

 

La fiesta sigue

 

La Sección Femenina iba a ser una vez más la beneficiaria del festival organizado el 13 de junio. El recordado escritor taurino Filiberto Mira, jovencísimo aún, recordaba nítidamente ese festejo en su imprescindible libro ‘Cien años de toreo en Sevilla’. Paquito Casado y Antonio Bienvenida –apenas un quinceañero, que cortó un rabo- torearon ese día de San Antonio en el que rejoneó el veterano Eugenio Luque y también Pedro Luis Algabeño. A pie desfilaron los aficionados Pepe Cova, Alfredo Álvarez Pickman, Jaime Coquilla y el célebre Manolo Vázquez ‘Pechohierro’, uno de los personajes más inconfundibles de la Sevilla posterior a la guerra. Como curiosidad hay que advertir que Pepe y Manolo Bienvenida, que resultó cogido, banderillearon a todos los astados.

 

Y hablando de los Bienvenida, fueron los protagonistas absolutos del festejo mixto organizado el 11 de julio, esta vez a beneficio de la reconstrucción del mítico acorazado ‘España’, hundido el 30 de abril en la bahía de Santander por efecto de una mina. Manolo y Pepe, matadores, estoquearon cuatro toros de García Mateo mientras que Antonio, jovencísimo novillero aún, se enfrentó a sendos utreros de Belmonte. Y fue el más joven, precisamente, el que acabaría cortando los máximos trofeos en aquel segundo año “triunfal”. Prácticamente sin solución de continuidad, el día 18 de julio –primer aniversario del alzamiento- se celebró la última novillada picada de aquel año enfrentando mano a mano a los ilustres vástagos José Ignacio Sánchez Mejías y Juanito Belmonte con un envío de Joaquín Murube.

 

Hubo que esperar hasta las vísperas de la Virgen, en la noche del 14 de agosto, para recuperar ese guión taurino con un nuevo festival organizado esta vez a beneficio de la II Bandera de Falange Española. Chicuelo, el Niño de la Palma y Cagancho tumbaron seis ‘villamartas’. Pero hubo otros festejos nocturnos para becerristas –rememora Mira en su libro- en los que se compaginaba el toreo con recitales de ópera flamenca. Por ellos desfilaron el mismísimo Pepe Luis Vázquez, Paquito Casado, El Yoni y Vicente Vega. Los dos últimos, por cierto, se quedaron a oscuras en uno de esos bolos al tener que apagar la plaza por completo a causa de un bombardeo de la aviación republicana. En el apartado musical se anunciaban artistas como Antonio Salas, “el de la Voz de Oro”, rezaba el cartel, o Rafaelillo de Madrid, “insuperable en los cantes modernos”. No faltaba una rifa que incluía una caja de vino ‘Jandilla’ de la casa Pedro Domecq y hasta un jamón serrano.

 

La Maestranza acogió un peculiar festejo para tomar imágenes taurinas para la película ‘Carmen la de Triana’ que Imperio Argentina estaba rodando en Alemania.

 

El 7 de octubre se escribió otro capítulo de esa temporada discontinua: el coso maestrante abrió sus puertas para un nuevo festival que esta vez tenía una motivación menos beligerante. Se trataba de filmar escenas taurinas para la película ‘Carmen la de Triana’, protagonizada por Imperio Argentina y rodada en la Alemania nazi que inspiraría –tantos años después- la muy premiada ‘La niña de tus ojos’ en la que brillaba con luz propia Penélope Cruz. El picador Antonio Díaz Garamendi detentó el papel de rejoneador en un atípico festejo de cuatro reses en el que Fuentes Bejarano se llevó el rabo de rigor.

 

Pero a aquella atípica campaña intermitente -que reflejaba el guión dictado por los alzados- aún le quedaban dos corridas de toros. La primera de ellas, el 17 de octubre, contó con la lidia de seis astados de Miura. Fuentes Bejarano cortó el enésimo rabo de aquel año. El cartel lo completaban Cayetano Ordóñez ‘Niño de la Palma’, que se llevó una oreja, y Domingo Ortega. Pero si la temporada había madrugado también iba a concluir tarde, el 7 de noviembre, con otra corrida de carácter patriótico, “a beneficio de los repatriados” que participó del signo triunfal –en lo taurino- de aquel año singular. Cayetano Ordóñez y Pepe Amorós se fueron de vacío pero el jinete luso Joao Nuncio, que perdió el caballo ‘Numerario’ de un extraño colapso, cortó un rabo. Idéntico premio al que se llevó Manolo Bienvenida, el mejor de su casta. Era su último paseíllo en la plaza de la Maestranza y a la salida de un par de banderillas evidenció que el aire no le llegaba al pecho. El cáncer ya había empezado a horadarle los pulmones. Murió en San Sebastián el 31 de agosto del siguiente año. Aún quedaban dos temporadas en guerra, con toros, uniformes, la parafernalia de los vencedores y sin feria.

