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Se consolidó en competencia con otras dos plazas
La tarde inaugural de la Monumental de Barcelona: "Animación grande, plaza llena"
Nos acercamos al siglo de su existencia, ahora que algunos políticos han decidido que la Monumental de Barcelona se corte su simbólica coleta. La inauguró el año 12 Vicente Pastor y el padre de los Bienvenida; cuando la hicieron Monumental en 1914 llamaron a Joselito y Saleri II, con quien el de Gelves mantuvo una corta competencia en ausencia de Belmonte; en este año 11 del siglo XXI pondrán el cierre José Tomas y el catalán Serafín Martín. Atrás queda una historia intensa y rica, sin la que no se puede entender el devenir de la Fiesta desde el siglo XIX a nuestros días, porque constituye uno de sus capítulos esenciales. Pero la esperanza sigue viva: la Fiesta volverá, tiene que hacerlo, a Barcelona.
Actualizado 20 septiembre 2011  
T. Villegas   
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En la edición del 15 de abril de 1914, Gregorio Corrochano escribía un artículo en las páginas de ABC, que concluía de manera rotunda “Este es el tercer coso taurino con que cuenta Barcelona, el pueblo más industrial, más trabajador de España. Tomen nota de ello los que achacan a la fiesta de toros nuestros desastres y nuestra ruina”.

Se refería el cronista a la inauguración de la que entonces se denominó Plaza de El Sport,  proyectada por el arquitecto Manuel J. Paspall, ocupando toda una manzana en el centro de la ciudad. Disponía de seis corrales para alojar otras tantas corridas, diez toriles, una cuadra para 80 caballos, una amplia enfermería, una capilla románica con la Virgen del Carmen, así como unas amplias dependencias auxiliares y para vivienda de quienes allí trabajaban. En su corrida inaugural, celebrada el 12 de abril de 1914,  con toros de Veragua se anunciaron Vicente Pastor, Bienvenida, Martín Vázquez y Torquito.

Aunque a la misma hora en otra plaza de Barcelona, con medio aforo completo, toreaban Regaterin, Manolete y Flores con reses de Guadalest, la nueva plaza se inaugura con “un lleno completo”. Y según se desprende de lo que escribe el cronista de “ABC”, lo más destacado debió de ocurrir en el primero de la tarde, al que “Pastor pasa valiente con la izquierda, dando algunos pases de pecho ceñidísimos”, pero luego “el toro, muy aplomado, hace laboriosa la faena y, aprovechando Vicente en tablas, da una estocada que mata”.  La tarde no fue buena para Bienvenida, que hasta tuvo que banderillear a la media vuelta, mientras que de ”Torquito” se destaca su brevedad y de Martín Vázquez su valentía, sobre todo con el tercero de la tarde.

Para entonces existían ya otras dos importantes plazas en Barcelona: la Plaza de El Torín, más conocida también como plaza de La Barceloneta y construida en 1834 y que se mantuvo en pie hasta 1923,  y la Plaza de las Arenas, situada en la Plaza de España y que se levantó en 1900 y que desarrolló actividades taurinas hasta 1977, para años más tarde reconvertirse en un centro comercial y de ocio.

Pero pronto la nueva Plaza se quedó pequeña, de forma que a los dos años de su inauguración se decidió ampliarla, para que alcanzara hasta las 2.000 localidades de aforo. Esta plaza remodelada recibió ya el nombre de Monumental. Recordemos que en esa época Joselito El Gallo venía promocionando que se construyeran plazas que él denominaba “monumentales”, porque entendía que de esta forma, entre otras cosas, se podría facilitar el acceso a las corridas a un menor coste apara un mayor número de aficionados. En unos casos, la iniciativa resultó un éxito, como es este caso de Barcelona; en Sevilla, en cambio, fue un fracaso.

Como tal  Plaza Monumental fue reinaugurada en la temprana fecha del 27 de febrero de 1916 cuando, con toros de Benjumea, actuaron el propio Joselito junto a Posadas y Saleri II. Mientras se celebraba esta corrida, a la misma hora en la plaza antigua de la Barceloneta se  desarrollaba una novillada, con utreros Anastasio Martín y  Navarro, Baquerito y Calvache en el cartel.

Aunque las tres convivieron durante  10 temporadas --de 1914 a 1923--, esta competencia se decantó desde sus inicios por la Monumental, que  adquirió un gran prestigio, superando a las otras dos. La diferencia radicaba en la categoría de los carteles que ofrecía. De hecho, en muy pocos años pasó a codearse con las dos plazas que entonces más prestigio tenía en España: las de Madrid y Sevilla.

La corrida de reinauguración

En la tarde en la que la ya Plaza Monumental abrió sus puertas por primera vez –“animación grande, plaza llena”--,  según “La Lidia” Joselito realizó “en el primero, difícil por lo manso, hizo una faena inteligente y tirando a asegurar una estocada poco desprendida que hizo doblar”. Más adelante añadía: “En el cuarto empezó a torear bien y entre los aplausos del público siguió muleteando de pie y de rodillas, y mató de dos pinchazos y media estocada”.  Y  añadía  el corresponsal: “Banderilleó de forma superior a los toros segundo y cuarto y escuchó muchas palmas en brega y quites”.

A ojos de hoy, resulta curioso que más espacio dedique el cronista a los compañeros de cartel que al propio Gallito, en especial a  Saleri II, al que dedica casi la mitad de la crónica, aunque Posada fue el único que cortó una oreja.

Más pormenoriza lo ocurrido en esta tarde barcelonesa el corresponsal de ABC, que comienza  diciendo “con buena entrada se inaugura la plaza, en la que han hecho grandes mejoras”, para de seguido entrar en el desarrollo del festejo. En concreto, sobre Joselito escribe:

Gallito empezó la fiesta con un toro manso y pequeño, que huía en cuanto veía el trapo rojo, Joselito lo sujetó como pudo y lo mato de una estocada ladeada; el toro saltó al callejón, donde murió.
En el cuarto banderilleó con sus compañeros, a quienes ofreció los palos. Saleri puso un par al quiebro; Posada, medio, y Joselito, dos excelente.  Después Gallito lleva al bicho a los medios, manda retirar a la gente y empieza una emocionante faena de muleta, dando pases de rodillas y molinetes preciosos. (Ovación y música). Después en la segunda parte, cambia la decoración; larga un pinchazo malo, luego media estocada peor y termina con una estocada que se discute”.

De aquellos años a hoy, la historia ha sido larga y, sobre todo, intensa. La Barcelona taurina se constituyó en uno de los bastiones principales de la Fiesta, posición en la que se mantuvo hasta hace unos pocos años, cuando la gestión empresarial comenzó a decaer. Pero esa etapa, era paso obligado para la afición, como queda reflejado en la biografía de los grandes toreros desde Joselito a nuestros días.

Ahora, casi un siglo después de abrir sus puertas, a la Monumental la han abocado los políticos al cierre, si alguien no lo media, que no es fácil. Pero la Fiesta sigue y seguirá, porque como a finales del siglo  XIX Ricardo de la Vega hace decir a uno de sus personajes de su comedia “¡A los toros!”, que musicaron Chueca y Valverde,  en unos versitos que se hicieron muy populares frente a algunas proposiciones antitaurinas de la época, que también las había:

Es una fiesta española
que viene de prole en prole,
y ni el Gobierno la abole
ni habrá nadie que la abola

Barcelona puede vivir en el mes de septiembre su adiós a la Fiesta

Aún confío que el Tribunal Constitucional falle en contra de la ley abolicionista

La Generalitat aplazará la decisión legal

Esta es ya una causa perdida
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