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Carta abierta al presidente de la Diputación de Madrid
Las Ventas hace 50 años: NO a una nueva plaza; SI a su reforma
La presentación del artículo en las páginas de El Ruedo
Hay que contextualizar el artículo en el leguaje y las circunstancias de su época. Pero hecho tal, resulta muy revelador el contenido de una carta abierta, a través de las páginas de El Ruedo, dirigida al entonces presidente de la Diputación de Madrid, don Carlos González Bueno, por el cronista Rafael Campos de España. A propósito del nuevo contrato que iba a convocarse para el arrendamiento de Las Ventas, venía a denunciar los intereses especulativos que se movían para que se construyera una "nueva plaza de toros monumentalísima", obviamente sobre el suelo que acogía, entonces como ahora, a la Plaza de Madrid, con el fin de darle otro destino urbanístico más rentable para quien lo consiguiera. Se desconoce que efectos concretos tuvo aquel artículo, pero la especulación se paró.
Actualizado 21 agosto 2017  
Redacción   

Aficionado presidente:

Su doble condición de ilustre aficionado y gobernante me mueve a dirigirle esta carta abierta sobre un problema ahora candente para los aficionados de Madrid, que en definitiva son los españoles, porque aunque Madrid sea una hidalga ciudad más de nuestra España,  no podemos olvidar que es la capital del Reino.

Es en nosotros vieja idea dar a todas las cosas de la Fiesta la máxima importancia a nivel de las diversas esferas del pensamiento. Tampoco lo es menos la de procurar que nuestras plazas de toros sean algo más que descuidados edificios donde ss celebra un espectáculo cualquiera. Siempre dijimos que la fiesta de toros es algo consustancial al acontecer español. De ahí por qué en cuantas ocasiones se nos presentan insistimos, machaconamente, en que a los toros se les preste distinguida atención por parte de los Poderes Públicos.

Los avances de toda índole que la sociedad de nuestro tiempo viene experimentando han puesto de manifiesto una nueva vida a los hombres que la integran. España ha dado en todo esto un salto gigantesco. Los toros no son ajenos a la metamorfosis. Una de las circunstancias más caracterizadas de la época ha sido la de revalorizar nuestras cosas, embellecer las ciudades y los pueblos de España y buscar nuevos y mejores cauces al inminente futuro.

Estamos en plena etapa de desarrollo; ello habrá de acostumbrar a los españoles a prescindir de sus “fértiles improvisaciones” y laborar sobre estudiados programas de actuación en cada una de las facetas de la vida nacional. No podemos ni debemos dar saltos en el vacio ni movernos sobre viejos moldes políticos, basados más en la astucia que en los saberes. Tenemos la obligación de actuar sobre bases firmes que abran caminos claros y den cosechas abundantes,

Cuanto antecede se lo digo, querido doctor, no porque crea que usted necesita saberto, pues estoy  plenamente convencido que no sólo lo conoce, sino que en su gestión al frente de la Diputación Provincial lo está poniendo en clarísima y admirable práctica. Sin embargo, quizá algunos sectores de los que conforman el tan bien denominado “planeta de los toros” necesiten ciertas dosis de sentido común junto a certeros “golpes de bisturí”, en los que usted es maestro, para situarlos en la tangible realidad de nuestro crítico momento económico.

Se habla mucho de la coyuntura actual de la Fiesta de toros. Pero no es menos cierto que en todas las épocas se utilizaron desiguales criterios para tratar de definir determinados periodos de la taurina historia.

Los toros no están en decadencia. Padecen los males de la crisis de crecimiento que estamos soportando. Por la economía  de la Fiesta se han deslizado alegrías sin fin. Se desorbitaron muchas cosas tratando de justificarlas con situaciones anexas al cotidiano vivir. Creemos llegado el momento de estabilizar la polñticaca económico-taurina. Pues de seguir asi no cabe duda que en muy corto plazo nos lamentaríamos todos.