 


 


II. Manolete y Pepe Luis debutan como novilleros

 

La Guerra Civil se adentraba en el llamado “Tercer Año Triunfal” sin que la plaza
de la Maestranza interrumpiera su actividad, adobada de la estética de los alzados.

 

La campaña taurina del ‘Tercer Año Triunfal’ comenzó el 17 de abril. Fue el Domingo de Resurrección que había puesto fin a una Semana Santa que trataba de recuperar la normalidad perdida en los años bárbaros: Chicuelo, Victoriano de la Serna y Pascual Márquez, que estrenaba su primera temporada completa como matador, estoquearon un encierro de Juan Belmonte, que en estos años se prodigaba como ganadero. El día 24 llegó el turno de Cagancho, Rafaelillo y, de nuevo, Pascual Márquez para despachar seis ‘villamartas’ a beneficio del Auxilio Social, una de las ramificaciones de la Sección Femenina de Falange

 

El ambiente, recordaba Filiberto Mira en su libro ‘Cien años de toreo en Sevilla’, no se evade de la estética y la parafernalia bélica. Los tendidos son un muestrario de los más variopintos uniformes, con predominancia de las boinas rojas y esas camisas azules –más nuevas que viejas- de la Falange, que había sido unificada el año anterior con la Comunión Tradicionalista –los carlistas- por el famoso y hábil decreto que, en la práctica, ninguneaba a ambas organizaciones. Era la apoteosis del Movimiento Nacional acaudillado por Franco, que había logrado hacerse con la jefatura del nuevo gobierno y del estado emergente en la reunión de generales celebrada el 21 de septiembre de 1936 en la finca salmantina del célebre ganadero Antonio Pérez Tabernero. Los distintos festejos comenzaban brazo en alto y escuchando la Marcha Real a la que seguían himnos como el ‘Cara al Sol’ y el ‘Oriamendi’. Queipo de Llano, reconvertido en rey de taifas y alejado de las primeras órbitas que rodeaban al caudillo, era una presencia habitual en la presidencia de los festejos.

 

La hora de los novilleros

 

Pero la de 1938 fue una temporada basada fundamentalmente en las novilladas. En las tres primeras, organizadas los días 3, 4 y 15 de mayo, desfilan nombres bien conocidos en estos años como Juanito Belmonte, José Ignacio Sánchez Mejías, Calderón o, especialmente el de Torerito de Triana que llega a cortar un rabo ese quince de mayo a un novillo de Carmen de Federico. Pero en ese serial de novilladas hay dos acontecimientos que sobresalen por encima de los demás: fueron la presentación de Manolete en la tarde del 26 de mayo y el debut con picadores de Pepe Luis Vázquez, que además alterna con el futuro Monstruo de Córdoba en la tarde del cinco de junio después de haberse despedido de su etapa de becerrista en la noche del 29 de mayo. Formó un alboroto que le sirvió para firmar tres novilladas picadas seguidas.

 

Mientras tanto, el anterior éxito de Torerito de Triana aceleró su alternativa el día de Corpus, que en aquel “tercer año triunfal” cayó el 16 de junio. Torerito, que se llamaba Pedro Ramírez, se convirtió en matador de toros de manos del valenciano Rafael Ponce ‘Rafaelillo’ –tío abuelo del diestro contemporáneo Enrique Ponce- y en presencia de Pascual Márquez. Ese día, rememora Mira, impactó la valentía del menudo Rafaelillo, que cortó una oreja. La estrella de Torerito, por cierto, acabaría declinando. Llegó a renunciar al doctorado para prodigarse de nuevo como novillero tras la guerra antes de engrosar las filas de plata.

 

Sevilla encuentra su torero

 

El verano se acercaba y continuaba el ciclo de novilladas picadas teniendo como base indiscutible al joven Pepe Luis, que se anuncia varias tardes consecutivas. Hay que subrayar especialmente la del tres de julio. El que acabaría siendo bautizado como ‘Sócrates de San Bernardo’ cortó las dos orejas, el rabo y hasta la pata de un novillo de Benítez Cubero. Sevilla había encontrado su torero. Pero aún le quedaban más triunfos –y hasta una decepción- en aquel año inaugural.

 

El 18 de julio, segundo aniversario del alzamiento del 36, se celebró la correspondiente corrida de toros. El rejoneador portugués Joao Nuncio –que se llevó un rabo- encabezó un paseíllo en el que formaban a pie los diestros Luis Fuentes Bejarano, Domingo Ortega –cortó un trofeo de cada uno de sus toros de Murube- y Pascual Márquez, que empezaba a alejarse de sus glorias novilleriles. En aquel festejo, rodeado de toda la fanfarria triunfal, se hizo entrega a Nuncio de un caballo donado por Ignacio Vázquez de Pablo que venía a suplir al que había perdido en la temporada anterior. Fue el mismísimo Queipo el que ofició la entrega del equino a Nuncio, que destinó a fines benéficos la cuestación que se había abierto para costear el jaco. Cinco días después, el 23 de julio, se celebró un festival taurino organizado a beneficio del Montepío de Toreros. Belmonte rejoneó un novillo. Y a pie actuaron Fuentes Bejarano, Niño de la Palma, Domingo Ortega, Venturita, Pascual Márquez y Torerito de Triana.

 

Continúan los festejos menores

 

Pero el guión de la temporada, ya lo hemos dicho, estuvo dictado por los novilleros. Aún quedaba una larga lista de festejos menores, hasta nueve, desde el día de la Virgen hasta bien entrado el otoño. En medio, el día 29 de septiembre, se había organizado una corrida con motivo de la tradicional festividad de San Miguel que sirvió para que Juanito Belmonte se presentara como matador en la plaza de la Maestranza después de haber tomado la alternativa algunos días antes –el 12 de septiembre- en Salamanca. El hijo natural del Pasmo de Triana cortó una oreja de los ‘murubes’ de Carmen de Federico junto a Domingo Ortega y Rafaelillo, que se fueron de vacío.

 

En los carteles de las noilladas siguen desfilando los nombres habituales: Juanito Belmonte, Manolo Martín Vázquez, José Ignacio Sánchez Mejías, Rafael Gallito, Calderón, Moreno de Alcalá... La del 15 de agosto no fue la mejor tarde de Pepe Luis que volvería por sus fueros en la novillada celebrada el 9 de octubre, que merece atención aparte. Manolete se llevó tres orejas de los novillos de Villamarta anunciados pero el de San Bernardo le replicó cortando un rabo.

 

Pero aún quedaban novilladas hasta alcanzar la tardía fecha del 6 de noviembre con un festejo organizado a beneficio de la Cruz Roja del frente. Se reunió un variado combo ganadero que incluía un ejemplar sendos ejemplares de Joaquín Murube, Félix Moreno, Concha y Sierra, Moreno Santamaría, Villamarta y Conde de la Corte. En el cartel figuraban Gallito, José Ignacio Sánchez Mejías, que cortó cuatro orejas y Pepe Luis, que les echó la pata por lo alto cortando una ídem del sexto. Mira recoge la intrahistoria de aquel festejo que cerraba la campaña. Gallito, que era sobrino de Joselito y Rafael, realizó un quite a ese sexto. Formó un lío en tres verónicas pero el novillo le pisó el engaño en el remate. Perdido el capote, Rafael Gallito remató el quite con la mímica de sus brazos, esbozando el lance al aire... Se formó un alboroto. Quedaban cinco meses de guerra y la temporada del llamado ‘Año de la Victoria’ que iba a marcar también un radical antes y después en la historia del toreo..

 

 


III: El toreo inicia un nuevo rumbo

 

La alternativa de Manolete marcó en lo taurino el final de la Guerra Civil.
Se iniciaba un nuevo tiempo en la historia de España; también en la del toreo.

 

El año 1939 no pudo amanecer más temprano en lo taurino. El Ateneo organizó un festival invernal el mismísimo día de año nuevo reuniendo al rejoneador Pedro Luis Algabeño y a los novilleros Gallito, José Ignacio Sánchez Mejías, Pepe Luis Vázquez, El Yoni, Manolo Martín Vázquez y El Ferroviario. La contienda apuraba sus últimos capítulos aguardando el definitivo derrumbe de los pocos reductos leales a la República. La Guerra Civil estaba sentenciada y el 1 de abril se leyó el último parte de guerra. Con el ejército rojo “cautivo y desarmado” se abría una nueva etapa en la vida de España que, siguiendo la máxima orteguiana, se puede describir perfectamente siguiendo la estela de las corridas de toros. El día 9 del mismo mes, Domingo de Resurrección, se alzaba el telón de la nueva temporada, la última sin Feria de Abril. Cagancho, Pepe Bienvenida –que cortó un rabo- y Pascual Márquez se enfrentaron a un encierro de Escudero Calvo, los actuales ‘victorinos’, en medio de un desbordado fervor patriótico adobado de la parafernalia propia de los vencedores.