La Diputación Provincial, como se sabe, es propietaria de la Plaza de Toros Monumental de Madrid. El contrato de arrendarmiento de la Empresa constructora y explotadora del coso de las Ventas está tocando a su fin. Sobre ello hace algún tiempo que se viene especulando con distintos puntos de vista y diversas intenciones. Pues bien, querido presidente, su tacto político le ha hecho mantenerse en un elegante y discreto silencio en torno a esta coyuntura del próximo fin de la explotación de la plaza por la actual Empresa

No obstante, los comentarios generales, muchos de ellos expuestos a través de los órganos de difusión, han sido y son para todos los gustos. Ultimamente se viene hablando, como cosa debidamente estudiada, de la construcción de una nueva plaza de toros monumentalísima que escape a la órbita de influencia de la Diputación. Esto quizá esté motivado por un legitimo espíritu de defensa, ya que cuando salga a subasta "el nuevo arrendamiento de las Ventas" las posturas se desorbiten movidas por los egoísmos humanos o, si quiere, por esos también definidos por nuestro Caudillo, “demonios familiares”,  que todos los españoles conllevamos. No consideramos necesario insistir sobre esta casuística, pero sí queremos darle nuestra honesta y sincera opinión en torno al problema.

Nada beneficiaría a la Diputación la construcción de otra plaza de toros. Tampoco sería bueno ni para la Fiesta ni para los aficionados. No creemos que sea momento idóneo para tales aventuras. Por el contrario, estimamos sinceramente que una "reforma, en fondo y forma, del actual edificio de nuestra querida plaza" sería lo más adecuado y beneficioso para los intereses comunes que usted, presidente, tan sabiamente defiende.

Siempre se ha dicho, porque es verdad, que la plaza de Madrid es la “primera del mundo”. Sin embargo, cuando se está en “la pista de la carrera de la vida, los motores de nuestras inquietudes deben ser constantes y convenientemente revisado y puestos a punto para pedirles el máximo rendimiento".

Las plazas de toros son, como decíamos, algo más que un recinto de espectáculos; son como “acrópolis” donde se vive intensamente una coyuntura atávica y se conservan, sin que estén pintadas ni esculpidas, las más “hermosas obras de arte” que están másc erca de lo fabuloso que de la realidad. A nadie se le ocurriría guardar una joya preciadísima en sucia caja de cartón. Tampoco conservar vestigios históricos y obras de arte, en descuidados barracones o viejos y vetustos caserones donde toda inmundicia tiene asiento.

Y ya a termino, querido presidente. Decíamos que Madrid, además de una ciudad de las que configuran nuestra nación, es la capital de España. Nuuestra Plaza no tiene el abolengo de la de Ronda, ni la solera de la de Sevilla. Pero sus valores han de ser no sólo empíricos, sino guardados celosamente por piedras angulares que sustenten los arcos de triunfo del mejor galán de los edificios. Nada de hierro, cemento y funcionalidad, pero tampoco tierra, suciedad y... egoísmos, que a nada conducirían.

El emplazamiento del coso de las Ventas es magnífico y fue perfectamente previsto, no caben, pues, “las especulaciones del suelo”. La arquitectura de la Plaza es muy bella y susceptible de superar muy mucho, aumentar prudendalmente su aforo y, en definitiva, convertirla, sin discusión, no sólo en la “primera”, sino en la mejor plaza toros del mundo.

Doctor González Bueno: medite, pues todas estas circunstancias y con su política limpia y práctica, busque  la fórmula --estimo tiene al alcance de su mano-- para que la economía de la Fiesta no se resienta; las arcas de la Diputación vean aumentados sus ingresos; los lobos de la aventura y… “después de mí el diluvio”, dejen de merodear “tras una fecha”..., y Madrid pueda estrenar el próximo San Isidro ese “museo” que ha tiempo reclamamos, donde se guarde y exhiba lo que una raza hidalga es capaz de hacer, con la sonrisa a flor de labios, teniendo por bandera la Caridad y por mástil, ¡anhelos de águila imperial!

Sinceramente suyo,
Rafael Campos de España

© El Ruedo, nº 1211 – 5 de  Septiembre de 1967

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