 

El primero de abril de 1939 se leyó el último parte de la Guerra Civil. Atrás habían quedado casi tres años de dura contienda.

 

Sólo una semana más tarde –el día 16- llegaría el Desfile de la Victoria, presidido por el mismísimo Caudillo desde una tribuna instalada en La Palmera. Por la tarde iba a ocupar el Palco del Príncipe en el coso maestrante. El festejo estaba organizado en homenaje a las Fuerzas Armadas y había juntado en el mismo cartel los nombres de Chicuelo, Pascual Márquez y Juanito Belmonte para estoquear seis ‘murubes’ de Carmen de Federico. Hay que anotar que en ese festejo resultó herido el célebre subalterno Alfredo David.

 

Y el día 19, siguiendo la tónica de esos años, se celebraba la primera de las quince novilladas picadas que marcaron –con excelente nivel- la columna vertebral de la temporada. La nómina de novilleros no difiere demasiado de la de las campañas inmediatas. Hablamos de Gallito, Sánchez Mejías –ambos llegan a enfrentarse mano a mano con un novillada de Villamarta el día 2 de mayo- Pepe Luis, El Yoni, Calderón, Juanito Doblado, Martín Vázquez, Paquito Casado... También Manolete. El ‘Monstruo’ cordobés torea sus últimos festejos menores en la plaza de la Maestranza: el día 14 de mayo alternó con Revertito y El Yoni para despachar seis de Buendía. Cortó dos orejas. La última, el día 21 y con los ‘santacolomas de Felipe Bartolomé, hizo el paseíllo con su primo Fernando Saco ‘Cantimplas’ y Manolo Martín Vázquez. Pero hay que anotar otros éxitos, como las tres orejas y un rabo obtenidos por un torero olvidado, el novillero baturro Luis Mata, que tocó la gloria con los dedos en la tarde del 23 de abril. En el anecdotario de esa tarde hay que reseñar que El Yoni, grandioso capotero, llegó a salir a hombros a pesar de escuchar los tres avisos.

 

Pero antes de retomar el hilo de las corridas de toros –sólo fueron cinco- celebradas en aquel ‘Año de la victoria’ hay que recordar el festival que tuvo lugar el 4 de junio a beneficio del torero Pepe Brageli, mutilado de guerra. En el cartel, con reses de distintas ganaderías del campo bravo sevillano, figuraba el recurrente rejoneador Pedro Luis Algabeño además de los diestros Chicuelo, Fuente Bejarano, Perlacia, Pepe Bienvenida y Pepe Gallardo. El día 8 de junio –festividad del Corpus- se celebró una nueva corrida de toros en la que triunfó por todo lo alto Gitanillo de Triana, que cortó un rabo de un toro de Escudero Calvo en presencia de Fuentes Bejarano y Juanito Belmonte. Dos novilladas más iban a prologar el verdadero acontecimiento taurino de 1939 en la plaza de la Maestanza: la alternativa de Manolete...

 

Un cambio de época

 

Los periodistas sevillanos habían organizado uno de esos clásicos festejos para su beneficio que, sin saberlo, estaba destinado a pasar a la historia. La antigua fotografía congela la efeméride: Manuel Jiménez ‘Chicuelo’ cede la espada y la muleta a un espigado mozo cordobés y a plaza llena. Los cañones sólo llevan tres meses mudos. Ya había comenzado la larga posguerra pero en esa imagen sepia también se amarra un nudo fundamental en el hilo del toreo moderno: moría un tiempo y nacía otro sin dejar de seguir el mismo hilo.

 

El festejo se resolvió de manera apoteósica. Chicuelo -a la postre el máximo triunfador de toda la tarde-, Gitanillo de Triana y el propio Manolete -que vestía un precioso terno heliotropo y oro de la sastrería sevillana de Manfredi- se repartieron seis orejas y un rabo. Se lidió un encierro de Clemente Tassara que había viajado desde los cerrados de Barbacena, en los campos de Aznalcóllar. El testimonio de Delavega, crítico taurino de El Correo de Andalucía, nos sirve para ubicar el momento: “Una alternativa lucida. Un toro de alternativa bien toreado con un toreo sobrio, seco, valiente”. Era el doctorado de uno de los toreros más grandes de todos los tiempos, de un matador destinado a marcar época fuera y dentro de los ruedos.

 

De ‘Comunista’ a ‘Mirador’...

 

La corrida no estuvo exenta de anécdotas previas y posteriores, trufadas del ambiente pos bélico que se respiraba en un país en el que aún retumbaba el eco de los fusiles. El toro escogido para la ceremonia tuvo que ser rebautizado a prisa y corriendo como ‘Mirador’. En el herradero se le había puesto ‘Comunista’ y, obviamente, el momento político no era el más propicio para mantenerle el nombre. Como colofón al triunfal doctorado, un grupo de aficionados organizó un homenaje a Manolete en la Venta Marcelino. La nota más curiosa de este banquete queda recogida en la edición de El Correo del 4 de julio de 1939 señalando que se sirvió “Champang que se cría en Jerez y no en Francia” de la casa Pedro Domecq. Cosas de la autarquía: el horno no andaba para muchos bollos en la España arrasada de 1939.

 

Manolete aún volvería a torear otra corrida en Sevilla en 1939, a los pocos días de su alternativa. Fue el 18 de julio, conmemoración del Alzamiento, y organizada a beneficio de la restauración del santuario despanzurrado de la Virgen de la Cabeza. El futuro califa alternó en esa ocasión con el Niño de la Palma y Pepe Bienvenida. Por delante rejoneó un toro Mascarenhas. Sólo unos meses más tarde volvería a estar anunciado en el coso del Baratillo como diestro base de las tres corridas con las que contó la Feria de Abril de 1940. Iba a ser la primera que se celebraba desde 1936. Manolete derrotó a Domingo Ortega -que nunca se lo perdonó- y se hizo amo y señor del toreo hasta la tragedia irremediable de Linares.

 

Sigue la temporada

 

Pepe Luis, aún novillero, cortó un rabo a un utrero de Ramón Ortega una semana después del doctorado de Manolete. Alternaba con el hijo de Sánchez Mejías –que se prodiga sin descanso- y Juanito Doblado, que cortó dos orejas de un encierro de Ramón Ortega. La tónica de las novilladas, ya lo hemos mencionado, sigue siendo triunfal. Se celebran festejos el día de la Virgen, el 17 de septiembre y el 28, víspera de San Miguel, además de la del primero de octubre, en la que brilla Paquito Cacaso. La última de ellas, celebrada en la tardía fecha del 19 de noviembre, se organizó a beneficio de la Cruz Roja. Hubo ensalada de reses que se antoja limpieza de corrales: uno de Pérez de la Concha, dos de Villamarta, otro de Ramón Ortega, dos de Esteban González y otros dos de Juan Belmonte que además rejoneó en unión de Antonio Cañero. A pie actuaron Manolo Calderón, Martín Vázquez y El Yoni. Se había acabado la temporada; comenzaba la larga posguerra.

 

La transmisión de un legado

 

Había acabado la Guerra; y habían pasado aquellas tres atípicas temporadas sin Feria. Pero se abría un tiempo nuevo. La Guerra Civil iba a cambiar muchas cosas en el país, pero también en el toreo, que había quedado prácticamente en barbecho en los años de la contienda. Pero el esquilme irreparable de muchas de sus ganaderías bravas no logró doblegar esas ganas de ver toros. La conclusión de la contienda implicaba en lo taurino la llegada de una nueva época; una vuelta de tuerca en el lenguaje y la técnica que pondría los cimientos de la arquitectura del toreo moderno. Esa revolución no se podía entender sin ese muchacho cordobés que se había convertido en matador de toros en la plaza de la Real Maestranza, ruedo en el que actuaría con profusión hasta su muerte.

 

No podía ser casual que el genial Chicuelo fuera el encargado de conferir el grado de doctor en Tauromaquia a Manolete. Chicuelo había recogido las aportaciones de Joselito y Belmonte, convirtiéndose en el transmisor de un concepto: el toreo ligado en redondo. Como una esponja, Manolete tomó buena nota de las bases transmitidas por Chicuelo. Estaba naciendo la faena moderna, la posibilidad de imponer un estilo definido, un modo de torear a un mayor número de toros dejando atrás definitivamente los rudimentos de la brega decimonónica que ya habían sido superados –pagando un alto precio de sangre- en los años luminosos de la Edad de Plata. El toreo estaba adoptando su definitiva categoría artística; pero de un arte entendido como vehículo de expresión, no sólo como el conjunto de reglas y rudimentos que pertenecía a la lidia antigua. La alternativa sevillana de Manolete había escenificado la transmisión de esa herencia. La ligazón en redondo de Joselito y el toreo estático y cambiado de Juan Belmonte encontraron, con Chicuelo de catalizador, el eslabón definitivo para encadenar el toreo moderno.

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